viernes, 23 de diciembre de 2011

El sabor de las pepitas de manzana. Katharina Hagena

Título original: Der Geschmack von Apfekernen.
Traducción: Ana Kosutic.
Autor: Katharina Hagena.
Editorial: Ediciones Maeva.
ISBN:  978-84-15120-24-7
Páginas: 224.



La memoria no nos serviría de nada si fuera rigurosamente fiel (Paul Valery)



El sabor de las pepitas de manzana, subtitulada “una casa heredada, un árbol y muchos recuerdos” es la primera novela de la autora germana Katharina Hagena. El propio subtitulo es toda una declaración programática de intenciones y nos hace un resumen fundamental de lo que trata la novela. Dadas las opiniones positivas de amigos y conocidos y teniendo en cuenta la campaña de marketing, por parte de la editorial, decidí adentrarme en sus páginas. La verdad es que, como adelanto a mi reseña, diré que me ha decepcionado bastante por los motivos que más adelante analizaré con más detalle.


Como es habitual vamos a hacer una breve sinopsis para situarnos en el argumento del que trata la novela. En esta ocasión voy a citar las palabras de la propia autora que hace un breve resumen del argumento:


Tras la muerte de Bertha, sus tres hijas –Inga, Harriet y Christa– y su nieta Iris, se reencuentran para leer su testamento. Para sorpresa de todas, Iris es la heredera única de la casa y debe decidir en pocos días qué hacer con ella. Como primer paso, comienza por poner orden en las pertenencias de su abuela.

A medida que va redescubriendo las habitaciones y los rincones del maravilloso jardín que rodea a la casa, Iris reconstruye la historia, tierna y amarga como el sabor de las pepitas de manzana, de tres generaciones de mujeres: su abuela Bertha, que perdió la memoria tras caerse del manzano del jardín; su madre Christa, quien se trasladó al sur del país cuando se casó, manteniéndose alejada de su familia; su tía Inga, la más bella de las tres hermanas, fotógrafa de profesión, que se ha recorrido el mundo, y Harriet, la menor, a quien la muerte de una hija cambió para siempre. Iris descubre secretos
familiares y busca respuestas a los enigmas de su pasado.

¿Quiénes fueron los grandes amores de sus tías? ¿Qué secreto guardaba su excéntrica abuela? ¿Y qué ocurrió realmente en la noche del accidente de su prima?”


Al leer el sabor de las pepitas de manzana, recordaba otra novela que está muy en boga en la actualidad, “El jardín olvidado” de Kate Morton. Una historia de una familia, una casa, secretos de familia, etc… Aunque indudablemente la calidad literaria y el andamiaje que sustenta la novela es muy superior en el libro de la autora australiana que en esta novela. Esto no quita que sean destacables algunos aciertos. La novela está escrita en un ritmo muy pausado, una novela que intenta ser introspectiva y con una prosa que en algunos momentos brilla con una notable belleza poética. Aunque la traducción me ha resultado un tanto extraña y forzada en algunos términos al castellano. Nada más empezar la novela en la versión castellana la autora nos dice:


“… el jugo y la jalea que se obtenía emitía destellos de una misteriosa, pálida transparencia (!!!) “


Esta frase resulta un tanto extraña en castellano, esa coma que pone la traductora después de misteriosa no tiene ningún sentido. En todo caso parece que la coherencia interna de la frase requeriría una “y” en vez de la coma. Como este ejemplo hay bastantes más. Estos errores molestan mucho al leerlos y distancia al lector.





También me gustaría, como muestra de esa belleza poética que en algunos momentos muestra la novela, transcribir este fragmento que creo ilustra perfectamente lo que quiero decir:


…lo único que recuerdo son las lilas blancas dispuestas sobre el ataúd, el perfume vaporoso y dulce que exhalaban y que acabó por taponarme la nariz, provocarme burbujas en la traquea y que hizo que me faltara el aire y que, con un giro, me hundiese en un agujero blanco”.


El argumento personalmente me resulta algo endeble. Considerando y teniendo en cuenta que gran parte de la trama se sostiene en saber qué ocurrió la noche del accidente de Rosmarie, que es la prima de Iris la narradora. Y la autora no nos aclara el por qué de esa muerte. Dejando la novela en final abierto que deja al criterio del lector la interpretación final. A mí personalmente no me gustan mucho los finales abiertos, a menos que estén bien hechos. Pero éste no es el caso.


Sin embargo, reconozco que la autora sí enfoca con acierto algunos momentos de la novela. Me ha interesado especialmente el estudio que hace del deterioro cognitivo de la abuela Bertha y cómo ella se va dando cuenta de su pérdida de facultades y todo el dolor que provoca a sus familiares y seres queridos. La novela está narrada con mucha sensibilidad, que en algunos momentos roza la sensiblería.


El comienzo de la novela resulta un poco confuso, tal vez porque la autora se demora mucho en caracterizarnos a cada una de los miembros de la familia. Me refiero especialmente a las hijas de Bertha: Christa, Harriet e Inga, tan distintas unas de otras. Me ha gustado el personaje de Inga y sobre todo por esa facultad innata que tiene de dar descargas eléctricas, al parecer porque cuando nació fue un día de tormenta y un rayo atravesó la casa. También me gustaría resaltar la ambientación de la novela y esa mirada a la vida rural en un pequeño pueblo alemán. Esa vida en medio de la naturaleza, de esa naturaleza que la autora nos describe con tanto detalle, casi con mimo. Y es precisamente ese detalle, ese afán por lo pequeño, lo que caracteriza la novela. Iremos conociendo la historia a partir de pequeños detalles que nos irán entrando por los sentidos. Es ésta una novela muy “sensorial”, como cuando casi podemos paladear la jalea y las compotas de manzana. Esa descripciones y ese cariño al utilizar la prosa es lo que, de alguna manera, hace que merezca la pena leer la novela. Evidentemente con estos mimbres es obvio que no es una novela para todo tipo de lectores. Es un texto cadencioso en el que las cosas suceden lentamente, casi con desidia, y por lo tanto muy alejado del tipo de literatura de más acción.


En lo que se refiere a la estructura narrativa, el texto está lleno de flasbacks retrospectivos (valga la redundancia) que nos irán dando la perspectiva necesaria, todo ello desde la voz de la narradora que es la de Iris, la protagonista. Precisamente esa elección en que el narrador sea la protagonista condiciona y perjudica la narración de esta historia de familia que narra hechos muy anteriores a propia narradora, porque, como se suele decir, no se puede ser “juez y parte”. Narrar una novela en flasbacks no suele ser fácil, porque suele enlentecer la acción principal y muchas veces tampoco nos aporta mucho al relato. En esta novela a la autora aún le falta mucho oficio para dominar la técnica de ese tipo de narración retrospectiva.

Otra de las novelas que me ha recordado al leer “El sabor de las pepitas de manzana” es “El cuento número 13” de Diane Setterfield. Especialmente por ese amor a los libros y a la palabra escrita que subyace en ambos textos. Y también al igual que en “El jardín olvidado” por ese aire de novela gótica en la que la casa es uno de los personajes principales de la novela.


También me gustaría destacar que es una novela muy descriptiva, de hecho, veremos que en el texto los personajes casi no dialogan. Es una novela con poquísimo diálogo. Con este presupuesto, forzosamente obliga a la novela a ser fundamentalmente intimista. Como decía un poco más arriba, más de sensaciones y sentimientos que de acción. Pero aún así no puedo decir que me haya conseguido emocionar. Por eso considero que es una novela fallida, porque no consigue emocionar al lector, no consigue hacerle vibrar con la historia y cuando eso no se consigue en este tipo de novelas, es que no es lo suficientemente buena. Por otra parte el relato no acaba de prender al lector, de ser lo suficientemente interesante, tal vez por su falta notoria de acción, por perderse demasiado en la forma y en los detalles y olvidar algo muy importante cuando hablamos de una novela que es la acción.

Dicho todo lo cual y en vista a los méritos que, a mi juicio, tiene la novela “El sabor de las pepitas de manzana” de Katharina Hagena, creo que la puntuación más ajustada sería de un 5,00/10.


© Luis Alberto Cao



4 comentarios:

  1. ¡Qué curioso! Ya he leído muchas críticas sobre este libro y casi todas mucho más positivas que ésta. Yo personalmente empezaré con "La casa de Riverton" de Kate Morton, pero "El sabor de las pepitas de manzana" pasará también por mis manos (o eso espero). Si he de ser sincera lo que captó mi atención fueron los fragmentos que los lectores han seleccionado.

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  2. Yo intenté leerme esta novela y no pude con ella me pareció aburridísima y eso que la mayoria de los blogs decían que era muy buena y les hice caso. Se ve que Maeva tiene mucha fuerza sobre la gente de los blogs. Gracias Luis por tu reseña ha sido valiente y sincera. Es una novela muy mala.

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  3. A mi sí me gustó mucho, es cierto que tiene un ritmo pausado y que es necesario leerla con calma, la historia no es nada especial pero a mí me conquistó con las descripciones, quizás le han dado demasiada publicidad sobre todo calificándola como una de las mejores del año y se queda muy por debajo

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  4. No me ha gustado nada y por tanto no la recomiendo.

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