sábado, 31 de diciembre de 2011

Las mejores novelas de 2011

Cuando termina un año siempre es momento de valorar y resumir lo acontecido en el año. He confeccionado una pequeña lista con las novelas que más me han gustado durante este año (empecé con este blog en octubre y he reseñado sólo 19 novelas). He escogido para figurar en esta lista las 5 mejores novelas,en mi opinión, que son, por este orden:


1.- 1Q84 de Haruki Murakami



2.- Los enamoramientos de Javier Marías




3.- Libertad de Jonathan Franzen











4.- Un grito de amor desde el centro de la tierra de Kyoichi Katayama.












5.- La voz dormida de Dulce Chacón













(pulsando los titulos de los libros os enlaza con la reseña, por si queréis leerla).

Aprovecho para desearos un feliz año 2012 que nos traiga mucha felicidad y una buena cosecha literaria. Un abrazo.


© Luis Alberto Cao


Los enamoramientos. Javier Marías.

Título: Los enamoramientos.
Autor: Javier Marías
ISBN: 9789870417484.
Editorial Alfaguara.
Páginas: 408.




Aún en estado de “shock” tras leer esta excepcional y magnífica novela, “los enamoramientos”, de Javier Marías me dispongo a hacer la reseña de esta pequeña obra maestra, probablemente de uno de los mejores autores en lengua castellana que tenemos en la actualidad. Como comentaré con más detalle es una delicia y un placer ver la maestría, el dominio del tempo, el oficio y la exquisita y bellísima prosa con que está escrito este texto. Eso sí, reconozco que Javier Marías puede ser un autor que no satisfaga plenamente a todos los lectores, sus novelas requieren esfuerzo y dedicación por parte del lector, pero ese esfuerzo se ve ampliamente compensado por ese disfrute intelectual y para los sentidos que aporta su novela.


Como ya es habitual empezaré esta reseña tratando de esbozar una sinopsis argumental de la novela. María Dolz es una joven que trabaja en una editorial y en la cafetería que desayuna, enfrente de su trabajo, coincide casi todas la mañanas con una pareja. Inmediatamente surge una corriente de simpatía entre ellos, aún sin decirse ni una palabra. Así durante bastantes días hasta que un día se saludan. María a través de la prensa tiene conocimiento de un tremendo crimen que la conmociona. Un indigente aparcacoches, se ceba contra un peatón y lo mata a navajazos, creyendo que era el culpable de todas sus desgracias. Aquel hombre salvajemente asesinado había sido Miguel Desvern o Deverne, que era el marido de aquella pareja. Al cabo de un tiempo vio a la mujer sola y pudo hablar con ella para darle el pésame. Luisa Alday, que así se llama la mujer, le da su dirección y le pide que vaya a visitarla para poder charlar. Luego se fue en coche acompañado de otro hombre. María acude a casa de Luisa Alday y se vuelve a encontrar con aquel hombre, Javier Díaz-Varela. María se enamora desde el primer momento de él. De hecho inician una relación sentimental, aunque el le advierte que de quién está enamorado es de Luisa. Un día que están acostados juntos, alguien llama a la puerta y María se queda en la cama adormilada. Javier se levanta a abrir y María escucha que habla con un misterioso personaje. María se incorpora y se acerca a la puerta para escuchar la conversación. Lo que oirá le trastocará su vida…


Me gustaría empezar esta reseña, transcribiendo el comienzo de la novela, para mí uno de los mejores arranques que he leído últimamente. Un comienzo excelente que en unas pocas líneas nos introduce de pleno en la novela y nos sobrecoge de tal manera que no nos permite abandonar ya la novela (aunque sea un poco larga la cita creo que merece la pena)

“La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra. Ni siquiera sabía su nombre, lo supe sólo cuando ya era tarde, cuando apareció su foto en el periódico, apuñalado y medio descamisado y a punto de convertirse en un muerto, si es que no lo era ya para su propia conciencia ausente que nunca volvió a presentarse: lo último de lo que se debió de dar cuenta fue de que lo acuchillaban por confusión y sin causa, es decir, imbécilmente, y además una y otra vez, sin salvación, no una sola, con voluntad de suprimirlo del mundo y echarlo sin dilación de la tierra, allí y entonces. Tarde para qué, me pregunto. La verdad es que lo ignoro. Es sólo que cuando alguien muere, pensamos que ya se ha hecho tarde para cualquier cosa, para todo —más aún para esperarlo—, y nos limitamos a darlo de baja. También a nuestros allegados, aunque nos cueste mucho más y los lloremos, y su imagen nos acompañe en la mente cuando caminamos por las calles y en casa, y creamos durante mucho tiempo que no vamos a acostumbrarnos. Pero desde el principio sabemos —desde que se nos mueren— que ya no debemos contar con ellos, ni siquiera para lo más nimio, para una llamada trivial o una pregunta tonta (‘¿Me he dejado ahí las llaves del coche?’, ‘¿A qué hora salían hoy los niños?’), para nada. Nada es nada. En realidad es incomprensible, porque supone tener certidumbres y eso está reñido con nuestra naturaleza: la de que alguien no va a venir más, ni a decir más, ni a dar un paso ya nunca —para acercarse ni para apartarse—, ni a mirarnos, ni a desviar la vista. No sé cómo lo resistimos, ni cómo nos recuperamos. No sé cómo nos olvidamos a ratos, cuando el tiempo ya ha pasado y nos ha alejado de ellos, que se quedaron quietos”.


Los enamoramientos es una novela profunda, introspectiva, que en algunos momentos se acerca más a un ensayo filosófico, no en vano su padre Julián Marías fue uno de los más preclaros pensadores del siglo pasado, o incluso filológico como comentaré más adelante, que a una novela al uso. Javier Marías nos va a diseccionar el sentimiento del amor y su capacidad transformadora de la realidad, y cómo la fuerza de ese sentimiento nos puede arrastrar a todo, incluidas la mayores aberraciones, para conseguir satisfacer y colmar nuestro deseo. Esa sería una de las tramas medulares de la novela, en mi opinión, la otra sería la disección del hecho de la muerte y cómo nos afecta a los vivos. Pero sería un análisis muy simplista si sólo nos quedásemos con estos dos factores, como temas vertebradores de la novela. Entre estos múltiples factores está el de la envidia y no me resisto a transcribir, el artículo sobre la voz envidia, según el venerable diccionario de Covarrubías, que Javier Marías nos cita en “los enamoramientos”:


“Lo peor es que este veneno suele engendrarse en los pechos de los que no son más amigos, y nosotros los tenemos por tales fiándonos de ellos; y que son más perjudiciales que los enemigos declarados”




La novela tiene algunos fragmentos que, francamente, son magníficos. Particularmente me gustaría destacar dos. En primer lugar la narración del asesinato de Miguel Desvern o Deverne es un auténtico ejercicio de virtuosismo narrativo y de dominio de la técnica. En este fragmento el lector recibirá información desde múltiples fuentes de información, lo que dicen los testigos, lo que apareció en la prensa… pero tan perfectamente narrado que es un placer y una auténtica delicia leerlo, ver como Javier Marías resuelve con tanta maestría un relato tan complicado técnicamente de narrar. Como se suele decir los grandes artistas hacen fácil lo difícil. El otro momento que personalmente me ha encantado es el final de la novela cuando María Dolz se acerca a la mesa en donde están cenando Luisa y Javier Díaz-Varela, decidida a contar todo. Por otra parte no puedo dejar de destacar el extraordinario uso y dominio del lenguaje que tiene el autor. En cierto modo ese preciosismo, ese virtuosismo a la hora de elegir la palabra exacta, me recordaba un poco al gran escritor francés Gustave Flaubert.


Lo que sí que es evidente es que “Los enamoramientos” es una obra literaria (con mayúsculas), una obra perdurable. Y además una obra literaria que nos habla de literatura. A esto me quería referir cuando comentaba un poco más arriba que también tiene mucho que ver con un ensayo filológico. Me explico. En uno de los pasajes de la novela Díaz-Varela nos dará toda una lección de rigor filológico a la hora de traducir correctamente un pasaje de Macbeth de William Shakespeare, y de cómo puede ser interpretado de otros modos. En la novela las referencias a la literatura son constantes. Javier Marías nos cita, fundamentalmente, tres obras: El coronel Chabert de Balzac, Los tres mosqueteros de Dumas y la ya referida Macbeth. De hecho la novela del coronel Chabert será fundamental en el devenir de esta novela. Por último voy a citar un último fragmento de la novela, es una novela tan extremadamente rica que se podrían citar decenas de fragmentos, que justifica el por qué se habla de tanto de literatura en esta novela:


“Lo que pasó es lo de menos. Es una novela, y lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminadas. Lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios, se nos quedan con mayor nitidez que los sucesos reales y los tenemos más en cuenta”


Con todos estos presupuestos ya referidos resulta evidente que estamos ante un texto de un exigente nivel cultural. De hecho casi todos los personajes son profesores universitarios, María trabaja en una editorial… En fin, se observa que el texto se desenvuelve en un ambiente, en cierto modo, académico. No me puedo resistir a comentar el  divertido “cameo” (valga la expresión cinematográfica) que hace el profesor Francisco Rico, académico de la Real Academia de la Lengua Española y uno de los mayores expertos en el siglo de Oro español, en esta novela. Porque a pesar de lo dramático del tema que trata la novela, el autor nos deja algunas pinceladas de humor, pero de un humor fino e irónico. Esa ironía se ve muy bien cuando “ironiza” sobre las manías de un escritor de la editorial Garay Fontina, al que describe como caprichoso y gazmoño y que ya está pensando en el discurso que leerá en sueco ante el rey Gustavo en la entrega de su premio Nobel.


El autor también crítica la sociedad actual cada día más ajena al dolor ajeno (valga la redundancia) y cómo incluso el responsable de ello se va al margen de ese dolor que causa. En ese fustigamiento el autor nos pone el ejemplo de los políticos que declaran una guerra a miles de kilómetros de distancia y luego se rasgan las vestiduras cuando ven los horrores de la guerra y piensan que qué bestias son sus generales que hacen esas barbaridades. Y cómo cada día la gente está más insensibilizada y menos humanizada ante las desgracias que ocurren a nuestro alrededor. Un tema éste que junto al hecho de la muerte que el autor ha abordado y tratado en varias de sus novelas. En este tema de la muerte Javier Marías a través del relato del coronel Chabert, que fue dado por muerto en las guerras Napoleónicas y que al cabo de los años regresa a su hogar, cuando su mujer ya se ha vuelto a casar y ha rehecho su vida, nos muestra que a veces peor que la muerte puede ser volver a la vida y darnos cuenta de que ya no tenemos cabida en ella. Cabe también destacar que es la primera novela de Javier Marías en que la voz narrativa la tiene una mujer en primera persona. Aunque es verdad que desde hace varias novelas el autor ha adoptado la primera persona del singular para narrar sus novelas, aunque como dije un poco más arriba Marías tiene un excelente dominio de la técnica que le permite cambiar repetidamente de voz narradora y que resulte coherente y adecuado en el relato.


“Los enamoramientos” es una novela de pocos personajes, porque realmente no hacen falta más para narrar esta historia introspectiva e intimista. Eso sí, los personajes están perfectamente delimitados y dibujados. Particularmente me ha gustado como ha pergeñado magistralmente el personajes de Luisa Alday y cómo ha sabido narrar, contenidamente, su dolor. Ese dolor contenido que es mucho más creíble y más “doloroso”, esa manifestación de dolor que desarma a las personas que están alrededor. Es curioso pero al leer la novela me recordaba al libro bíblico de Job, cuando todo el mundo a su alrededor intenta mitigar su dolor y él se da cuenta que, en el fondo, todo son palabras vanas que le hacen sentirse incomprendido y solo aún más su ante su dolor, ante su desgracia.


La novela termina en un final abierto, que nos dejará con la duda de cuales fueron los motivos reales de la muerte de Miguel Desvern o Deverne. Este final nos vuelve a retrotraer la cita que reproducíamos un poco más arriba “es una novela, y lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminadas. Lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios, se nos quedan con mayor nitidez que los sucesos reales y los tenemos más en cuenta”. Cerrando, en mi opinión magistralmente esta novela tan redonda y tan bien construida, de un modo, por así decirlo meta literario, en ese punto en donde la realidad y la ficción se confunden. Como decía al principio al cerrar este libro he sido consciente de que he leído una hermosísima y bien narrada obra de arte. Tal y como comenté cuando hice la reseña de otra de las grandísimas novelas que he leído en esta temporada “1Q84” de Haruki Murakami, creo que algún día, al igual que el sueño de su personaje el escritor Garay Fontina, Javier María sea acreedor del Premio Nobel de Literatura porque méritos, sin duda alguna, no le faltan. Porque sus novelas son auténtica literatura y no solamente bestseller sin el menor interés ni valor literario que, por desgracia, se venden como churros. Porque Javier Marías se ha mantenido fiel a su estilo y a su manera de entender la literatura. De hecho, uno de sus grandes méritos es su estilo personal y único que le hace diferente a los demás escritores.


Siento mucho no poder, ni deber, extenderme mucho más en esta reseña que daría para algunas páginas más de análisis, dada su riqueza de matices, su exquisitez y su belleza tanto formal como de contenido en esta novela, auténtico obra de orfebrería escrita con tanto detallismo y preciosismo. Lo que sí me gustaría añadir es que es una novela, que al cerrar el libro, nos hace pensar y reflexionar. Eso me recuerda una frase que atribuyen al gran músico George Frederich Haendel que decía “no compongo mi música para que guste sino para que la gente sea mejor”.


Dicho lo cual y considerando todo lo anteriormente reseñado creo que objetivamente la puntuación más adecuada y que haría más justicia a la novela “Los enamoramientos” de Javier María sería de 9,00/10.


© Luis Alberto Cao

martes, 27 de diciembre de 2011

Dime quién soy. Julia Navarro



Título: Dime quién soy.
Autor: Julia Navarro.
Editorial: Plaza & Janés Editores.
ISBN: 9788401339080.
Páginas: 1097.
Año de publicación: 2010.


 

La primera vez que leí la novela “Dime quién soy” de Julia Navarro fue el año pasado, al poco de su publicación y la acabo de leer por segunda vez para escribir la presente reseña. Las sensaciones que he tenido han sido diferentes, como pasaré a relatar un poco más abajo. Lo cierto es que la sensación ha sido agridulce, pensando que esta novela ha sido una novela, en cierto modo y por así decirlo, claramente fallida y  más aún considerando la experiencia, el talento y el oficio de esta escritora. Sí, fallida, aunque como es obvio tiene muchas cosas positivas y la verdad es que resulta un texto muy entretenido, pero sin embargo adolece de algunos errores graves, en mi opinión, que lastran irremediablemente la novela.


En cualquier caso, y como es habitual, para situar al eventual lector de esta reseña voy a incluir una breve sinopsis del argumento de “Dime quién soy”:


Una periodista recibe una propuesta para investigar la azarosa vida de su bisabuela, una mujer de la que sólo se sabe que huyó de España abandonando a su marido y a su hijo poco antes de que estallara la Guerra Civil. Para rescatarla del olvido deberá reconstruir su historia desde los cimientos, siguiendo los pasos de su biografía y encajando, una a una, todas las piezas del inmenso y extraordinario puzzle de su existencia.

Marcada por los hombres que pasaron por su vida -el empresario Santiago Carranza, el revolucionario Pierre Comte, el periodista estadounidense Albert James y el médico militar vinculado al nazismo Max von Schumann-, la vida de Amelia Garayoa es la de una mujer que aprendió que en la vida no se puede volver sobre el pasado para deshacerlo. Desde la España republicana hasta la caída del Muro de Berlín, pasando por la Segunda Guerra mundial y los oscuros años de la Guerra fría, esta burguesa y revolucionaria, esposa y amante, espía y asesina, actuará siempre de acuerdo a sus principios, enfrentándose a todo y cometiendo errores que no terminará nunca de pagar.

Memoria de un siglo convulso, caracterizado por la barbarie de los totalitarismos, esta obra es una vuelta de tuerca en la trayectoria de una de nuestras novelistas más internacionales. Dime quién soy sorprende por su dramatismo e introspección, por su intriga y por sus emociones a flor de piel. Una aventura desgarradora y cautivadora que tiene unos personajes excepcionalmente perfilados y literariamente inolvidables.

La esperada nueva novela de Julia Navarro es el magnífico retrato de quienes vivieron intensa y apasionadamente un siglo turbulento. Ideología y compromiso en estado puro, amores y desamores desgarrados, aventura e historia de un siglo hecho pedazos, esta novela no sólo hechizará a los lectores de Julia Navarro sino que fascinará a todos aquellos interesados en nuestra propia historia. (Sinopsis extraída de www.casadellibro.com).


Dada la complejidad y la extensión de la novela voy a intentar ser lo más sistemático posible a la hora de escribir esta reseña, para evitar dispersarme lo menos posible en esta ambiciosa novela.


Como comentaba, nada más empezar esta reseña, creo que esta novela “falla” desde el primer momento por su planteamiento formal. Me explico, toda la historia de Guillermo y de sus vicisitudes, así como el encargo que le hacen para escribir sobre su bisabuela, no resulta más que una excusa poco convincente para narrar la historia de Amelia Garayoa. El propio personaje de Guillermo resulta en algunos momentos patético y falto de sustancia, quedando relegado a ser un mero nexo de unión entre los relatos cruzados que harán la gente que conocieron a Amelia para reconstruir su vida. Esta falta de tratamiento del personaje resulta evidente, por poner un ejemplo,  en la referencia que se hace muy de pasada a su pareja Ruth, y la falta de información que la autora nos suministra sobre él. Por otra parte, todos estos viajes que tiene que realizar por el mundo para reconstruir la vida de su bisabuela me resultaron aburridos e increíbles. Este modo que utiliza Julia Navarro para enlazar todas las historias me parece indigno de su talento literario y de su oficio. Julia Navarro, como ha demostrado en anteriores obras es una escritora solvente y de talento. En mi opinión esta novela es, desde un punto de vista formal, la más floja de todas las que ha escrito hasta ahora y pésimamente planteada. El andamiaje que sostiene la trama me resulta tan endeble que sobre la mitad de la novela ya tenía claro que una de las abuelas nonagenarias era su bisabuela Amelia Garayoa. Todo esto sin contar, que al planificar la novela bajo este tipo de narración, provocará, subsiguientemente,  otra serie de incoherencias e inexactitudes que harán aún más increíble, formalmente, el relato que la autora nos plantea.




Este tipo de novelas, escritas como reconstrucción de la vida de una persona a través de testimonios de otras personas que la conocieron, entraña una gran dificultad y es, como apunté un poco más arriba, la coherencia. Me explico. Si analizamos con atención los relatos que le hacen a Guillermo los personajes que conocieron a Amelia, nos daremos cuenta que en las situaciones que narran rara vez han sido testigos de lo que relatan, y sin embargo, se permiten narrar exhaustivamente todos los detalles que ni siquiera conocían (incluidas conversaciones privadas). O bien que transcurridos más de cuarenta años sean capaces de reconstruir con tanta fidelidad, unos hechos que ni siquiera conocieron personalmente. Esto es, en mi opinión lo que resulta absolutamente incoherente. Esta novela hubiera sido muchísimo mejor si el planteamiento inicial hubiese sido distinto. Al hilo de esto, recuerdo que las dos veces que la leí me recordó a otra novela. Me estoy refiriendo a “El mundo entre costuras” de María Dueñas. En el caso de esta última, aún siendo muy parecidas, su manera de enfocar el relato le da muchas más verosimilitud, y en mi opinión hace de ella una novela muchísimo mejor que “Dime quién soy”. Espero poder reseñar pronto la novela de María Dueñas, que dicho sea de paso, a mi parecer, es una de las mejores novelas españolas publicadas en los últimos tiempos.


A pesar de todo lo dicho anteriormente y, sin embargo, es una novela muy amena y entretenida de leer, narrada con una prosa muy dinámica. De hecho veremos que abundan los diálogos, lo que implica una gran agilidad. Sin embargo su prosa descriptiva es más bien escasa. Bajo estos supuestos es obvio que “Dime quién soy” es una novela de acción. Meditando sobre la reseña que estoy escribiendo pensé que, a pesar de todos los peros que se le pueden poner en cuanto a credibilidad de que Amelia esté en todas partes y le sucedan todas estas cosas, no debemos perder de vista que más que de una novela histórica, estamos hablando de una novela de ficción, eso sí enmarcada en una realidad histórica. Bajo este planteamiento sería más plausible. El período histórico que aparece en el relato abarca desde el advenimiento de la segunda república en España hasta la caída del muro de Berlín. “Dime quién soy” es una novela muy ambiciosa porque plantea cubrir prácticamente toda la historia europea del siglo XX. Una novela del desengaño, de la caída de los idealismos a la vista los propios hechos históricos. Novela que relata con toda crudeza hasta donde puede llegar el odio y el afán de destrucción en el ser humano. En un momento de la novela nos dicen de Pierre, el comunista francés del que se enamora perdidamente Amelia y que además resulta ser un agente soviético:


Pero lo peor había sido ver con sus propios ojos que el paraíso prometido por la revolución era sólo una pesadilla”.


Sin embargo antes de darse cuenta de esta tremenda pesadilla, Pierre era un ferviente activista comunista, con la absoluta fe en que sus ideales salvarían a la humanidad.


“Pierre era un agente soviético, un hombre que sólo vivía por y para la revolución, y su ceguera era tal que los seres humanos que se iba encontrando en el camino eran sólo peones a los que utilizar y sacrificar en pro de una idea superior y Amelia no era una excepción”.


La parte que más me ha gustado de la novela es el comienzo del relato de la vida de Amelia, ese relato minucioso y bellamente descrito de la vida de la burguesía española en los tiempos de la república y de esa sociedad convulsa. Esa vida regalada de esas niñas acomodadas, en contra punto con las dificultades y penurias que arrostraban grandes segmentos de la población en aquel tiempo de grandes desigualdades sociales. Precisamente, como nos explica el personaje de Lola, esas desigualdades serán el inicio de todos esos movimientos obreros y sociales en clave comunista. ¿Por qué, como le dice Lola, el hijo de Amelia por ser de una buena familia tiene que tener más oportunidades en la vida que su hijo?


Los personajes están realmente bien trazados y funcionan perfectamente dentro del relato. A excepción hecha de los que cuentan la historia en el presente, apenas pergeñados como las ancianas señoras, la madre y la tía del joven periodista, etc… y por supuesto el personaje de Guillermo que resulta francamente deplorable y que no tiene otra razón de existir que ser la excusa para contar con calzador la historia. Si merece la pena pararse a analizar con un cierto detenimiento algunos personajes. Evidentemente me ha gustado mucho el personaje de Amelia Garayoa. Y me ha gustado porque a largo de la novela va evolucionando y creciendo, y además es un personaje poliédrico con una gran riqueza de matices. Todos los hombres de la vida de Amelia están perfectamente trazados, todos y cada uno de ellos diferentes, y esa variedad de personajes y caracteres es un punto a favor de Julia Navarro. Me ha parecido especialmente interesante el personaje del médico militar Max von Schumann.


Sin embargo toda esa caracterización tan conseguida de los personajes, naufraga ostensiblemente cuando escuchamos los relatos que hacen a lo largo de los cuatro puntos cardinales del mapa, las personas que ayudarán a Guillermo a reconstruir la vida de su bisabuela. Si analizamos detenidamente los relatos de estas personas veremos que son prácticamente iguales, que podían estar  contados por la misma persona. Esto es que esa diferenciación y caracterización que elogiado en los personajes en el párrafo anterior no existe en los relatos que nos van contando la vida de Amelia.


Por otra parte, me gustaría añadir que he detectado numerosos errores tanto ortográficos como gramaticales. Algo que me resulta especialmente penoso porque, sin la menor duda, con una buena revisión en profundidad hubiesen sido fácilmente subsanables y evitables.

Siento no poder alargarme mucho más en esta reseña, por razones de espacio y de la propia filosofía de este blog, sobre esta novela que daría para un análisis mucho más profundo y minucioso. En mi cuaderno de notas quedan muchas que no van a poder ver la luz.


En resumen “Dime quién soy” es una novela que resulta amena y entretenida, que hubiese sido manifiestamente mejorable cambiando el enfoque de su planteamiento. Novela ambiciosa, pero que queda por debajo de sus expectativas originales. Me apena que, en mi opinión Julia Navarro haya dado un paso atrás en su carrera literaria. Y me apena porque Julia Navarro es una autora de talento y de oficio. De hecho en su carrera tiene algunas novelas más que notables, por citar una como ejemplo diré “La sangre de los inocentes”. A pesar de todo lo dicho estoy seguro que los lectores disfrutarán con las peripecias de la azarosa vida de Amelia Garayoa, y a través de sus mirada tendremos una amplia perspectiva de lo que fue aquel convulso siglo XX. Y de la mano de la autora veremos cómo todas las ideologías por muy nobles que pudieran ser, pueden acabar siendo monstruos que terminen aplastando y machacando esos nobles ideales.


Dicho todo lo cual, creo que la puntuación más ajustada a la hora de enjuiciar la novela “Dime quién soy” de Julia Navarro, y teniendo en cuenta todos los “pros” y los “contras” expuestos en la presente reseña serían de un 6,75/10


(No me parecería justo otorgarle más puntuación porque considero que la autora tiene cualidades suficientes para haber hecho una novela bastante mejor)




viernes, 23 de diciembre de 2011

El sabor de las pepitas de manzana. Katharina Hagena

Título original: Der Geschmack von Apfekernen.
Traducción: Ana Kosutic.
Autor: Katharina Hagena.
Editorial: Ediciones Maeva.
ISBN:  978-84-15120-24-7
Páginas: 224.



La memoria no nos serviría de nada si fuera rigurosamente fiel (Paul Valery)


El sabor de las pepitas de manzana, subtitulada “una casa heredada, un árbol y muchos recuerdos” es la primera novela de la autora germana Katharina Hagena. El propio subtitulo es toda una declaración programática de intenciones y nos hace un resumen fundamental de lo que trata la novela. Dadas las opiniones positivas de amigos y conocidos y teniendo en cuenta la campaña de marketing, por parte de la editorial, decidí adentrarme en sus páginas. La verdad es que, como adelanto a mi reseña, diré que me ha decepcionado bastante por los motivos que más adelante analizaré con más detalle.


Como es habitual vamos a hacer una breve sinopsis para situarnos en el argumento del que trata la novela. En esta ocasión voy a citar las palabras de la propia autora que hace un breve resumen del argumento:


Tras la muerte de Bertha, sus tres hijas –Inga, Harriet y Christa– y su nieta Iris, se reencuentran para leer su testamento. Para sorpresa de todas, Iris es la heredera única de la casa y debe decidir en pocos días qué hacer con ella. Como primer paso, comienza por poner orden en las pertenencias de su abuela.

A medida que va redescubriendo las habitaciones y los rincones del maravilloso jardín que rodea a la casa, Iris reconstruye la historia, tierna y amarga como el sabor de las pepitas de manzana, de tres generaciones de mujeres: su abuela Bertha, que perdió la memoria tras caerse del manzano del jardín; su madre Christa, quien se trasladó al sur del país cuando se casó, manteniéndose alejada de su familia; su tía Inga, la más bella de las tres hermanas, fotógrafa de profesión, que se ha recorrido el mundo, y Harriet, la menor, a quien la muerte de una hija cambió para siempre. Iris descubre secretos
familiares y busca respuestas a los enigmas de su pasado.

¿Quiénes fueron los grandes amores de sus tías? ¿Qué secreto guardaba su excéntrica abuela? ¿Y qué ocurrió realmente en la noche del accidente de su prima?”


Al leer el sabor de las pepitas de manzana, recordaba otra novela que está muy en boga en la actualidad, “El jardín olvidado” de Kate Morton. Una historia de una familia, una casa, secretos de familia, etc… Aunque indudablemente la calidad literaria y el andamiaje que sustenta la novela es muy superior en el libro de la autora australiana que en esta novela. Esto no quita que sean destacables algunos aciertos. La novela está escrita en un ritmo muy pausado, una novela que intenta ser introspectiva y con una prosa que en algunos momentos brilla con una notable belleza poética. Aunque la traducción me ha resultado un tanto extraña y forzada en algunos términos al castellano. Nada más empezar la novela en la versión castellana la autora nos dice:


“… el jugo y la jalea que se obtenía emitía destellos de una misteriosa, pálida transparencia (!!!) “


Esta frase resulta un tanto extraña en castellano, esa coma que pone la traductora después de misteriosa no tiene ningún sentido. En todo caso parece que la coherencia interna de la frase requeriría una “y” en vez de la coma. Como este ejemplo hay bastantes más. Estos errores molestan mucho al leerlos y distancia al lector.




También me gustaría, como muestra de esa belleza poética que en algunos momentos muestra la novela, transcribir este fragmento que creo ilustra perfectamente lo que quiero decir:


…lo único que recuerdo son las lilas blancas dispuestas sobre el ataúd, el perfume vaporoso y dulce que exhalaban y que acabó por taponarme la nariz, provocarme burbujas en la traquea y que hizo que me faltara el aire y que, con un giro, me hundiese en un agujero blanco”.


El argumento personalmente me resulta algo endeble. Considerando y teniendo en cuenta que gran parte de la trama se sostiene en saber qué ocurrió la noche del accidente de Rosmarie, que es la prima de Iris la narradora. Y la autora no nos aclara el por qué de esa muerte. Dejando la novela en final abierto que deja al criterio del lector la interpretación final. A mí personalmente no me gustan mucho los finales abiertos, a menos que estén bien hechos. Pero éste no es el caso.


Sin embargo, reconozco que la autora sí enfoca con acierto algunos momentos de la novela. Me ha interesado especialmente el estudio que hace del deterioro cognitivo de la abuela Bertha y cómo ella se va dando cuenta de su pérdida de facultades y todo el dolor que provoca a sus familiares y seres queridos. La novela está narrada con mucha sensibilidad, que en algunos momentos roza la sensiblería.


El comienzo de la novela resulta un poco confuso, tal vez porque la autora se demora mucho en caracterizarnos a cada una de los miembros de la familia. Me refiero especialmente a las hijas de Bertha: Christa, Harriet e Inga, tan distintas unas de otras. Me ha gustado el personaje de Inga y sobre todo por esa facultad innata que tiene de dar descargas eléctricas, al parecer porque cuando nació fue un día de tormenta y un rayo atravesó la casa. También me gustaría resaltar la ambientación de la novela y esa mirada a la vida rural en un pequeño pueblo alemán. Esa vida en medio de la naturaleza, de esa naturaleza que la autora nos describe con tanto detalle, casi con mimo. Y es precisamente ese detalle, ese afán por lo pequeño, lo que caracteriza la novela. Iremos conociendo la historia a partir de pequeños detalles que nos irán entrando por los sentidos. Es ésta una novela muy “sensorial”, como cuando casi podemos paladear la jalea y las compotas de manzana. Esa descripciones y ese cariño al utilizar la prosa es lo que, de alguna manera, hace que merezca la pena leer la novela. Evidentemente con estos mimbres es obvio que no es una novela para todo tipo de lectores. Es un texto cadencioso en el que las cosas suceden lentamente, casi con desidia, y por lo tanto muy alejado del tipo de literatura de más acción.


En lo que se refiere a la estructura narrativa, el texto está lleno de flasbacks retrospectivos (valga la redundancia) que nos irán dando la perspectiva necesaria, todo ello desde la voz de la narradora que es la de Iris, la protagonista. Precisamente esa elección en que el narrador sea la protagonista condiciona y perjudica la narración de esta historia de familia que narra hechos muy anteriores a propia narradora, porque, como se suele decir, no se puede ser “juez y parte”. Narrar una novela en flasbacks no suele ser fácil, porque suele enlentecer la acción principal y muchas veces tampoco nos aporta mucho al relato. En esta novela a la autora aún le falta mucho oficio para dominar la técnica de ese tipo de narración retrospectiva.

Otra de las novelas que me ha recordado al leer “El sabor de las pepitas de manzana” es “El cuento número 13” de Diane Setterfield. Especialmente por ese amor a los libros y a la palabra escrita que subyace en ambos textos. Y también al igual que en “El jardín olvidado” por ese aire de novela gótica en la que la casa es uno de los personajes principales de la novela.


También me gustaría destacar que es una novela muy descriptiva, de hecho, veremos que en el texto los personajes casi no dialogan. Es una novela con poquísimo diálogo. Con este presupuesto, forzosamente obliga a la novela a ser fundamentalmente intimista. Como decía un poco más arriba, más de sensaciones y sentimientos que de acción. Pero aún así no puedo decir que me haya conseguido emocionar. Por eso considero que es una novela fallida, porque no consigue emocionar al lector, no consigue hacerle vibrar con la historia y cuando eso no se consigue en este tipo de novelas, es que no es lo suficientemente buena. Por otra parte el relato no acaba de prender al lector, de ser lo suficientemente interesante, tal vez por su falta notoria de acción, por perderse demasiado en la forma y en los detalles y olvidar algo muy importante cuando hablamos de una novela que es la acción.

Dicho todo lo cual y en vista a los méritos que, a mi juicio, tiene la novela “El sabor de las pepitas de manzana” de Katharina Hagena, creo que la puntuación más ajustada sería de un 5,00/10.


© Luis Alberto Cao



lunes, 19 de diciembre de 2011

El bolígrafo de gel verde. Eloy Moreno.

Titulo: El bolígrafo de gel verde.
Autor: Eloy Moreno.
Editorial: Espasa Calpe.
ISBN:9788467035919.
Año de edición: 2011.
Páginas: 317.




El bolígrafo de gel verde es la primera novela de Eloy Moreno y reconozco que tenía mucha curiosidad por leerla, dado todo el interés que ha despertado en el mundo editorial. Ya que de hecho una de las editoriales más poderosas y prestigiosas en España, la editorial Espasa, decidió publicarla. Tengo que adelantar que, en términos generales, y más aún considerando que se trata de un debut literario, me ha gustado. Aunque como iremos analizando, creo que el autor, podía haber mejorado, en algunos fragmentos, la novela. Pero, sin duda alguna, para ser un autor novel tengo que reconocer que me ha parecido un texto interesante. Novela escrita con el corazón y con el sentimiento, novela con un fuerte sentimiento “empatizador” que hara que, sin duda alguna, miles de lectores de esa misma generación puedan verse perfectamente retratados.

Generalmente suelo iniciar mis reseñas con una breve sinopsis argumental de la obra. En esta ocasión voy a dejar que el propio Eloy Moreno, nos haga la presentación, transcribiendo el texto que pone en la contraportada de la novela:

Superficies de vida

Casa: 89 m2
Ascensor: 3 m2
Garaje: 8 m2
Empresa: la sala, unos 80 m2
Restaurante: 50 m2
Cafetería: 30 m2
Casa de los padres de Rebe: 90 m2
Casa de mis padres: 95 m2

Total: 445 m2

¿Puede alguien vivir en 445 m2 durante el resto de su vida?
Posiblemente sí, seguramente usted sabe de mucha gente así. Personas que se mueven por una  cárcel sin estar presas; que se levantan todos los días conociendo de antemano que todo seguirá  siendo igual que ayer, igual que mañana; personas que aún estando vivas es como si estuviesen  muertas.

Éste es el relato de un hombre que fue capaz de hacer realidad lo que cada noche soñaba entre  las sábanas: empezarlo todo de nuevo. Lo consiguió, pero pagó un precio demasiado alto

Pero si de verdad usted quiere saber cuál es el argumento de esta novela, mire su muñeca izquierda; ahí está todo.”.


El bolígrafo de gel verde, es una novela que nos habla de la nostalgia. Ya desde el comienzo de la novela el protagonista nos habla de los recuerdos de los veranos pasados en el pueblo. De esos largos veranos en los pueblos. Y lo hace con nostalgia. Es precisamente en esta primera parte cuando el autor nos dibuja como es el protagonista de la novela. Y vemos como un hecho ocurrido aquel verano le marcará, de un  modo indeleble, para siempre. Vemos la influencia que ejerce en el adulto el niño que fuimos y cómo nuestra infancia siempre está pesando y gravitando sobre nosotros. Ese sentimiento roussoniano de la importancia de las experiencias vividas en la infancia que nos influirán en nuestra madurez. También nos habla de la nostalgia cuando recuerda los momentos felices que pasó junto a Rebe (su mujer), y de todos esos pequeños detalles que les hacían tan felices.


Pienso que al igual que hablamos de una novela que trata de la nostalgia, trata también de la otra cara de la misma moneda que es el desencanto. Esa crónica de ese desencanto crónico (permítaseme la figura literaria), tiene ese punto de pensar que la vida se nos escapa de entre las manos y, a pesar de ser conscientes de ello, no poder evitar esa sangría. Cuando leía la novela no dejaba de pensar en la obra de Honoré de Balzac “Las ilusiones perdidas” y yo creo que, en mi opinión, resume muy bien el sentir de esta novela. Para ilustrar esto último creo que este fragmento sería el más adecuado:


Llegó un momento en que el futuro y el pasado dejaron de ser distinguibles. Mañana fue igual que ayer, ayer será igual que mañana”.


El autor nos plantea en su obra un relato en primera persona del protagonista. Y es, precisamente, este punto de vista del narrador subjetivo uno de sus grandes aciertos. Vamos a seguir todo el relato a través de los ojos del protagonista. Esta aproximación al relato será fundamental en el transcurso de la novela. Ya que nos mantendrá ajenos a la información fundamental y nos iremos enterando a la vez que él. La construcción de los personajes es muy creíble. El relato de esa monotonía entre la pareja, de ese hastío vital, de ese sinsentido, de esa rutina impuesta por las exigencias de los trabajos y de los horarios, de esas horas y horas de trabajo en la oficina y así todos los días está reflejada magníficamente.


Hemos ido perdiendo todo lo que nos atrajo. Se nos ha ido apagando. Hemos acabado por tolerarnos, por acostumbrarnos a la presencia del otro, a vernos deambular por un espacio común”.


Me ha gustado como Eloy Moreno describe esa relación entre los personajes que trabajan en la oficina, que a pesar de todas la horas que viven juntos no se conocen lo más mínimo. Especialmente me ha gustado el retrato que hace de D.Rafael, porqué ¿quién no se ha encontrado con un D. Rafael en su vida? También el autor nos muestra esa deshumanización e individualización tan atroz que padecemos en esta sociedad. En la que lo único que importa es uno mismo y sus problemas.


Qué clase de sociedad permite que un padre vea a su hijo sólo veinticinco minutos por la mañana y otros tantos por la noche. Qué clase de sociedad permite que un niño de dos años se levante a las siete para, diariamente, mudarse a otra casa”.


Aún entendiendo que se trata de una novela de un autor novel, resultan notorios algunos errores, tal vez más que achacables al propio autor lo sean a la corrección y edición de la novela. Por ejemplo el autor nos habla de garrulo, cuando supongo que quería decir gárrulo. Otro gazapo que me llama la atención, hay algunos más pero no merece la pena citarlos porque excedería la intención de esta reseña, es cuando en la parte final nos dice el autor “Y con las botas repletas de barro, con los calcetines saturados de agua y el peso de mis dos mochilas”, cuando sin embargo un poco antes nos dijo “Ando solo, con mi mochila a cuestas, hacía la soledad”. Una auténtica pena porque con una cuidada revisión todos estos pequeño gazapos podían haber sido subsanados fácilmente.





Desde un punto de vista estrictamente literario no me ha gustado excesivamente el uso que hace de la prosa. A esto me refería cuando quería decir que este texto adolece de una revisión en profundidad. Me refiero a ese matiz que le falta para hacer de esta novela, una obra realmente importante. Su prosa a veces resulta repetitiva y pobre. Da la sensación de que Eloy Moreno ha ido escribiendo la novela según le dictaba su corazón. Y eso  puede estar bien, o incluso muy bien, si hablamos de nuestro diario o de una carta a un conocido, pero cuando hablamos de la redacción de una obra literaria, en el fondo una obra de arte, hay que considerar que debemos ser nosotros los dueños de la novela y no que la novela se adueñe de nosotros. Eso es lo que se llama técnica y oficio. Aunque, es verdad, que en algunos momentos me ha sorprendido con el uso de algunas figuras retóricas que me han parecido muy ingeniosas, como ejemplo citaré un par de ellas:


Jugando con nuestros dedos, como cuando aún no teníamos anillos, jugando con nuestras lenguas como cuando aún no tenían veneno”


“De primero: un cuenca de sopa ardiendo. Me lo tragué de un solo mordisco. De segundo: un buen trozo de carne con patatas fritas y algunas verduras asadas. Me lo comí de un solo trago”.


Me gustaría aconsejar al futuro lector de esta novela que no se pierdan el lúcido análisis que hace el autor sobre los forofos del futbol que están contentos o decepcionados porque han ganado o perdido. No tiene desperdicio y hasta ahí puedo leer….


Por otra parte aunque el relato me ha parecido correcto y convincente, hay algunas situaciones, algunos “giros” de guión demasiado forzados que restan verosimilitud a la historia contada. Giros que nos hacen ver la tramoya que sustenta el relato. Y eso, lamentablemente, distancia al lector.


El boligrafo de gel verde, no es una novela de las típicas "new age" que están tan de moda en la actualidad, y que además se podía prestar a ello. Por el modo en que está tratado yo diría más bien que es una novela trágica, en el sentido del existencialismo. Al igual que Miguel de Unamuno en su novela”El sentimiento trágico de la vida” Eloy Moreno nos hace un profundo análisis en la problemática existencial del hombre contemporáneo. También nos muestra que lo importa no es lo que tenemos sino lo que somos. En nuestro caso el autor termina suavizando el final, mostrándonos un happy end tal vez en justo premio a la valentía del protagonista que no quiere seguir viviendo esa vida que le ata, que le sofoca y que, ni siquiera comprende. Esa vida que le hace sentirse como el ratoncillo de laboratorio que da vueltas y más vueltas a la misma noria. Y que le hace romper con todo para buscar su punto de equilibrio y su lugar en el mundo. En ese punto, cuando ha visto que su vida hace aguas por todas partes y que los puntales más firmes de su existencia también se tambalean es cuando decide buscar su camino. A mi personalmente esa parte es la que menos me ha gustado de toda la novela. Me ha parecido, que rompe el ritmo de la narración y, francamente, desentona con el resto del relato e incluso, en algunos momentos, me ha parecido francamente cursi y prescindible. Como ejemplo no me resisto a transcribir esta frase:


“Nos miramos sin conocernos, volvió a sentarse y, con sus dedos de uñas de colores, limpió el rocío de mis mejillas”.

Por último me gustaría comentar la valentía y la lucha que Eloy Moreno tuvo para dar a conocer su novela, vendiendo prácticamente puerta por puerta y la confianza que tenía en la valía de su obra. Esto me resulta encomiable como superación del ser humano, pero en ningún caso ha condicionado mi juicio sobre esta novela. Pienso que es una obra bastante correcta para tratarse de un autor novel, a pesar de todo lo mejorable que puede ser, pero espero que en próximas novelas el autor cuidara más los aspectos estilísticos e irá cogiendo más oficio para poder contar la historia de un modo más enriquecido y enriquecedor. A pesar de todo creo que es una novela que resulta amena  y no creo que defraude al lector. Y desde esta modesta reseña le ánimo, al igual que a todos los autores que empiezan, para siga perseverando y luchando en este maravilloso mundo de la literatura. Ya para terminar, finalmente, esta reseña me gustaría citar, a modo de corolario, esta frase:


“Cuando las cosas no van como esperamos nos empeñamos en cambiar los personajes, cuando lo único que hay que hacer es cambiar de historia”


Atendiendo a todo lo dicho con anterioridad y siendo fiel a mi conciencia y a mi manera de entender la crítica literaria creo que la puntuación más ajustada a la hora de enjuiciar “El boligrafo de gel verde” sería de un 6,75/10.


© Luis Alberto Cao



lunes, 12 de diciembre de 2011

Niebla roja. Patricia Cornwell.

Titulo original: Red Mist
Traducción: Alberto Coscarelli
ISBN: 9788490061350
Editorial: RBA
Año de publicación: 2011
Páginas: 474


Niebla roja es la decimonovena novela de la serie de la Doctora Kay Scarpetta, que ya desde el año 1990 año en que se publicó la primera de la serie,“Post Mortem”, no ha dejado de conseguir y cosechar éxitos entre la legión de amantes de la novela negra. Precisamente esta novela ha sido la ganadora del Premio Internacional RBA de Novela Negra. Con estas cartas de presentación, a priori muy favorables, leí esta novela. Aunque, como ya comentaré con mayor detalle y rigor, me he sentido un poco desilusionado con las buenas perspectivas que tenía al empezar a leerla.


Este texto está inserto dentro del género la novela negro y en la subcategoría de novelas de investigación forense. Genero, por otra parte,  muy de moda en la actualidad gracias, especialmente, a serie como CSI.


En cualquier caso, y como ya es habitual y para situar al eventual lector de esta reseña voy a añadir una somera sinopsis argumental. Kay Scarpetta, la famosa patólogo forense, directora del Centro Forense de Cambridge (Massachussets), médico coronel de las Fuerzas Armadas y colaboradora del Departamento de Defensa, se dirige por inhóspitos e insalubres parajes hacía la prisión de mujeres GPHW, cerca de Savannah, para entrevistarse con un mujer que está en el pasillo de la muerte, Kathleen Lawler. Ella la fue que violó con 12 años a su amigo y compañero Jack Fielding. Fruto de esa violación tuvo una hija Dawn Kincaid, una auténtica psicópata que después de varios crímenes a punto estuvo de matar a la propia doctora Scarpetta. En esa misma prisión está esperando para ser ejecutada Lola Daggette, una chica retrasada mental, que fue condenada a muerte por el brutal asesinato de un matrimonio y su pareja de mellizos de 5 años. El ensañamiento con las victimas fue atroz. Pero a Kay no le acaban de convencer las pruebas por las que Lola fue condenada, hay algo que no le encaja. Por otra parte Jaime, la ex fiscal de Nueva York, y ahora abogado criminalista está muy interesada en reabrir ese caso antes de que se ejecute la sentencia. Entre tanto y poco a poco se suceden una serie de extrañas  e inexplicables muertes, que van apuntando en una misma dirección, una serie de indicios que muestran a la doctora Kay Scarpetta como una de las principales sospechosas.


Niebla roja es una novela que resulta, en líneas generales, muy entretenida de leer. La trama resulta atrayente y adictiva. Resulta muy interesante ver la lógica del pensamiento de un forense y cómo hasta los detalles más nimios, adecuadamente tratados, pueden aportar la verdad de un crimen dentro de una investigación policial. Tiene momentos francamente buenos, para mí resultó muy interesante toda la parte de la autopsia que se práctica al cadáver de Kathleen, sobre todo porque además de distraerme me ayudo a entender y aprender muchas cosas de la práctica forense criminal. Es evidente que la novela está muy bien documentada y bastante bien escrita, sabiendo dosificar sabiamente los “tempos” y las intrigas.


Patricia Cornwell critica abiertamente el sistema penal y judicial y, especialmente, la legalización de la pena de muerte. En la novela la autora nos muestra todo el poder que tiene un forense, en una investigación criminal. Este detalle lo ilustra perfectamente cuando habla del informe forense del asesinato de todos los miembros de la familia del Doctor Clarence Jordan. Dependiendo  del enfoque que se pueda dar al informe, especialmente en la parte relativa a la muerte de los dos niños, puede predisponer en mayor o menos medida el veredicto de los miembros del Jurado. Me gusta su manera de rebuscar en la psicología de sus personajes, son personajes que poliédricos, complejos y con fondo. Sin ir más lejos la propia doctora Scarpetta, es un personaje riquísimo en matices. Una mujer muy lastrada por su pasado, por su propia infancia cuando se debió hacer cargo de un padre que estaba moribundo y no pudo salvarle después de años de intentarlo. Como tampoco pudo salvar a amigo y compañero Jack Fielding. También vemos que es una mujer desarraigada de su propia familia, casi no tiene relación ni con su madre, ni con su hermana, ni con su propia sobrina. Por eso, en mi opinión, el mayor éxito de esta novela, y de toda esta saga, es el personaje de Kay Scarpetta. De hecho con el paso de las novelas y de los años vamos viendo cómo el propio personaje va madurando, va cambiando perceptiblemente.





Pero, como decía al principio, me he sentido bastante defraudado después de leer la novela, a pesar de las buenas perspectivas iniciales. Niebla roja me ha parecido una novela muy “tramposa”. Me explico. Entiendo que es normal, dentro del género negro, que el autor se guarde algunos ases en la manga y, de un modo u otro, oculte cierta información al lector en aras a enganchar al lector en la historia. Pero, en este caso, Patricia Corwell abusa hasta el exceso de esa treta. En el final de la novela la resolución es francamente increíble, con la aparición “Deus ex machina” de un personaje vital en la resolución de la novela. Verdaderamente no me ha gustado nada este final de la novela tan precipitado y tan inconsistente, totalmente alejado del tono que ha llevado la novela hasta ese momento.


En Niebla roja, vemos cómo se van desarrollando las relaciones personales entre los personajes y cómo, de alguna manera, la autora nos remite a hecho ocurridos en anteriores obras de la saga. Pero, en absoluto, resulta necesario haber leído las novelas anteriores. Aunque en el comienza de esta novela se hace referencia a un intento de asesinato de la doctora que seguramente hará referencia a su novela anterior, la decimoctava, que aún no ha sido publicada en España, por lo que el lector se siente un poco descolocado al principio.


A pesar de todo lo reseñado más arriba, la novela también tiene puntos muy positivos. El uso de los diálogos resulta especialmente adecuado para la dosificación de la acción. La caracterización de los personajes es francamente buena. Uno de los personajes principales de esta novela es el de Dawn Kincaid, pues bien, este personaje no aparece en toda la novela pero, sin embargo, Patricia Cornwell a través de las opiniones, recuerdos, y flashbacks consigue darle cuerpo y vida. Y consigue trasmitirnos toda esa maldad y ese odio que rebosa y hace que sea uno de los personajes principales.

Niebla roja es un texto crudo, sin concesiones. La autora nos va a contar una historia de violencia y no va a ahorrar detalles en ella. Las descripciones resultan tremendamente realistas y los detalles en algunos puntos escalofriantes por su crudeza. Aunque quizás la carga de profundidad que nos deja la autora es que la violencia más tremenda e injustificada es la que, en ocasiones, ejerce el propio estado en aras a la justicia. Como comenté en la reseña de la novela “Libertad” de Jonathan Franzen es algo que está preocupando mucho, últimamente, a los autores y artistas americanos. En Niebla roja resulta aterrador ver cómo ajustician a los condenados y cómo buscan aumentar su sufrimiento antes de ser ejecutados.


En definitiva no se puede negar el oficio de Patricia Cornwell como novelista y su manejo y uso de los resortes de la novela. Pero, en mi opinión, no estamos, ni mucho menos, ante las mejor de sus obras. A pesar de haber sido premiada debo reconocer que por los motivos antes señalados me ha decepcionado, sobre todo por su final, que me ha dejado  muy frío. Porque, en honor a la verdad, resulta en líneas generales muy interesante, con algunos momentos francamente sobresalientes, hasta que en la parte final de la novela se desinfla como un soufflé.


En vista de lo cual creo que la puntuación más adecuada para valorar Niebla Roja de Patricia Cornwell sería de un 7,25/10.


© Luis Alberto Cao



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Un grito de amor desde el centro del mundo. Kyoichi Katayama

Titulo original: Sekai no chushin de ai wo sakebu
Traducción: Lourdes Porta
ISBN: 9788420472652
Editorial: Alfaguara
Año de publicación: 2008
Páginas: 192

Estamos ante una bellísima novela, como analizaremos paso a paso, que aborda con esa delicadeza propia de la sensibilidad oriental, el sentimiento del dolor por la persona amada. Sin duda “Un grito de amor desde el centro del mundo” es una novela de sentimiento, que trata el tema de la pérdida de un modo exquisito, explorando en lo más profundo de las raíces del dolor. Mientra la leía no he podido evitar recordar otra obra que de un modo magistral trataba el tema, pero desde una perspectiva occidental y cristiana. Se trata de “Una pena en observación” de C.S. Lewis, que éste escribió a modo de reflexiones tras la muerte de su esposa Joey Grishman a consecuencia de un cancer de huesos.


En primer lugar y, antes de entrar en materia, como es habitual voy a pergeñar una breve sinopsis argumental de esta interesante obra: Esta novela narra la historia de dos adolescente Sakutarô y Aki y de un amor vertiginoso y profundo que les unirá para siempre. Al comienzo asistimos a la ceremonia de esparcir las cenizas de Aki en un lugar virgen y apartado de Australia, para respetar su última voluntad. Esto nos retrotraerá a la época en la que se conocieron. Ambos eran delegados de curso y por eso se veían a menudo en reuniones. De hecho en la escuela prepararon la obra Romeo y Julieta de Shakespeare, interpretando a los dos protagonistas. Al poco tiempo Aki cae enferma, padece una leucemia y en ese momento es cuando todo se tambaleará en sus vidas….


Hacía mucho tiempo que no leía una novela con un comienzo tan magnífico y tan impactante. Un inicio de esos que, en mi opinión, dejan huella y marcan el tempo y el devenir posterior de toda la novela.


“Aquella mañana me desperté llorando. Como siempre. Ni siquiera sabía si estaba triste. Junto con las lágrimas, mis emociones se habían ido deslizando hacia alguna parte. Absorto, permanecí un rato en el futón hasta que se acercó mi madre y me dijo: «Es hora de levantarse”.


En esta novela juega un papel preponderante el tiempo climatológico y la naturaleza, ya que van, punteando y subrayando toda la parte emotiva de la novela, ya sea por analogía o por oposición. Nada más empezar vemos que está nevando, oponiendo la blancura inmaculada de la nieva con la negrura del dolor y de este modo Katayama nos predispone a entender el estado de ánimo del protagonista. Veremos como en el apogeo del amor de la pareja estará descrito por el desbordamiento de la naturaleza en la primavera y el luminoso y cálido estío. El texto es tremendamente plástico en sus descripciones. En este fragmento creo que queda muy claro:


“Por más maravilloso que sea el paisaje que tenga ante los ojos, nunca me emocionaré, la más hermosa de las vistas no me gustará. Ha desaparecido la persona que me hacía desear ver, saber, sentir…, incluso vivir. Ella ya no volverá a estar jamás a mi lado”





La obra está narrada por Sakutarô y esa elección de la voz narrativa por parte de Katayama es, en este caso, uno de sus grandes aciertos, ya que el autor nos va a narrar una historia profundamente personal y emotiva. Novela de sentimientos contenidos, que requiere una lectura pausada y reflexiva. Vemos que aunque el dolor que sufren los protagonistas es inmenso, sin embargo, todo ese dolor esta tamizado por ese espíritu zen del pueblo japonés. Para nosotros los occidentales, y muy especialmente los pueblos latinos, tan dados a las demostraciones grandilocuentes de los sentimientos, y del dolor por supuesto, esta manera de entender la vida, nos puede resultar chocantes.


En cuanto a los personajes, el personaje de Aki está apenas bosquejado, y resulta muy plano. Le falta mucha más vida. Apenas podemos vislumbrar lo que siente, lo que piensa y su forma de ser más íntima. Cosa que , por el contrario, no ocurre que Sakutarô que sí es un personaje con suficiente entidad. Otro de los personajes importantes de la novela es el abuelo de Sakutarô, un anciano que durante más de 50 años estuvo enamorado de una mujer con la que, por las convenciones sociales, no pudo casarse. Con la ayuda de su nieto, consigue “robar” del cementerio una parte de las cenizas de su amada, para que algún día sus cenizas estén unidas. El abuelo cita un antiguo poema chino.


“Tú yaces aquí durante largos días de verano y durante largas noches de invierno. Dentro de muchos años yo también descansaré junto a ti. Espero en paz a que llegue ese día” (poema chino).


Para nuestro gusto occidental está relación de pareja puede resultar un tanto desconcertante. Me explico. Vemos que es una relación muy romántica pero a su vez tremendamente casta y exenta de pasión amorosa. Evidentemente tenemos que ponernos en el lugar de la cultura japonesa, tan diametralmente opuesta a la nuestra. Con estas pautas de interpretación es como hay que leer este relato, intentando ponernos en su mentalidad. El autor pasa muy de puntillas, sugiriendo, muy por encima, la relación sexual que, por primera vez, mantienen en la isla, y lo hace de un modo exquisito. Como si lo velará premeditadamente para potenciar ese efecto “mágico” y especial que representa para la pareja. Lo que no me ha gustado mucho es que el texto está claramente dirigido a la parte dramática de la muerte de Aki. Sin embargo, todo el relato de su noviazgo, de la felicidad de su relación, como decía anteriormente parece estar velado y tratado un poco de soslayo.


La novela está trufada de homenajes y alusiones a la literatura japonesa. Cabe destacar, y es muy de agradecer, el trabajo de Lourdes Porta, la traductora de esta novela y de Murakami, que gracias a su muy cuidada edición, profusamente anotada y comentada, nos va guiando en todas esas referencias literarias, tan desconocidas para el público occidental. También hay un clarísimo homenaje a Marcel Proust, autor de la monumental “En busca del tiempo perdido”, cuando a partir del olor de un magdalena da lugar a desencadenar todos los recuerdos que narra. En “ Un grito de amor desde el centro del mundo” ese desencadenamiento de los recuerdos le vienen a Sakutarô al escuchar el ruido que hace Aki cuando mordisquea unas galletas. Todo esto no hace más que reforzar este carácter de canto a la nostalgia y a la persistencia de los recuerdos que tiene este texto.


Desde un punto de vista técnico la novela está narrada de un modo acronológico, a base de narrar hechos que han ocurrido en el pasado y en el presente. Esta manera de contar la historia es uno de sus grandes aciertos. Está narrada magistralmente y con mucho oficio nos va guiando a través de los recuerdos y como éstos influyen en el “presente” desde el que se nos narra la novela.


En la novela Katayama también explora el sentimiento de la culpa. Al principio de la novela Sakutarô escribe una carta a un programa de  radio, sabedor de que Aki escucha esa emisora. Es un programa para dedicar canciones, pero como reciben tantas sería complicado que eligiesen la suya. Para intentar atraer su atención explica que es para una chica muy  especial que está enferma de leucemia. Al poco tiempo Aki enfermerá de leucemia. Y todo esto, le añadirá un sentimiento adicional de culpa al sufrimiento de la enfermedad su novia.


El amor de Sakutarô y Aki es profundo y desborda los límites del tiempo y el espacio. Esa idealización absoluta del amor queda claramente explicada por el propio Sakutarô:


Pero enamorarse de alguien significa pensar primero en el otro. Si yo sólo tuviera un poco de comida, querría dártela a ti. Si yo tuviera muy poco dinero, antes que comprarme algo que me gustara a mí, te lo compraría a ti. Y, sólo con que tu me dijeras que estaba bueno, ya se me quitaría el hambre. Y, si tú estuvieras contenta, también lo estaría yo. El amor es eso, ¿crees que hay algo más importante que eso?”


Uno de los momentos mas interesantes y con más contenido, es la conversación que, una vez fallecida Aki, tienen Sakutarô y su abuelo. Es una conversación profunda en la que ambos bajos sus maneras de entender la vida, hablan sobre el hecho de la muerte y la vida después de ella. Y cómo la diferencia de años y de vivencias les dan un matiz distinto en la percepción de esa verdad absoluta como es la muerte.


Como comentaba más arriba, el inicio de la novela es, simplemente, magnífico pero el final no tiene nada que envidiarle. En el último capítulo cuando han transcurrido varios años desde la muerte de Aki, Kyoichi Katayama consigue emocionarnos del modo que describe esos recuerdos. Y me gustaría especialmente destacar la belleza y la emotividad de la escena de cómo esparce su novio las últimas cenizas de Aki, con ese final tan poético (no cuento más para no reventarlo).


En resumen, “Un grito desde el centro de la tierra” es una novela de encarecida lectura, por su belleza y su contenido. Por esa reflexión introspectiva sobre el hecho de la muerte y de la desaparición física de la persona amada. Sé que puede, para algunas personas, resultar un poco difícil de leer , tal vez no sea esa la palabra, más que nada porque la literatura oriental, japonesa en éste caso, está muy alejada de la literatura occidental. Novela narrada con ritmo pausado, escuchando a la naturaleza y a las emociones. Pero creo que si superamos este prejuicio resultará una lectura muy provechosa. Por otra parte, hablamos de una novela muy valiente y verdadera, porque desde el principio de la novela ya sabemos cómo va a terminar. He ahí, precisamente donde radica el mérito y el arte de este gran escritor y artista. Novela breve, de menos de 200 páginas, pero a la que no le sobra ni una página. Cosa de agradecer en estos tiempos que están de moda novelas de más de 1000 páginas a las que casi les sobra la mitad.


Dicho todo lo cual y valorando todo lo referido en la presente reseña  creo que la puntuación que haría más justicia a “Un grito de amor desde el centro del mundo” de Kyoichi Katayama, sería de un  8,25/ 10.


© Luis Alberto Cao

(El video que he colgado aquí debajo ilustra con mucha belleza el espíritu y el sentimiento de esta novela, creo que su visionado es un bonito colofón a esta reseña)