Título: Los enamoramientos.
Autor: Javier Marías
ISBN: 9789870417484.
Editorial Alfaguara.
Páginas: 408.
Aún en estado de “shock” tras leer esta excepcional y magnífica novela, “los enamoramientos”, de Javier Marías me dispongo a hacer la reseña de esta pequeña obra maestra, probablemente de uno de los mejores autores en lengua castellana que tenemos en la actualidad. Como comentaré con más detalle es una delicia y un placer ver la maestría, el dominio del tempo, el oficio y la exquisita y bellísima prosa con que está escrito este texto. Eso sí, reconozco que Javier Marías puede ser un autor que no satisfaga plenamente a todos los lectores, sus novelas requieren esfuerzo y dedicación por parte del lector, pero ese esfuerzo se ve ampliamente compensado por ese disfrute intelectual y para los sentidos que aporta su novela.
Como ya es habitual empezaré esta reseña tratando de esbozar una sinopsis argumental de la novela. María Dolz es una joven que trabaja en una editorial y en la cafetería que desayuna, enfrente de su trabajo, coincide casi todas la mañanas con una pareja. Inmediatamente surge una corriente de simpatía entre ellos, aún sin decirse ni una palabra. Así durante bastantes días hasta que un día se saludan. María a través de la prensa tiene conocimiento de un tremendo crimen que la conmociona. Un indigente aparcacoches, se ceba contra un peatón y lo mata a navajazos, creyendo que era el culpable de todas sus desgracias. Aquel hombre salvajemente asesinado había sido Miguel Desvern o Deverne, que era el marido de aquella pareja. Al cabo de un tiempo vio a la mujer sola y pudo hablar con ella para darle el pésame. Luisa Alday, que así se llama la mujer, le da su dirección y le pide que vaya a visitarla para poder charlar. Luego se fue en coche acompañado de otro hombre. María acude a casa de Luisa Alday y se vuelve a encontrar con aquel hombre, Javier Díaz-Varela. María se enamora desde el primer momento de él. De hecho inician una relación sentimental, aunque el le advierte que de quién está enamorado es de Luisa. Un día que están acostados juntos, alguien llama a la puerta y María se queda en la cama adormilada. Javier se levanta a abrir y María escucha que habla con un misterioso personaje. María se incorpora y se acerca a la puerta para escuchar la conversación. Lo que oirá le trastocará su vida…
Me gustaría empezar esta reseña, transcribiendo el comienzo de la novela, para mí uno de los mejores arranques que he leído últimamente. Un comienzo excelente que en unas pocas líneas nos introduce de pleno en la novela y nos sobrecoge de tal manera que no nos permite abandonar ya la novela (aunque sea un poco larga la cita creo que merece la pena)
“La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra. Ni siquiera sabía su nombre, lo supe sólo cuando ya era tarde, cuando apareció su foto en el periódico, apuñalado y medio descamisado y a punto de convertirse en un muerto, si es que no lo era ya para su propia conciencia ausente que nunca volvió a presentarse: lo último de lo que se debió de dar cuenta fue de que lo acuchillaban por confusión y sin causa, es decir, imbécilmente, y además una y otra vez, sin salvación, no una sola, con voluntad de suprimirlo del mundo y echarlo sin dilación de la tierra, allí y entonces. Tarde para qué, me pregunto. La verdad es que lo ignoro. Es sólo que cuando alguien muere, pensamos que ya se ha hecho tarde para cualquier cosa, para todo —más aún para esperarlo—, y nos limitamos a darlo de baja. También a nuestros allegados, aunque nos cueste mucho más y los lloremos, y su imagen nos acompañe en la mente cuando caminamos por las calles y en casa, y creamos durante mucho tiempo que no vamos a acostumbrarnos. Pero desde el principio sabemos —desde que se nos mueren— que ya no debemos contar con ellos, ni siquiera para lo más nimio, para una llamada trivial o una pregunta tonta (‘¿Me he dejado ahí las llaves del coche?’, ‘¿A qué hora salían hoy los niños?’), para nada. Nada es nada. En realidad es incomprensible, porque supone tener certidumbres y eso está reñido con nuestra naturaleza: la de que alguien no va a venir más, ni a decir más, ni a dar un paso ya nunca —para acercarse ni para apartarse—, ni a mirarnos, ni a desviar la vista. No sé cómo lo resistimos, ni cómo nos recuperamos. No sé cómo nos olvidamos a ratos, cuando el tiempo ya ha pasado y nos ha alejado de ellos, que se quedaron quietos”.
Los enamoramientos es una novela profunda, introspectiva, que en algunos momentos se acerca más a un ensayo filosófico, no en vano su padre Julián Marías fue uno de los más preclaros pensadores del siglo pasado, o incluso filológico como comentaré más adelante, que a una novela al uso. Javier Marías nos va a diseccionar el sentimiento del amor y su capacidad transformadora de la realidad, y cómo la fuerza de ese sentimiento nos puede arrastrar a todo, incluidas la mayores aberraciones, para conseguir satisfacer y colmar nuestro deseo. Esa sería una de las tramas medulares de la novela, en mi opinión, la otra sería la disección del hecho de la muerte y cómo nos afecta a los vivos. Pero sería un análisis muy simplista si sólo nos quedásemos con estos dos factores, como temas vertebradores de la novela. Entre estos múltiples factores está el de la envidia y no me resisto a transcribir, el artículo sobre la voz envidia, según el venerable diccionario de Covarrubías, que Javier Marías nos cita en “los enamoramientos”:
“Lo peor es que este veneno suele engendrarse en los pechos de los que no son más amigos, y nosotros los tenemos por tales fiándonos de ellos; y que son más perjudiciales que los enemigos declarados”

La novela tiene algunos fragmentos que, francamente, son magníficos. Particularmente me gustaría destacar dos. En primer lugar la narración del asesinato de Miguel Desvern o Deverne es un auténtico ejercicio de virtuosismo narrativo y de dominio de la técnica. En este fragmento el lector recibirá información desde múltiples fuentes de información, lo que dicen los testigos, lo que apareció en la prensa… pero tan perfectamente narrado que es un placer y una auténtica delicia leerlo, ver como Javier Marías resuelve con tanta maestría un relato tan complicado técnicamente de narrar. Como se suele decir los grandes artistas hacen fácil lo difícil. El otro momento que personalmente me ha encantado es el final de la novela cuando María Dolz se acerca a la mesa en donde están cenando Luisa y Javier Díaz-Varela, decidida a contar todo. Por otra parte no puedo dejar de destacar el extraordinario uso y dominio del lenguaje que tiene el autor. En cierto modo ese preciosismo, ese virtuosismo a la hora de elegir la palabra exacta, me recordaba un poco al gran escritor francés Gustave Flaubert.
Lo que sí que es evidente es que “Los enamoramientos” es una obra literaria (con mayúsculas), una obra perdurable. Y además una obra literaria que nos habla de literatura. A esto me quería referir cuando comentaba un poco más arriba que también tiene mucho que ver con un ensayo filológico. Me explico. En uno de los pasajes de la novela Díaz-Varela nos dará toda una lección de rigor filológico a la hora de traducir correctamente un pasaje de Macbeth de William Shakespeare, y de cómo puede ser interpretado de otros modos. En la novela las referencias a la literatura son constantes. Javier Marías nos cita, fundamentalmente, tres obras: El coronel Chabert de Balzac, Los tres mosqueteros de Dumas y la ya referida Macbeth. De hecho la novela del coronel Chabert será fundamental en el devenir de esta novela. Por último voy a citar un último fragmento de la novela, es una novela tan extremadamente rica que se podrían citar decenas de fragmentos, que justifica el por qué se habla de tanto de literatura en esta novela:
“Lo que pasó es lo de menos. Es una novela, y lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminadas. Lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios, se nos quedan con mayor nitidez que los sucesos reales y los tenemos más en cuenta”
Con todos estos presupuestos ya referidos resulta evidente que estamos ante un texto de un exigente nivel cultural. De hecho casi todos los personajes son profesores universitarios, María trabaja en una editorial… En fin, se observa que el texto se desenvuelve en un ambiente, en cierto modo, académico. No me puedo resistir a comentar el divertido “cameo” (valga la expresión cinematográfica) que hace el profesor Francisco Rico, académico de la Real Academia de la Lengua Española y uno de los mayores expertos en el siglo de Oro español, en esta novela. Porque a pesar de lo dramático del tema que trata la novela, el autor nos deja algunas pinceladas de humor, pero de un humor fino e irónico. Esa ironía se ve muy bien cuando “ironiza” sobre las manías de un escritor de la editorial Garay Fontina, al que describe como caprichoso y gazmoño y que ya está pensando en el discurso que leerá en sueco ante el rey Gustavo en la entrega de su premio Nobel.
El autor también crítica la sociedad actual cada día más ajena al dolor ajeno (valga la redundancia) y cómo incluso el responsable de ello se va al margen de ese dolor que causa. En ese fustigamiento el autor nos pone el ejemplo de los políticos que declaran una guerra a miles de kilómetros de distancia y luego se rasgan las vestiduras cuando ven los horrores de la guerra y piensan que qué bestias son sus generales que hacen esas barbaridades. Y cómo cada día la gente está más insensibilizada y menos humanizada ante las desgracias que ocurren a nuestro alrededor. Un tema éste que junto al hecho de la muerte que el autor ha abordado y tratado en varias de sus novelas. En este tema de la muerte Javier Marías a través del relato del coronel Chabert, que fue dado por muerto en las guerras Napoleónicas y que al cabo de los años regresa a su hogar, cuando su mujer ya se ha vuelto a casar y ha rehecho su vida, nos muestra que a veces peor que la muerte puede ser volver a la vida y darnos cuenta de que ya no tenemos cabida en ella. Cabe también destacar que es la primera novela de Javier Marías en que la voz narrativa la tiene una mujer en primera persona. Aunque es verdad que desde hace varias novelas el autor ha adoptado la primera persona del singular para narrar sus novelas, aunque como dije un poco más arriba Marías tiene un excelente dominio de la técnica que le permite cambiar repetidamente de voz narradora y que resulte coherente y adecuado en el relato.
“Los enamoramientos” es una novela de pocos personajes, porque realmente no hacen falta más para narrar esta historia introspectiva e intimista. Eso sí, los personajes están perfectamente delimitados y dibujados. Particularmente me ha gustado como ha pergeñado magistralmente el personajes de Luisa Alday y cómo ha sabido narrar, contenidamente, su dolor. Ese dolor contenido que es mucho más creíble y más “doloroso”, esa manifestación de dolor que desarma a las personas que están alrededor. Es curioso pero al leer la novela me recordaba al libro bíblico de Job, cuando todo el mundo a su alrededor intenta mitigar su dolor y él se da cuenta que, en el fondo, todo son palabras vanas que le hacen sentirse incomprendido y solo aún más su ante su dolor, ante su desgracia.
La novela termina en un final abierto, que nos dejará con la duda de cuales fueron los motivos reales de la muerte de Miguel Desvern o Deverne. Este final nos vuelve a retrotraer la cita que reproducíamos un poco más arriba “es una novela, y lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminadas. Lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios, se nos quedan con mayor nitidez que los sucesos reales y los tenemos más en cuenta”. Cerrando, en mi opinión magistralmente esta novela tan redonda y tan bien construida, de un modo, por así decirlo meta literario, en ese punto en donde la realidad y la ficción se confunden. Como decía al principio al cerrar este libro he sido consciente de que he leído una hermosísima y bien narrada obra de arte. Tal y como comenté cuando hice la reseña de otra de las grandísimas novelas que he leído en esta temporada “1Q84” de Haruki Murakami, creo que algún día, al igual que el sueño de su personaje el escritor Garay Fontina, Javier María sea acreedor del Premio Nobel de Literatura porque méritos, sin duda alguna, no le faltan. Porque sus novelas son auténtica literatura y no solamente bestseller sin el menor interés ni valor literario que, por desgracia, se venden como churros. Porque Javier Marías se ha mantenido fiel a su estilo y a su manera de entender la literatura. De hecho, uno de sus grandes méritos es su estilo personal y único que le hace diferente a los demás escritores.
Siento mucho no poder, ni deber, extenderme mucho más en esta reseña que daría para algunas páginas más de análisis, dada su riqueza de matices, su exquisitez y su belleza tanto formal como de contenido en esta novela, auténtico obra de orfebrería escrita con tanto detallismo y preciosismo. Lo que sí me gustaría añadir es que es una novela, que al cerrar el libro, nos hace pensar y reflexionar. Eso me recuerda una frase que atribuyen al gran músico George Frederich Haendel que decía “no compongo mi música para que guste sino para que la gente sea mejor”.
Dicho lo cual y considerando todo lo anteriormente reseñado creo que objetivamente la puntuación más adecuada y que haría más justicia a la novela “Los enamoramientos” de Javier María sería de 9,00/10.
© Luis Alberto Cao