martes, 29 de mayo de 2012

El abuelo que saltó por la ventana y se largó. Jonas Jonasson.


Título original: Hundraaringen som klev ut genom fönstret och försvann
Autor: Jonas Jonasson.
Traducción: Sofía Pascual Pape.
ISBN: 978-84-9838-416-1
Editorial: Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.
Páginas: 416.
Año de edición: 2012.




“El abuelo que saltó por la ventana y se largó” del escritor sueco Jonas Jonasson, que por cierto es su primera novela, ha sido y, de hecho lo sigue siendo, un superventas en todo el mundo, traducida a decenas de lenguas  y, además, ha sido galardonada con varios premios literarios. Con todos esos presupuestos iniciales, me he decidido a reseñar esta novela en este blog literario. Después de una lectura atenta y reposada, indispensable para poder hacer una análisis lo más riguroso posible, me gustaría, a modo de introducción fijar algunos puntos, sobre los que, posteriormente, pivotará la reseña.



Mi impresión sobre esta novela, ha ido variando conforme avanzaba la lectura. Reconozco que al principio me sentí realmente sorprendido, porque, por fin, leía algo diferente a los parámetros habituales y ya tan manidos y trillados, de la literatura actual. El planteamiento inicial me resultó muy original y atractivo, así como ese toque surrealista, permítaseme casi Felliniano, que ya desde el primer momento y durante su desarrollo impregna toda la novela, especialmente en la trama argumental de la alocada huida del abuelo centenario y todos esos dispares personajes que se le van uniendo e implicando en el robo (incluido un elefante). Especialmente desternillantes son las muertes que se van produciendo en la persecución, a cuál más absurda y surrealista. Sin embargo “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” me ha recordado a una botella de vino espumoso, empieza con fuerza y con vigor y servida en nuestra copa resulta de un sabor agradable y refrescante, para terminar en un aguachirle insustancial e insípido que no nos produce más que un cierto hastío y desilusión.



Como es habitual y antes de entrar en un análisis más detallado y profundo, creo que lo más adecuado para centrar y aquilatar esta reseña, será empezar con una somera descripción de la sinopsis argumental de la novela. En esta ocasión voy a transcribir la propia sinopsis que suministra la editorial Salamandra que me parece bastante adecuada y pertinente para los fines que buscamos.


“Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Allan Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber adónde ir, se encamina a la estación de autobuses, el único sitio donde es posible pasar desapercibido. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús llega antes de que el joven regrese y Allan, sin pensarlo dos veces, se sube con la maleta, ignorante de que en el interior de ésta se apilan, ¡santo cielo!, millones de coronas de dudosa procedencia. Pero Allan Karlsson no es un abuelo fácil de amilanar. A lo largo de su centenaria vida ha tenido un montón de experiencias de lo más singulares: desde inverosímiles encuentros con personajes como Franco, Stalin o Churchill, hasta amistades comprometedoras como la esposa de Mao, pasando por actividades de alto riesgo como ser agente de la CIA o ayudar a Oppenheimer a crear la bomba atómica. Sin embargo, esta vez, en su enésima aventura, cuando creía que con su jubilación había llegado la tranquilidad, está a punto de poner todo el país patas arriba”.



Como se aprecia, bien a las claras, en el resumen argumental de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” de Jonas Jonasson, la narración está estructurada en dos planos temporales y narrativos bien distintos y estancos entre sí. Por un lado, el relato en presente de la alocada y surrealista huida del centenario Allan Karlsson de la residencia de ancianos, precisamente el día que cumplía 100 años, que en mi opinión es claramente superior al otro relato, que sería la narración, en pasado, de la vida de Allan Karlsson, prácticamente desde su nacimiento y cómo, sin comerlo ni beberlo, se convierte en un hombre clave e imprescindible de toda la Historia Universal del siglo XX. Esta trama, por así llamarla, me ha resultado la más irregular, con algunos momentos bastante logrados, pero, por el contrario, con algunos trozos bastante aburridos únicamente haciendo uso del recurso del humor zafio y fácil. En cualquier caso y en general reconozco que en algunos momentos es inevitable que se escape alguna sonrisa, por lo absurdo de las situaciones, pero, como ya refería al principio, el texto, más o menos a partir de la mitad de libro, se le empieza a ir de las manos al autor y me resultó predecible y repetitivo. Estamos, de nuevo, ante otro ejemplo más de novela a la que le sobran un buen número de páginas (digamos que la mitad). Como ya comenté en alguna reseña anterior parece ser que, desde un punto de vista de la política editorial, resulta más interesante una novela muy voluminosa que una novela de pocas páginas y por eso, la mayoría de las novelas se ve que han sido “engordadas” artificialmente. En concreto esta novela, en mi opinión, con la mitad de páginas y enfatizando más la trama argumental de la huida por toda Suecia del anciano y su “trouppe”, hubiese ganado literariamente muchos enteros.



Aún tratándose de una novela en clave de humor, no por ello Jonas Jonasson deja de utilizar la ironía para hacer una demoledora crítica de la sociedad actual y, como ya hemos visto en otras novelas ya reseñadas, cómo la crisis está golpeando los cimientos de la sociedad y a los estamentos más débiles. También el autor toca temas realmente duros de la reicente historia de Suecia, como por ejemplo, todas las prácticas de esterilización masiva que tuvieron lugar siguiendo una lamentable política eugenésica. De esta crítica social y al hilo de la crisis en que vivimos inmersos, no me resisto a citar y transcribir un breve ejemplo de esa ironía mordaz de que el autor hace gala.



De pronto, Benny se había visto obligado a buscar trabajo. Sin embargo, él, una de las personas más formadas de Suecia, no lo consiguió, pues el mercado laboral parecía preferir los estudios demostrados a los récords de años cursados. Así pues, aunque tenía por lo menos diez carreras superiores casi terminadas, al final Benny tuvo que invertir en un puesto de salchichas para tener algo a qué dedicarse”.



Lo interesante de esta novela es la visión que Jonas Jonasson nos ofrece de Suecia. Desde un punto de vista literario estamos muy acostumbrados a la visión que, sobre todo, nos ofrecen los autores de novela negra y resulta, francamente, interesante y “desengrasante” esta visión de aquella sociedad.

 
Si profundizamos un poco más en el análisis literario de la novela, vemos que literariamente es muy pobre y es evidente la falta de recursos técnicos por parte del autor. Esta falta de recursos es lo que hace que, en mi opinión la novela termine por naufragar y, una vez pasada la sorpresa del magnífico arranque del texto, el autor se ve falto de recursos para mantener durante 400 páginas esa fuerza del comienzo, cosa más que comprensible en autor novel.  Aunque se trata de una novela fundamentalmente de humor, esto no debería de ser óbice para que reúna un mínimo de condiciones artísticas. Una novela por ser de humor, no da derecho a cualquier tipo de dislates e incongruencias sin fin para justificar la “gracieta” o el chiste de turno. Todo este cúmulo de despropósitos se aprecia con meridiana claridad en el burdo y lineal diseño y creación de los personajes, especialmente patético es el trazo chusco con el que el autor nos pinta a “los malos”.  De hecho, por increíble que pueda parecer, el propio protagonista, el centenario Allan Karlsson, cuando termina la novela nos queda la sensación de que tampoco le hemos conocido mucho (me refiero en la trama de la huida por toda Suecia).



Respecto a la escritura es meramente funcional y el diseño de las escenas es más propio de una “sitcom” americana, esas de las risas enlatadas,  que de una novela. La puesta en escena de las situaciones únicamente busca encadenar una sucesión de sketchs y en algunos casos, francamente, muy forzados. Evidentemente Jonas Jonasson cuando escribió esta novela, es obvio que no pretendía pasar a la Historia de la literatura, sino vender libros.



Como comentaba al principio me he sentido muy desilusionado conforme avanzaba en la lectura de la novela. Al comienzo reconozco que me quedé muy gratamente sorprendido por su frescura, su novedad y su planteamiento francamente original. Tuve esa sensación de encontrarme ante algo diferente a esta literatura actual, prácticamente hecha en serie (¡¡afortunadamente no en todos los casos!!), pero lamentablemente fue un espejismo, porque “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” termina banalizándose y haciéndose aburrida y repetitiva. Y, la verdad, me ha dado pena porque pensaba que este libro podía ser diferente y aportar algo nuevo, pero, en mi opinión, se queda únicamente en un texto fallido que a medida que avanza hace más evidente su naufragio.



En esta reseña, al contrario de lo que me suele ocurrir, no voy a tener problemas para no alargarme en exceso, porque su análisis, honestamente, no da para mucho más.



Teniendo en cuenta todo lo referido con anterioridad e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender la literatura, creo que la puntuación más adecuada y ajustada para, en mi opinión, hacer justicia a “El abuelo que saltó por la ventana y se largo” del escritor sueco Jonas Jonasson sería de un 5,75/10.

© Luis Alberto Cao

(A modo de ilustración a esta reseña os dejo un interesante documental sobre Suecia) 



sábado, 26 de mayo de 2012

La vida después. Marta Rivera de la Cruz




Título: La vida después.
Autor: Marta Rivera de la Cruz
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 978-84-08-10477-3
Fecha de publicación: Mayo de 2011
Páginas: 400.




“Sé que tuvisteis una relación perfecta. Una relación envidiable, sin malas historias, sin malos recuerdos. Una delicia. Pero lo vuestro fue fácil, Victoria. Lo difícil fue lo mío... Es muy sencillo llevarse bien con alguien que puede coger la puerta y marcharse en cualquier momento, le dijo. Lo complicado son las relaciones a tiempo completo. La convivencia en una palabra”( La vida después. Marta Rivera de la Cruz).




He querido encabezar esta reseña, con este fragmento de la novela que, en mi opinión, resume muy acertadamente una de las tesis que Marta Rivera de la Cruz mantiene en “La vida después”, la novela que me dispongo a analizar y reseñar. Para ser honesto, como siempre intento serlo con mis lectores, empezaré por reconocer que esta es una de las novelas que me están resultando más difíciles de escribir su reseña, como explicaré al final de ella. A modo de una primera toma de posición, tengo que reconocer que me he quedado un poco decepcionado tras leer la novela, probablemente porque esperaba más de ella. Tal vez porque contaba con la referencia de haber leído su libro “En tiempos de prodigios” que me parecía una más que notable y prometedora novela.  En el caso de “La vida después” este relato me ha dado la sensación, por supuesto en mi subjetiva opinión, de una cierta “improvisación” en su factura; que no es lo mismo que “frescura”. Sin embargo, como iré desgranando más abajo con detalle, también he encontrado aspectos muy interesantes y positivos, que nos muestran que Marta Rivera de la Cruz es una escritora que conoce bien el oficio y poseedora de recursos técnicos, aunque, insisto, creo que en esta novela no ha sabido encontrarle “el punto” al relato y, tal vez, se ha difuminado en las múltiples subtramas que conforman la novela que, en mi opinión, hacen de “La vida después” un texto de menor calidad artística en comparación, por supuesto, con, en mi opinión su mejor novela, “En tiempos de prodigios”.



Como viene siendo habitual, creo que en este momento y con la finalidad de situar al eventual lector de estas líneas, lo más adecuado y pertinente, será pergeñar, eso sí, de un modo somero, la sinopsis argumental de “La vida después” de la escritora gallega Marta Rivera de la Cruz. Me he permitido transcribir literalmente la recensión del libro que nos ofrece la propia editorial Planeta.




“Victoria lleva en Nueva York la que parece una vida envidiable: da clase en la universidad, tiene un marido rico y guapo y un ático en el Upper East Side. Cuando recibe la noticia de la muerte de Jan, su mejor amigo, regresa a Madrid para asistir al funeral. Allí se encontrará con la sofisticada Chloe, antiguo amor de Jan; con su hija, la rebelde Solange; con Marga, su esposa; con su excéntrica suegra, Shirley… Un giro de los acontecimientos obligará a Victoria a permanecer en Madrid, donde tendrá que enfrentarse a la desconfianza de cuatro mujeres que nunca creyeron que su amistad con Jan fuese del todo sincera.
La vida después es una novela sobre los amigos y el afecto, y también sobre las relaciones entre mujeres. Una historia en torno al complicado mapa de los sentimientos donde hay lugar para los conflictos, los celos y la envidia, pero también para el cariño, la lealtad y la entrega.
En estas páginas, Marta Rivera de la Cruz –la novelista de las cosas pequeñas– vuelve a traernos una historia de ternura sobre la que gravita una pregunta fundamental: ¿es posible que dos personas de distinto sexo se quieran sin amarse? ¿Pueden un hombre y una mujer ser nada más que amigos?”




“La vida después” es una novela, tejida sobre varios relatos que se van imbricando entre ellos. Y algunos de esos relatos, llamémosle subtramas, me han resultado más interesantes que la propia trama principal. Por así decirlo esas subtramas, principalmente la que hace referencia al personaje de Arvid Söderman, quedan “cortas” porque hubieran tenido entidad más que suficiente para haberse desarrollado, temáticamente, incluso en una novela. De ahí mi impresión de esa, por así llamarla, sensación de “improvisación” porque no he tenido la percepción de estar ante una novela redonda, plena, rematada, sino más bien ante la yuxtaposición, más o menos adecuada, de una serie de relatos anidados. Por otra parte, no me ha gustado el final de la novela. Me ha parecido demasiado forzado e increíble, un poco metido con calzador, buscando ese inevitable “happy-end”. Del mismo modo la rápida progresión de los personajes, principalmente de las cuatro mujeres protagonistas, me ha resultado demasiado rápida y el reflejo de sus cambios de actitudes personales apenas esbozados. Me explico. Al principio de la novela vemos que hay una serie de “situaciones complicadas” entre las protagonistas, por distintos motivos, sin embargo, asistimos a que al final toda esa problemática ha sido superada, pero la autora, en mi opinión, no entra al fondo de un modo explicito en ese proceso de “superación”. Es paradigmático el caso del personaje de Solange, la hija de Jan, que se prestaba a un amplio desarrollo narrativo, por su peso específico en el relato y que, sin embargo, queda infravalorado, a mi modo de ver, y apenas esbozado, en comparación con todo el jugo que el personaje parece demandar, dentro de la historia que la autora nos cuenta.



Me ha gustado el planteamiento formal que Marta Rivera de la Cruz nos propone a la hora de poner voz al narrador. Vemos que, en principio, se trata de un narrador en tercera persona, omnisciente, pero, y he aquí el acierto de la autora, que nos permite conocer los pensamientos íntimos de la protagonista, que en primera persona se van alternando con la voz del narrador. Vemos aquí un ejemplo, como comentaba un poco más arriba, del uso del oficio por parte de la autora y cómo de este modo, nos ayuda a subjetivar y “humanizar” el relato principal.


 
En “La vida después” Marta Rivera de la Cruz nos disecciona, casi con escalpelo, esa relación que tienen Victoria y Jan. Una relación entre ambos exclusivamente de amistad, de una amistad pura, en la que no ha habido “contaminación” por relaciones sexuales. Y cómo resulta imposible de comprender por todas las personas que les rodean, incluyendo, por supuesto, a sus respectivos novios y parejas. En este lúcido análisis, la autora indaga, con una aguda penetración psicológica, los entresijos de porque las relaciones de amistad, sufren mucho menos que las relaciones sentimentales... y de por qué se deterioran mucho antes. Especialmente me gustaría reseñar y elogiar una magnífica escena que tienen las dos protagonistas Victoria y Marga, la que fue la mujer de Jan, mientras están en el dormitorio de ellos. Me voy a permitir transcribir un fragmento de esta parte de la novela, que, por cierto, también me ha servido de marco para iniciar esta reseña,  en el que la autora, con mucha habilidad, pone el dedo en la llaga.



Sé que tuvisteis una relación perfecta. Una relación envidiable, sin malas historias, sin malos recuerdos. Una delicia. Pero lo vuestro fue muy fácil, Victoria. Lo difícil fue lo mío.
Era lo último que Victoria esperaba escuchar. Se sentó en una butaca de cuero marrón, sin poder apartar los ojos de Marga, que había abierto de una patada la caja de los truenos y no parecía dispuesta a cerrarla. Es muy sencillo llevarse bien con alguien que puede coger la puerta y marcharse en cualquier momento, le dijo. Lo complicado son las relaciones a tiempo completo. La convivencia, en una palabra. (...) Hacer frente a la intimidad con mayúsculas... ése es el verdadero reto. Esquivar a diario las trampas de la convivencia y la rutina. Ah, claro, Victoria y Javier nunca se habían peleado... ni siquiera habían cruzado una palabra más alta que la otra. Pero  es que ellos dos no habían compartido el inmenso montón de miserias cotidianas a las que tiene que enfrentarse a diario cualquier matrimonio. Es fácil no discutir cuando no hay ropa sucia en el cesto, platos en el fregadero, luces encendidas a deshora, colillas mal apagadas, tubos abiertos de pasta de dientes o tapones de champú desenroscados. Cuando no hay hijos que educar, familias políticas que presionan, deudas que asumir, futuro que encarar. ¿Cuál era el universo común de ellos dos, los perfectos amigos? Un montón de libros, algunos viajes caros, intereses comunes, botellas de whisky o copas de dry martini, cotilleos, planes  de trabajo... Las preocupaciones severas de uno jamás repercutían directamente en el otro, de forma que era muy sencillo convertirse en un hombro sólido en el que llorar cada vez que alguno de los dos lo necesitaba”.



Como avanzaba con anterioridad, creo que esta novela peca de un exceso de material temático. De esta novela, perfectamente, se podía sacar material para escribir por lo menos tres novelas. Algunas de las subtramas, especialmente la de  Arvid Sodërman y Greta Garbo, como sugería más arriba, tienen entidad para independizarse en una novela propia. Esta abundancia de material temático es lo que, produce, bajo mi punto de vista, esta sensación de improvisación, de que suceden demasiadas cosas que, aparentemente, nos alejan del relato principal. Y también esa sensación de “falta de plenitud” porque estas narraciones no acaban de “cerrase” en sí mismas. Lo peor de todo es que probablemente la trama principal sea, desde un punto de vista narrativo, la más floja de todas ellas. A excepción de algunos momentos “puntales”, como el ya referido y trascrito diálogo entre Victoria y Marga, me ha parecido bastante lineal y, por momentos, insulso.



A modo de resumen diré que después de haber leído prácticamente toda la obra de Marta Rivera de la Cruz, y además tengo que reconocer que es una autora que me interesa literariamente hablando, esto no es óbice para que, honestamente crea, que “La vida después” es, probablemente, su novela más floja. Y, de verdad  que lo siento. Sin embargo estoy seguro de que en su próxima novela Marta Rivera de la Cruz, que me consta que es una escritora de talento, se sobrepondrá, con toda seguridad, a este bache en su carrera literaria.



Dicho todo lo cual, y atendiendo a todo lo referido con anterioridad en esta reseña e intentando ser lo más fiel a mi manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que más justicia haría a “La vida después” de la escritora  gallega Marta Rivera de la Cruz sería de un 6,00/ 10.

© Luis Alberto Cao




domingo, 20 de mayo de 2012

Gataca. Franz Thilliez.


Título original: Gataca.
Autor: Franck Thilliez.
Traducción: Joan Riambau Möller.
ISBN: 978-84-233-4581-6
Editorial Destino.
Colección Áncora & delfín.
Páginas: 656.
Fecha de publicación: 12 de enero de  2012.



“ Los muertos pueden estar vivos. Basta con creer en ellos y regresan”.

“La evolución es una excepción. La regla es la extinción” (Gataca. Franz Thilliez)




“Impactante, turbadora y profundamente desasosegadora. He querido empezar esta reseña de la novela “El síndrome E” del escritor galo Franck Thilliez, con estos epítetos. Epítetos que reflejan mi estado de ánimo después de su lectura. Este es un thriller que apela directamente a las vísceras, un auténtico torpedo en la línea de flotación. Un libro que al terminar su lectura obliga a detenerse y pensar, sobre la carga de profundidad que se halla en su interior”. He querido iniciar esta reseña de la novela Gataca del escritor galo Franz Thilliez, citando, textualmente, el comienzo de la reseña que escribí, en concreto el día 31 de enero de 2012, en este blog, cuando reseñé la novela “El síndrome E” del mismo autor. Ayer, cuando terminé la lectura de “Gataca” me sentí tremendamente impactado. Sí impactado porque tuve la sensación de haber leído una grandísima novela, perfectamente desarrollada e impecablemente resuelta. Una novela que cierra y ata todos los cabos que han quedado abiertos. Un auténtico mecanismo de relojería, que sin estridencias, funciona a la perfección.



Como suele ser habitual en mí, he tenido que dejar reposar durante un día la novela, antes de sentarme ante el ordenador para redactar esta reseña y, tal vez, más que nunca ha sido necesario con el fin de poder reposar y analizar del modo más desapasionado posible esta impactante novela que tengo que reconocer que, por momentos, me ha impactado. Y estoy convencido,  que al igual que en su anterior, “El síndrome E”, en esta Franz Thilliez no va a dejar indiferente a ningún lector. Más adelante me detendré en un análisis más exhaustivo de la novela, pero en principio, y con la finalidad de situar un poco al eventual lector de esta reseña, voy a transcribir la somera sinopsis argumental que nos suministra la propia editorial Destino, sobre esta novela.



“Un padre infanticida apuñalado en su coche en el bosque de Vincennes. El cadáver de una estudiante de biología descubierto en la jaula de un primate, aparentemente asesinada por uno de los animales. Los restos de una familia de neandertales a los que mató un cromañón hallados en una grieta en la cumbre de un macizo alpino. El asesino de niños Grégory Carnot encontrado muerto en su celda. Un médico obstetra que investiga sobre genética salvajemente asesinado en su domicilio de Montmartre. ¿Qué invisible hilo une estos crímenes atroces, cometidos con 30.000 años de diferencia?. 


Destrozada por una terrible pérdida, devorada y espoleada por el odio, Lucie Henebelle se lanza sobre la pista de los asesinos junto a Franck Sharko, igualmente incapaz de olvidar la terrible experiencia vivida. Una investigación que, a través de la genética, les conducirá a las raíces del mal”.



Franz Thilliez, según nos cuenta él mismo en el “a modo de conclusión” al final de la novela, concibió tanto “El síndrome E” como “Gataca” como un díptico sobre la violencia, me voy a permitir, dado su interés transcribir sus palabras, con la finalidad de enmarcar y delimitar el alcance de nuestro análisis, así cómo la finalidad que persiguió Thilliez a la hora de escribir este díptico de la violencia.


“La escritura de este díptico me ha dado ocasión para reflexionar acerca del tema de la violencia. ¿De dónde procede? ¿Cuáles son sus cimientos, sus orígenes profundos? ¿Puede afectar a cualquiera y en cualquier momento? El síndrome E se interesa particularmente por la violencia en nuestra sociedad contemporánea y la manera en que se extiende entre los individuos del planeta, dejando de lado, voluntariamente, el factor cronológico. Calificaría ese procedimiento de «vertical»: dilución en el espacio y no en el tiempo. Con Gataca quería abordar el otro eje, el eje horizontal o cronológico, que abarca varios milenios. ¿Cómo ha evolucionado la violencia desde los primeros hombres hasta nuestra civilización moderna? ¿Por qué medios se propagó? ¿Genéticos o culturales?”



En primer lugar, me gustaría comentar, que “Gataca” me ha gustado aún más que “El síndrome E”. Me ha parecido una novela más rematada, más verosímil, en algunos aspectos y, como siempre, con un gran dominio del “tempo” narrativo. Desde un punto de vista estrictamente formal, que no estilistico, y al menos esa es mi opinión, resulta evidente una maduración en la técnica de escritura del autor y en su manera, sobre todo, de avanzar en el diseño y en el dibujo de los personajes. Toda esa relación entre el comisario Frank Sharko y Lucie Henebelle, esa historia entre esos dos personajes fracasados, decepcionados y asqueados con la vida, está perfectamente construida. Y de hecho, de alguna manera, nos sentimos participes de esa relación en una permanente tensión de amor-odio. Y como ambos personajes han sido zarandeados por la maldad humana, en sus más diversas acepciones.  Creo que antes de avanzar en esta reseña, sería conveniente advertir al lector, que para leer “Gataca” no es estrictamente necesario, aunque sí sería deseable, haber leído la novela anterior. “Gataca” tiene una cierta autonomía temática respecto a la anterior novela y resulta inteligible per se. La novela está narrada en tercera persona, pero en este caso, no encontraremos la habitual figura del narrador omnisciente. El narrador de “Gataca” narrará en presente y, por así decirlo, “conocerá” los sucesos al mismo tiempo que los personajes y el lector. Esto es, el narrador, no estará por encima de la narración.



Otro de los detalles que me han parecido más destacables y por eso no me resisto a  comentarlo aquí, es que a pesar de tratarse de una novela de género negro me ha resultado muy instructiva y muy trabajada desde un punto de vista documental. El propio Thilliez nos comenta, a modo de ejemplo, que “la mayoría de los fenómenos científicos descritos en esta obra son verdaderos. Por increíble que pueda parecer, la lateralidad y la violencia están relacionadas. Eso no significa que los zurdos sean más violentos, simplemente que son más numerosos en las sociedades violentas”.



No podemos dejar de considerar que “Gataca” es una novela escrita y concebida para ser un bestseller. Y bajo esta premisa, que resulta evidente tras su lectura, es como tenemos que intentar enjuiciarla. El lenguaje que utiliza Franz Thilliez es, meramente instrumental, funcional, sin ninguna pretensión artística, cosa lamento que sea así y que echo de menos. El autor no pretende escribir con un depurado estilo literario, lo único que pretende es embarcarnos, en un relato muy bien hilvanado, eso sí, y, como comenté más arriba, sobre todo muy bien resuelto. Cuando leí “El síndrome E” ya me dio esa sensación pero tras leer “Gataca” me puedo reafirmar en que Franz Thilliez es, en mi opinión, el Dan Brown europeo. Sus obras están escritas bajo un mismo patrón estilístico y formal,  así como por su manera de narrar y enlazar las tramas y subtramas que conforman la novela. En cualquier caso, Franz Thilliez es un buen conocedor del oficio de la escritura y sabe, como pocos, dosificar y llevar en volandas al lector. Tal vez parte de ese éxito lo tenga su modo de narración casi cinematográfica, con un continuo uso de una gramática más propia del cine, que de la propia literatura, pero que se rebela como altamente “valiosa”.


 
En esta primera parte de la reseña he analizado, eso sí y por desgracia muy por encima, la parte estilística o formal de “Gataca” ahora me gustaría profundizar un poco más en el fondo de esta novela. Al cerrar este libro, al igual que pasó con “El síndrome E” me ha quedado la sensación de no saber exactamente dónde termina la realidad y dónde empieza la imaginación del escritor. Y tengo que decirlo de un modo francamente admirativo. La realidad y la ficción están tan perfectamente imbricadas en la novela que resulta difícil discernir y separar la una de la otra. En algunos casos he tenido que buscar referencias en google, ante la duda de si era verdadero o fruto de la imaginación de Thilliez, lo que aparecía en el libro. Por ejemplo este pasaje fue uno de los que más dudas me ha suscitado al respecto.



“En los deportes muy interactivos, en los que el enfrentamiento puede ser considerado como una particular forma de combate, la presencia de zurdos alcanza casi el 50 por ciento. Ya sea el boxeo, la esgrima o el judo. Cuanto más se alejan entre sí los adversarios, más disminuye esta proporción. Es importante también en el ping pong, por ejemplo, pero vuelve a la proporción normal en el tenis y en los deportes colectivos, en los que esta noción de interactividad es menor”.



La hipótesis que nos plantea Thilliez en la novela, no me voy a explayar mucho para no reventarla a los posibles lectores, a los que se la recomienda encarecidamente, ya es avanzada en “El síndrome E” y nos habla de la supuesta existencia del “gen de la violencia” (conocido como síndrome XYY). En “Gataca” el autor nos va a llevar, de la mano, desde la prehistoria con el hombre de Cromañón, hasta la actualidad pasando por las tribus más prehistóricas y aisladas que aún sobreviven en el Amazonas. Y Thilliez con su maestría y su talento nos mostrará que todo esto, tan aparentemente dispar, tiene una relación y una congruencia en el crimen que Sharko y Lucie están investigando.



Una vez más en “Gataca” Thilliez nos acompañará a través de la ignominia y del lado más oscuro y deleznable del ser humano, en un viaje a la violencia más atávica que pueda imaginarse. La novela está repleta de escenas de una violencia espeluznante, que tal vez pueda resultar gratuita, pero, en mi opinión, no es así de ninguna manera. Toda esa violencia está plenamente justificada en el propio relato. También al igual que “El síndrome E” en “Gataca” el autor nos alertará sobre los peligros del uso no ético de la ciencia. La ciencia debe estar sometida a la ética. Cuando no se cumple esta máxima entonces se llegan a las atrocidades que se ven en la novela y que, por desgracia, en la historia han quedado patentes y manifiestas.


En las escenas más “románticas” o más de sentimiento que tienen Frank Sharko y Lucie Henebelle, están narradas con una exquisitez y un, por así llamarlo, pudor que, inserto en esa violencia que continuamente subyace en la novela, provoca un interesante efecto artístico.


Por último me gustaría hacer referencia a cómo Thillliez nos narra el final de la novela, con una gran maestría, planteándonos un relato en paralelo entre lo que le ocurre a Lucie y por otra parte el interrogatorio de Sharko. Escena muy técnicamente complicada de narrar, resuelta con mucha maestría por parte del autor. Por cierto, alguno de los lectores de esta reseña se preguntarán del por qué del este extraño título para la novela... La razón es porque las letras G,A,T,C hacen referencia a la secuencia del ADN.



A modo de resumen, y para no alargarme mucho más, cosa que lamento en esta ocasión especialmente, porque esta novela da para un exhaustivo y prolijo análisis y comentario, creo que “Gataca”, a pesar de tratarse de un auténtico bestseller, es una novela interesante, amena y altamente adictiva y de una fácil lectura. A pesar de ser una novela de más de 600 páginas no se hace aburrida para nada, gracias  a que está escrita con un gran sentido del ritmo narrativo, que no da un instante de respiro al lector. Otro de sus grandes méritos, como ya comenté más arriba, es que resulta veraz y creíble en todo momento, haciéndonos dudar de dónde terminar la realidad y empieza la fantasia. Novela que funciona como una perfecta maquinaria de relojería donde todos los engranajes funcionan a la perfección. Y además está perfectamente resuelta atando todos los cabos que se han ido abriendo en su desarrollo. Por el contrario, sin embargo, me ha parecido escrita con un estilo demasiado utilitarista y a veces, incluso, demasiado pobre y descuidado. Una pena, sin duda alguna, porque de ser una novela muy buena, por estos y otros detalles queda sólo en una novela muy interesante.


Por lo tanto y a la vista de todo lo expuesto más arriba y considerando todo lo esgrimido con anterioridad creo que, según mi manera de entender el arte literario, la puntuación más ajustada a la hora de enjuiciar y valorar la novela “Gataca” del escritor galo Franz Thilliez, sería de un 7,25/10.

Reseña de la novela "El síndrome E" en "Las bizarrías de Belisa":

http://www.bizarriasdebelisa.com/2012/01/el-sindrome-e-franck-thilliez.html

© Luis Alberto Cao


jueves, 17 de mayo de 2012

Los juegos del hambre. Suzanne Collins.


Título original: The hunger games.
Autor: Suzanne Collins.
Traducción: Pilar Ramírez Tello.
ISBN: 9788498675399.
Editorial: Molino.
Páginas: 400.
Año de edición: 2009.





Desde siempre, para ser más exacto desde que empecé hace ya bastantes años en este mundo de la crítica literaria, una de mis máximas a la hora de enfrentarme al análisis crítico de un libro, como ya comenté con anterioridad en otra reseña, es hacerlo libre de todo tipo de prejuicios y con la mirada  “limpia”. He decido empezar esta reseña sobre la novela “Los juegos del hambre” de la escritora norteamericana Suzanne Collins, con esta reflexión sobre mi modo de entender la crítica literaria, porque me ha parecido más justificada que nunca. Quería abstraerme de todo esta campaña de marketing tan potente que ha envuelto esta serie de novelas, así como la película, que han convertido, entre la juventud, esta novela, poco menos que en un libro de “culto” y única y exclusivamente valorar, del modo más desapasionado posible, la novela como un texto eminentemente literario. Como es habitual en todas mis reseñas, he dejado pasar un día, desde la terminación de la lectura del libro, para poder sentarme a escribir esta reseña del modo más desapasionado y objetivo posible.



Dicho todo lo cual, y a modo de fijación de mi opinión, debo decir que “Los juegos del hambre” me ha parecido una novela interesante, escrita con oficio. Toda una lección de cómo hay que escribir un bestseller, mezclando sabiamente los ingredientes y salpimentándolo con una historia de amor tan del gusto de los jóvenes y con su correspondiente “moralina” edificante. Sin embargo, a pesar de ser un libro entretenido, adolece, en mi opinión, de algunos graves errores, que si hubieran sido enmendados, la novela hubiese ganado muchos enteros, que en mi opinión han sido sacrificados en aras a las ventas. Pero, en cualquier caso, la autora, cuando escribió este libro, no pienso que lo hiciese con intención de pasar a la historia de la literatura, supongo que su principal finalidad era vender libros.... y eso, sin duda alguna, lo ha conseguido.



Como es habitual y para contextualizar el ámbito de esta reseña, creo que lo más adecuado será hacer una breve sinopsis argumental de la novela. Creo que la que suministra la editorial Molino, me parece bastante adecuada para la finalidad que persigo, por lo que voy  a transcribirla. Me he permitido hacer algunas adiciones que, en mi opinión, aclaran un poco más este resumen:



“Es la hora. Ya no hay vuelta atrás. Los juegos van a comenzar. Los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir.
Ganar significa Fama y riqueza, perder significa la muerte segura...
¡Que empiecen los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre!.Un pasado de guerras, sobre los restos de un país que un día fue Norteamérica, ha dejado los 12 distritos sojuzgados que dividen Panem bajo el poder tiránico del Capitolio, sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Sólo una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida. Sus principios se pondrán a prueba con “Los juegos del hambre”, espectáculo televisado que el Capitolio organiza para humillar a la población. Cada año, 2 representantes de cada distrito serán obligados a subsistir en un medio hostil y luchar a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente. Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar, decidida a demostrar con su actitud firme y decidida, que aún en las situaciones más desesperadas hay lugar para el amor y el respeto”.



En primer lugar me gustaría explayarme un poco más en la faceta del comentario literario de la novela antes de entrar propiamente en la reseña en sí. “Los juegos del hambre” nos plantea una sociedad apocalíptica surgida del hundimiento de la sociedad norteamericana, de la sociedad occidental en definitiva. Esta nueva sociedad está basada en la falta de respeto al ser humano y en el que las personas viven sojuzgadas por el poder omnímodo del Capitolio. Por lo que, y al menos esa es mi opinión, toda la novela es una gran parábola sobre el hundimiento de nuestras sociedades actuales (del estado de bienestar) y producto de un mundo en crisis. Algunas personas que han leído esta novela me dijeron que le encontraban un cierto parecido con 1984 de Orwell. En cierto sentido,  por así decirlo de un modo simbólico, esta novela bebe de 1984, pero está a años luz de su calidad literaria. Todo el tema del espectáculo a lo “Gran hermano”, televisado y regodeándose en el morbo de estos “Juegos del hambre”, así como la figura de ese poder omnímodo que controla y supervisa todo, ya está preconizado, de hecho, en la magistral novela de Orwell. En suma, la autora, nos traza un aterrador fresco de una sociedad distópica como antítesis a esa sociedad utópica ideal.


Mucha gente opina que “Los juegos del hambre” es una novela principalmente escrita y orientada para un sector de lectores jóvenes. Personalmente no estoy de acuerdo con ello. Por así decirlo, aparentemente en un primer nivel de lectura parece una novela de acción, con unas gotas de romance adolescente, muy apropiada para el gusto de los jóvenes, pero si profundizamos un poco más en la lectura y en su significado, en su meta significado, veremos que tras su lenguaje simbólico, la autora nos deja algunos mensajes más profundos que pueden pasar desapercibidos. Voy a transcribir un de párrafos a modo de ejemplo de a qué me refiero:


“Algunas veces, cuando estamos en lo más profundo del bosque, lo he oído despotricar contra las teselas, diciendo que no son más que otro instrumento para fomentar la miseria en nuestro distrito, una forma de sembrar el odio entre los trabajadores hambrientos de la Veta y los que no suelen tener problemas de comida, y, así, asegurarse de que nunca confiemos los unos en los otros. «Al Capitolio le viene bien que estemos divididos»”



“Justo cuando el reloj da las dos, el alcalde sube al podio y empieza a leer. Es la misma historia de todos los años, en la que habla de la creación de Panem, el país que se levantó de las cenizas de un lugar antes llamado Norteamérica. Enumera la lista de desastres, las sequías, las tormentas, los incendios, los mares que subieron y se tragaron gran parte de la tierra, y la brutal guerra por hacerse con los pocos recursos que quedaron. El resultado fue Panem, un reluciente Capitolio rodeado por trece distritos, que llevó la paz y la prosperidad a sus ciudadanos. Entonces llegaron los Días Oscuros, la rebelión de los distritos contra el Capitolio. Derrotaron a doce de ellos y aniquilaron al decimotercero. El Tratado de la Traición nos dio unas nuevas leyes para garantizar la paz y, como recordatorio anual de que los Días Oscuros no deben volver a repetirse, nos dio también los Juegos del Hambre”.



En este último párrafo que acabo de transcribir, ¿no recuerda, de alguna manera, esos trece distritos de Panem, a las trece colonias que fundaron los Estados Unidos de América?. Pues bien toda la novela está repleta de ese simbolismo que, a modo de una parábola, nos “adoctrina” (valga la expresión) sin darnos cuenta.


 
“Los juegos del hambre” me parecido una novela cajón de sastre en el que la autora ha ido mezclando ingredientes de todo tipo, conocedora de cuales son, los más “sabrosos” a la hora de cocinar un bestseller. Ese, sin duda alguna, es todo un mérito por parte de ella. Pero, sin embargo, he echado de menos algo de originalidad, algo que me hubiese sorprendido, pero, la verdad, es que no lo he encontrado. Eso no quita que, en mi opinión, la novela sea ágil, entretenida y con una narración bien llevada, con mucho ritmo, aunque en la tercera parte va perdiendo fuelle, respecto a las dos primeras (probablemente sea ésta la parte más específicamente dirigida al lector adolescente). Así es que, tengo que reconocer, honestamente, que su lectura me ha resultado entretenida e, incluso, a ratos francamente interesante.



Los amables lectores que seguís habitualmente mis reseñas, sabéis que siempre presto mucha atención a cómo se remata una novela, que, tal vez, sea una de las partes más difíciles a la hora de escribir. Y es una de las variables que marca esa diferencia de los grandes autores. En esta novela Suzanne Collins ha apostado por un final que, personalmente, no me ha gustado nada para así justificar la saga de novelas subsiguiente. Y en este final volvemos a ver, de nuevo, que la autora persigue más vender libros que la calidad literaria y artística. La escena final del concurso “Los juegos del hambre” no me ha gustado absolutamente nada, por lo absurda que es (y no digo más para no reventar la novela) y, en conclusión, me ha dejado frío e indiferente.



Suzanne Collins nos narra la historia en primera persona y en tiempo presente, a través del personaje de Katniss, la protagonista. Y, la verdad, es que está muy bien narrada, porque resulta complicado, desde ese punto de vista tan “parcial” la autora, mantener y narrar todos los acontecimientos que ocurren con un ritmo tan trepidante. Es evidente que la autora conoce, a fondo, la técnica de la escritura y del relato y su narración es simple pero eficaz y efectista. Otro tema sería desde un punto de vista estilístico. Su estilo resulta pobre, repetitivo y, por momentos, excesivamente simple. En cuanto al dibujo de los personajes, resulta eficaz y convincente, aunque, a excepción hecha de la protagonista, su trazado resulta excesivamente simplista y previsible. Sin embargo, me ha resultado interesante todo ese proceso de lucha por la supervivencia y de auto superación por parte de los protagonistas.



También me gustaría advertir al lector de esta reseña, que únicamente hago referencia a la primera novela de la trilogía. Por lo que, como es evidente, no me puedo pronunciar sobre las otras dos novelas posteriores.


De  vez en cuando vemos algunos “detalles” de buena literatura. Por ejemplo me ha gustado como la autora a partir de una flor de diente de león que ve Katniss, le sirve de “apoyo” para rememorar y retrotraerse a un recuerdo de su niñez. Salvando las infinitas distancias como la famosa magdalena de Proust en su monumental “A la búsqueda del tiempo perdido”.


A modo de resumen, y para no extenderme ya mucho más en esta reseña, me gustaría decir que “Los juegos del hambre” me ha parecido una novela francamente amena y que sabe mantener la atención y el interés del lector. Aunque, tal vez,  no sea un libro muy indicado para lectores muy exigentes. Pero, en definitiva esta novela es  ideal para una lectura ligera y sin muchas pretensiones; la típica lectura ideal para pasar un rato entretenido. Relato escrito con mucho oficio por una escritora que conoce bien todos los resortes de cómo  escribir un bestseller.


Dicho todo lo cual y de acuerdo con mi manera de entender el arte literario y tomando en consideración todo lo apuntado con anterioridad, creo que la puntuación que haría más justicia a “Los juegos del hambre” de la escritora norteamericana Suzanne Collins, sería de 7,25/10.

© Luis Alberto Cao

(Como ilustración a esta reseña os dejo una imágenes del trailer de la película)

domingo, 13 de mayo de 2012

Las horas distantes. Kate Morton


Título original: Distant hours.
Autor: Kate Morton
Traducción: Luisa Borovsky
Editorial: Suma de letras
Año de publicación: 2012
ISBN: 9788483652510
Páginas: 630



“Todo comenzó con una carta. Una carta, perdida durante mucho tiempo, que había esperado medio siglo en una saca de correos olvidada, en el oscuro desván de una insignificante casa de Bermondsey. A menudo pienso en esa saca de correos; en los  cientos de cartas de amor, facturas de tiendas, tarjetas de cumpleaños, notas de hijos a sus padres que se amontonaban y suspiraban allí, mientras sus mensajes frustrados susurraban en la oscuridad, aguardando a que alguien notara su presencia. Porque, como se suele decir, una carta siempre buscará un lector; tarde o temprano, de algún modo, las palabras encontrarán la forma de ver la luz, de revelar sus secretos”.(Las horas distantes. Kate Morton).




Aún con el recuerdo vívido, fresco, reciente y con la intensa emoción que me ha producido, aún latente, la lectura de “Las horas distantes” de la escritora australiana Kate Morton, me dispongo a escribir la reseña de esta magnífica y extraordinaria novela. Sí, magnífica y extraordinaria; y me reafirmo en los epítetos empleados, como intentaré describir con detalle y detenimiento a lo largo del análisis de este libro.  Ante todo y a modo de resumen preliminar, el texto es magnífico por su bellísimo uso del lenguaje y de esa prosa tan depurada y tan intensamente plástica y visual de la que hace gala, como ya apuntaba en sus dos novelas anteriores (“La casa de Riverton” y “El jardín olvidado”) y, como no, por su técnica narrativa que mediante esta compleja narración, en tres épocas distintas, nos va guiando y relatando en esta hermosa historia en la que lo ecos del pasado siguen retumbando y marcando, irremisiblemente, el presente.



Como viene siendo habitual y antes de entrar, propiamente, en el análisis y el comentario de “Las horas distantes” de Kate Morton, creo que lo más adecuado es, para situar al eventual lector de estas líneas y, de este modo, contextualizar la reseña, bosquejar, aunque sea someramente, la sinopsis argumental de la novela. En esta ocasión me parece bastante adecuada y pertinente la que nos presenta en su página web la propia editorial Suma de Letras, por lo que, a continuación, paso a transcribirla literalmente:


Edie Burchill y su madre nunca han estado lo que se dice unidas. Pero un domingo por la tarde llega a su casa una carta, perdida hace tiempo, con el remite de Milderhurst Castle, en Kent (Inglaterra), y Edie empieza a pensar que la frialdad de su madre oculta un antiguo secreto.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la madre de Edie fue evacuada de Londres y acogida por la misteriosa Juniper Blythe en Milderhurst Castle, donde vivía con sus hermanas gemelas y su padre, Raymond, autor del clásico infantil La verdadera historia del Hombre de Barro. El espléndido y enorme castillo le muestra un nuevo mundo en el que descubre la fantasía y el placer de los libros, pero también sus peligros.
Cincuenta años más tarde, cuando Edie busca las respuestas al enigma de su madre, se siente atraída por Milderhurst Castle, donde, ya ancianas, las excéntricas gemelas y Juniper viven todavía.
En el ya ruinoso castillo, Edie investiga el pasado de su madre. Pero hay otros secretos escondidos entre sus muros, y Edie está a punto de averiguar más de lo que esperaba. Lo que realmente sucedió en las horas distantes ha estado aguardando mucho tiempo a que alguien lo desvelara”.


Antes de sentarme ante el ordenador para escribir esta reseña, he empezado por releer la que en su momento hice (octubre de 2011) de la anterior novela que publicó y escribió Kate Morton, “El jardín olvidado”,  y volver a consultar y releer todas las notas que me sugirió su lectura en aquel momento. En aquella reseña ya se perfilaban las líneas maestras del estilo literario y artístico de la autora: narraciones paralelas a lo largo de varios planos cronológicos que se van imbricando; narración en la que uno de los personajes principales es una mansión, en este caso un castillo (Milderhurst Castle), típico de la novela gótica; un complejo mundo de relaciones entre miembros de una familia, en este caso hermanas; un secreto del pasado, cuyo peso lastra el presente... Todo esto se mantiene en esta última novela pero, sin embargo, se aprecia una evolución, una maduración artística a la hora de escribir, que, en mi opinión, hace de “Las horas distantes” una novela mucho mejor, mucho más aquilatada que sus anteriores trabajos. Esto se aprecia muy claramente, entre otras cosas, en cómo resuelve la novela. Sin querer “destriparla” mucho, se puede comprobar que la gradación del ritmo va en “in crescendo” que va llevando a lector en volandas hacia ese final que nos deja satisfechos y complacidos. En suma, la novela está bien rematada, cosa que sin embargo no consiguió, en mi opinión, tan plenamente Kate Morton en su anterior novela.



Al principio de la reseña destaqué el uso tan literario y tan hermoso de la prosa, y ese uso tan “plástico y sensual” del que hace gala y al que, sin duda, en algunos momentos definiría como prosa descriptiva de una belleza casi lírica. Indudablemente, me gustaría destacar la magnífica y hermosa traducción de Luisa Borovsky, que ha vertido al castellano este texto tan complejo de traducir y nos ha permitido asomarnos a esa fuerza expresiva de la autora. Como ejemplo me gustaría transcribir un párrafo en el que se aprecia ese lirismo y esa plasticidad descriptiva a la que, con anterioridad, hacía referencia y que nos hace meternos dentro de la escena que la autora nos está narrando:



“En el jardín el jazmín endulzaba el aire, y grandes ramilletes blancos se arremolinaban y colgaban desde lo alto de una pérgola de madera situada junto al parque. Enormes  carpas nadaban con lentitud cerca de la superficie del estanque, agrupándose para buscar el sol de la tarde. Era maravilloso, pero seguí mi camino. Divisé a lo lejos una línea de árboles y me dirigí hacia ellos a través del prado salpicado de anémonas silvestres. Aunque no había llegado el verano, el día era agradable, el aire seco, y al llegar a los árboles tenía la frente perlada de sudor”.



Esta novela, al igual que la anterior, destila por todas partes amor a la literatura y a los libros. Es, en ese aspecto, un texto profundamente “literario”, en el que se respira constantemente referencias literarias algunas más obvias que otras. Conforme leía “Las horas distantes” no paraba de ver similitudes con la novela gótica, con pinceladas de novela de inspiración “victoriana”. La propia creación de los personajes de las tres hermanas Blythe (Percy, Saffy y Juniper) constantemente me recordaban la figura de las tres hermanas escritoras Brönte ( Emily, Charlotte y Anne). Conoceremos a Percy, una mujer dominante y de un carácter complejo, a Saffy, una mujer dulce y comprensiva y por último a Juniper, que es adorada por sus hermanas por ser la pequeña y por “aquello” que le hizo perder la cabeza. En mi opinión simplemente por la creación de estos tres personajes, tan magistralmente trazados, ya justificaría la lectura de este texto. 


 
En esta novela la mayoría de los personajes están, de un modo u otro, relacionados con la literatura; la propia protagonista, Edie, trabaja en una editorial. Particularmente interesante me ha parecido el uso, a modo de motivo conductor, de la novela que escribió el padre de las hermanas Blythe, Raymond, titulada “El hombre de barro”, que será muy importante en el desarrollo de la novela. Así como el uso del prólogo de ese libro como prólogo a su vez de la novela de Kate Morton. La autora ha manejado con tanta destreza y tanto oficio este recurso técnico de la novela de Raymond Blythe que, a veces, al lector le llega a suscitar la duda de sí esta obra existió en la realidad. No quisiera pasar por alto, el dominio de la autora para la creación de esa atmósfera, a ratos onírica, a ratos agobiante, pero que siempre logra hacer partícipe al lector de esa sensación claustrofóbica del castillo (como ya dije antes, uno de los personajes principales de la novela, en que se ha vivido una tragedia que aún pervive y que se cuela por entre sus muros, dotándole de una atmósfera agobiante). Me gustaría detenerme un instante en esta reseña para añadir que conforme avanzaba en la lectura, y en lo que se refiere al personaje de Juniper, encontraba bastantes similitudes entre ella y el personaje de Genoveva de la obra de teatro “La casa de los siete balcones” de Alejandro Casona, una mujer que enloquece de amor cuando su prometido la abandona, y me pregunto si, tal vez, Kate Morton tenía conocimiento de esta obra y si de alguna manera le sirvió de inspiración... Toda ese amor a las letras y a la literatura creo que se condesa muy bien en este fragmento que voy a transcribir:


“El señor Billing —Herbert es su nombre de pila— es mi jefe; es también mi mentor, mi defensor y mi mejor amigo. No tengo muchos. En todo caso, no de los que viven y respiran. Y no pretendo parecer triste y solitaria; simplemente no pertenezco a la clase de personas que acumulan amigos o disfrutan de las multitudes. Soy buena con las palabras, pero no las habladas; a menudo pienso que sería una maravilla relacionarme solo a través del papel. Y supongo que, en cierto modo, es lo que hago, porque tengo cientos de amigos de esa otra clase, que habitan entre portadas, en gloriosas páginas impresas, en historias que siempre se desarrollan de la misma manera y nunca pierden la alegría, que me cogen de la mano y me conducen a través de mundos de extraordinario terror y placer entusiasta. Compañeros apasionantes, dignos, fiables —algunos cargados de sabios consejos—, pero, por desgracia, poco aptos para ofrecer una habitación disponible durante uno o dos meses”.


La narración, como comenté un poco más arriba esta estructurada en tres niveles temporales. En el nivel actual la narración corre a cargo de Eddi en primera persona, mientras que las dos restantes corren a cargo de un narrador omnisciente en tercera persona. Los personajes, mayoritariamente femeninos, por no decir en exclusiva, están exquisitamente dibujados y perfilados, rebosantes de vida y de matices. Kate Morton es una gran forjadora de caracteres, cada uno de ellos con su propia psicología y su propia manera de ser. En este particular también se nota esa maduración artística de la autora con respecto a sus anteriores obras. Y es especialmente en este complejo mundo de esas relaciones interpersonales entre las tres hermanas en dónde la autora nos deslumbra con su particular brillantez y esa capacidad de análisis y penetración.



En “Las horas distantes” la autora analiza el peso del pasado en el presente y cómo los secretos susurrados y apenas enunciados en el pasado siempre pesan y vuelven, una y otra vez, sobre el presente. También la autora volverá sobre uno de sus tema favoritos que es las relaciones entre mujeres. Como ya comenté en la reseña de “El jardín olvidado” las obras de Kate Morton son fundamentalmente intimista y femeninas, esto es, la participación de los personajes masculinos es muy “colateral”, aunque en este caso francamente negativa, como el personaje que representa Thomas Carville, el novio que abandona a Juniper dejando abatida y al borde de la locura, en el desarrollo de la novela. Creo, al menos esa es mi opinión, que en este libro el tema medular que subyace es el miedo a enfrentarnos con nosotros mismos.



En este caso más que nunca, siento que me quedan muchos detalles en mi abigarrado cuaderno de notas por comentar. Siento que por motivos de espacio, que de otro modo desbordaría la finalidad de esta reseña, no poder comentar, como indudablemente merece, con más detalle esta magnífica novela. Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que Kate Morton ha dejado de ser una promesa literaria para, tras la publicación de esta novela, convertirse en una auténtica realidad, llamada a convertirse en una autora de referencia en la literatura actual. Y me alegra doblemente, porque además está siendo muy respaldada en ventas por el público y es un placer comprobar que  una novela como “Las horas distantes”, de un auténtico valor literario, puede convertirse también en un bestseller.



A modo de resumen me gustaría indicar que “Las horas distantes” es una novela muy entretenida que engancha al lector y que, además, le suscitará la reflexión. Por otra parte, como dije más arriba, el final es muy bueno y rematando los cabos abiertos, por lo que resulta altamente satisfactorio para el lector. Particularmente me ha gustado mucho la edición del libro por parte de la editorial y sobre todo me ha gustado la portada.


Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo aportado y expresado en esta reseña, y según mi manera de entender el arte de la literatura,  creo que la puntuación que más haría justicia a la novela “Las horas distantes” de la escritora australiana Kate Morton, sería de un 8,25/10.


© Luis Alberto Cao








martes, 8 de mayo de 2012

El violinista de Mauthausen. Andrés Pérez Domínguez.



Título: El violinista de Mauthausen.
Autor: Andrés Pérez Domínguez.
Editorial: Algaida
ISBN: 978-84-9877-524-2
Fecha 1ª edición: Septiembre de 2009.
Páginas: 479.






“El violinista de Mauthausen” del escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez fue galardonada con el XLI Premio de Novela Ateneo de Sevilla, reconocimiento que además ha sido refrendado por los lectores, siendo un libro con bastante éxito de ventas. A la vista de esas cartas de presentación he considerado pertinente traer esta obra a este blog literario, con la intención de reseñarla y comentarla del modo más exhaustivo posible. En primer lugar y para fijar, desde un primer momento, mi opinión, me gustaría señalar que me ha parecido un texto muy interesante, tanto desde un punto de vista formal, como de su temática, aunque, eso sí, creo que el tema que trata ya resulta en exceso manido. Sin embargo, como comentaré con posterioridad, una lectura atenta de la novela, me ha revelado algunos detalles que me han parecido bastante interesantes. Eso no quita que también adolezca, en mi opinión,  de algunos errores que me han distanciado bastante del relato. Y que, en mi opinión, marcan la diferencia entre una novela francamente interesante y una gran novela. En todo caso a lo largo de esta reseña intentaré referir todo ello, del modo más equitativo y reflexivo posible.


Como es habitual y a modo de orientación para el eventual lector de esta reseña, voy a pergeñar, aunque sea brevemente, y a modo de aperitivo a la lectura de esta novela, una somera sinopsis argumental. Creo que el resumen que viene en la contraportada del libro cumple sobradamente esta intención, por lo tanto voy a transcribir literalmente la citada recensión:

En París, una pareja está a punto de casarse en la primavera de 1940, pero la Wehrmacht invade Francia y él, republicano español exiliado, es detenido por la Gestapo y enviado al campo de exterminio de Mauthausen. Ella colaborará con los servicios secretos aliados, dispuesta a cualquier cosa para salvar la vida de su prometido. Entre ellos, un ingeniero alemán que ha renunciado a su trabajo en Berlín para no colaborar con los nazis, se dedica a recorrer Europa con un violín bajo el brazo. Muy pronto, las vidas de los tres se enlazarán para siempre. El violinista de Mauthausen es su historia.

El París ocupado por los alemanes, el Berlín en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial y el campo de exterminio de Mauthausen son los principales escenarios donde se desarrolla un relato que mezcla intriga, aventura, espionaje, Historia y romance...”



El relato que nos plantea Andrés Pérez Domínguez en “El violinista de Mauthausen”  está “deconstruido” en tres narraciones que se intercalan a lo largo de la novela: la de Rubén, el republicano español exilidado, la de Anna, su novia francesa y la de Bishop el espía y militar norteamericano. Es precisamente en este planteamiento formal a la hora de planificar el relato donde, en mi opinión, está una de las mayores virtudes de esta novela. Pero no sólo por tratarse de una narración fragmentada sino por la utilización de los saltos cronológicos, muy frecuentes en el texto, pero muy meritoriamente llevados, que nos dan un efecto literario muy interesante. Y es un detalle técnico muy complejo, que yo valoro especialmente, porque si no se hace bien produce una difusa sensación de que uno no se está enterando de nada. Aunque, afortunadamente, éste no es el caso. De hecho, para situar al lector y a modo de ejemplo, diré que la novela prácticamente se inicia en el final de la historia. Sin embargo, lejos de restarle interés produce un efecto “adictivo”, por así decirlo, que engancha al lector. Pero, por el contrario, éste exceso de celo del autor por “enganchar” al lector se revelará como uno de sus mayores errores, en mi opinión, como pasaré a analizar al final de esta reseña.



La novela tiene algunos momentos francamente inspirados que con un lenguaje funcional, demasiado poco elaborado literariamente en mi opinión, nos narran y nos sirve de vehículo, de un modo eficaz, al relato que nos plantea el autor. Quisiera destacar, por poner un ejemplo, hay muchos más, dos momentos que me gustaron especialmente desde un punto de vista narrativo: la escena cuando Anna vuelve de la sede de la Gestapo y tiene la sensación de que alguien la está siguiendo y, por supuesto, la impresionante escena del vagón de tren donde van hacinados en condiciones infrahumanas los presos camino del campo de exterminio. Y, por supuesto, toda la narración, descarnada y realista, de las atrocidades perpetradas en ese campo de infausto recuerdo



El violinista de Mauthausen es una novela, en la que sobresalen y destacan, prácticamente en solitario, los cuatro personajes principales. Personajes bien dibujados y perfectamente caracterizados y definidos, sin duda alguna, repletos de vida y profundidad psicológica. Me gustaría, llegados a este punto, destacar la belleza en la creación del personaje de Anna, en mi opinión el más logrado de toda la novela. Esto no es óbice para que, al menos para mí y en mi manera de entender la literatura, eche en falta la aparición de esos personajes “secundarios” que tanta información aportan al lector de una novela. Personalmente no me gusta que todo el peso de la narración recaiga, en exclusiva, sobre ese típico narrador omnisciente en tercera persona, sino que también creo que aportan mucho a la narración esos subrelatos que nos proporcionan los personajes secundarios que, a modo de afluentes de un gran río, nos refuerzan y nos dan otra perspectiva a ese hilo principal de la narración. En esta novela he echado mucho de menos esos subrelatos que, en mi opinión, prácticamente pasan desapercibidos cuando no inexistentes.


 
Es indudable que la novela está muy trabajada desde un punto de vista documental y eso siempre se agradece. Como ya comenté en alguna reseña anterior (en concreto, “Niños feroces” de Lorenzo Silva), tampoco me es necesario un sobreexceso de documentación e información, porque la novela no pretende ser un libro de Historia, para eso ya están los historiadores, sin embargo, su ambientación me ha parecido convincente y adecuada, sin resultar excesiva. Especialmente me ha perturbado todo el relato en que vemos la brutalidad que ejercen los Kapos (presos que se dedican a vigilar a los otros presos) sobre los demás reclusos. Aquí vemos hasta que punto llega la maldad del ser humano.... De hecho el propio autor nos dice textualmente en la novela: “Rubén no tardará en comprobar que basta muy poco para que alguien que es torturado se convierta en torturador”. Tengo también que reconocer que en algunos momentos ocurren algunos hechos  y algunas situaciones que me resultan demasiado forzados, demasiado inverosímiles, aunque entiendo que puedan ser necesarios para que la narración avance, pero, honestamente, creo que éste sería un detalle que hubiese sido fácilmente subsanable. El ejemplo más evidente de todo esto es cuando Anna está siendo acosada por un teniente borracho de la Wehrmacht que la sigue, molestándola, hasta su casa.  De repente aparece, de paisano, un oficial de las SS. Se trata, precisamente de Franz Müller. “Casualmente” el hombre que le interesaba a Bishop.



En el trasfondo histórico del relato, subyace y forma parte determinante de éste, el trato y la represión que siguieron sufriendo, esta vez por parte de los nazis los exiliados republicanos españoles, todo esto aplaudido y jaleado por el régimen franquista.



Aparentemente pudiera parecer, al eventual lector de estas líneas que “El violinista de Mauthausen” es una novela de amor al uso, pero no es así. Es una novela dura y realista, inserta en un tiempo duro y difícil.  Además la novela tiene un final abierto que a mí, particularmente me ha gustado mucho. Por así decirlo creo que es una novela bien rematada, aunque sobre este particular no me quiero extender mucho, para no reventaros el final. Pero lo que sí puedo decir es que merecerá la pena leerla...



Pero, sin embargo, creo que debo ser justo con mi conciencia y, sobre todo, con mis lectores a la hora de mostrar y señalar también los errores que, en mi opinión, he detectado y que lastran mi valoración final sobre esta novela. Un poco más arriba hablaba que la prosa que utiliza en este texto Andrés Pérez Domínguez, “un lenguaje funcional, demasiado poco elaborado literariamente” y me reafirmo en ello. Por otra parte he encontrado varias frases con una construcción, por así decirlo no muy ortodoxa. Entiendo que pudiese tratarse de algún tipo de hipérbaton, pero personalmente me han resultado desagradables y molestos. Voy a transcribir una muestra, de las múltiples que sobreabundan en la novela, para ejemplificar a qué me refiero:



“ ... la imaginación de las personas no tiene límites cuando de hacer daño con impunidad se trata”



Aquí se aprecia con claridad, ese desorden en el “orden” lógico de la frase, que a mí, al menos, me resulta francamente molesto.



Como comenté un poco más arriba el uso abusivo de esta figura del narrador omnisciente, y el afán de intentar atraer la atención del lector, produce en esta “El violinista de Mauthausen” un abuso en prevenir al lector sobre todo lo que aún le queda por descubrir. Estoy convencido que a la vista de un par de ejemplos se entenderá mejor a qué me refiero:


Eso no será nada comparado con lo que aún le queda por hacer, pero aún no puede imaginarlo, todavía no puede saber Rubén cuántas cosas verá o qué cosas será capaz él mismo de hacer”.


“Anna odia a Bishop cuando se lo pide, pero todavía no sabe que aún le odiará más, cuando pasen unos años, lo odiará tanto que deseará su muerte, peor aún, querrá matarlo ella misma con sus propias manos”.



Creo que en estos dos ejemplos queda claro a lo que me refiero. Aquí se ve ese uso “tramposo” de la figura del narrador omnisciente, que abusa de su omnisciencia para incitar al lector a continuar, de un modo poco “honesto”, valga la expresión, con la lectura del relato. Digamos que me recuerda, por así decirlo, a aquel personaje de los dibujos animados que decía: “No se vayan todavía, que aún hay más...”



Como siempre veo que me van a quedar muchos detalles que comentar, y de nuevo mi cuaderno de notas va a quedar con un montón de anotaciones que no van a poder ver la luz en esta reseña, por razones de espacio. En cualquier caso,  y a modo de resumen, me gustaría decir que “El violinista de Mauthausen” de Andrés Pérez Domínguez, ganadora del XLI Premio Novela Ateneo de Sevilla, es una novela en líneas generales muy interesante, de lectura amable y entretenida. Es la primera vez que leo a  Andrés Pérez Domínguez pero, en mi opinión, creo que es un autor a seguir. Y, reconozco, que me han quedado ganas de leer alguna de sus otras novelas.



Dicho todo lo cual, y atendiendo a todas las razones aducidas con anterioridad y siendo fiel a mi conciencia y a mi manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que más haría justicia a la novela “El violinista de Mauthausen” sería de un 7,75/10.

© Luis Alberto Cao
(Como es habitual, a modo de ilustración, os dejo un video sobre la visita que el autor realizó a Mauthausen)