domingo, 9 de junio de 2013

El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín Fenollera.



Título: El despertar de la señorita Prim.
Autor: Natalia Sanmartín Fenollera.
Editorial: Planeta.
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos.
ISBN: 978-84-08-05987-5
Fecha de publicación: 4 de abril de 2013.
Páginas: 352.







“No me buscarías sino me hubieses encontrado ya” (Blaise Pascal)


E temo e spero; ed ardo e son ghiaccio. (Y temo y espero; y ardo y soy hielo)
(Francesco Petrarca. Cancionero)


“El staretz Ambrosio no dividía los problemas en grandes o pequeños,
como hace todo el mundo. Decía siempre que los ángeles están
en las cosas sencillas, que nunca hay ángeles donde las cosas
son complicadas. Él pensaba que lo pequeño es importante”.
(El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín Fenollera).







Os tengo que confesar, antes de empezar esta reseña, que ya desde el momento en que elegí leer esta novela, con objeto de analizarla y reseñarla, iba teniendo la difusa sensación de estar viviendo, en cierto modo, un “déjà vu” literario. Intentaré explicarme. Cuando empecé a leer la novela sentí la ya mencionada sensación de haber transitado ya, por decirlo de algún modo, por ese terreno que nos plantea la autora. Mi desazón me obligo a revisar, concienzudamente, mi biblioteca para encontrar esa similitud que, constantemente, me zahería a cada página que leía. Afortunadamente encontré esa novela que, en algunos aspectos e involuntariamente, me resultaba tan familiar. La novela a la que me refiero es un libro del escritor brasileño Paulo Coelho, que leí hace ya 10 años y que se titula “El demonio y la señorita Prym”. Aparte de la curiosa coincidencia del nombre de la protagonista, tanto su temática como su “derivada” de libro de autoayuda, tiene algunos puntos en común.  Supongo que a Natalia Sanmartin Fenollera, probablemente, le ocurrió algo parecido a lo que me sucedió a mí y, tal vez, en algún lugar oculto de su memoria quedara esta novela en su inconsciente y a la hora de concebir su texto influyese en su novela. Tengo que reconocer que, personalmente, no me suelen gustar las novelas de tipo “autoayuda” o “new-age”, fundamentalmente porque, en mi opinión, suelen tener una calidad literaria paupérrima. Sin embargo, y ya intentando dar un marco general a mí opinión sobre la que gravitará todo el análisis posterior, tengo que reconocer que “El despertar de la señorita Prim”, cuanto menos, me ha parecido una novela interesante llena de referencias literarias; en definitiva, una novela escrita, entre otras razones, con la loable intención de aumentar tanto el bagaje cultural del lector como su capacidad para apreciar y disfrutar la belleza clásica.  Más adelante, y de un modo más minucioso y exhaustivo, analizaré y justificaré mi opinión al respecto.




Como ya suele ser habitual y antes de entrar en el análisis, propiamente dicho, de “El despertar de la señorita Prim” creo que lo más coherente y apropiado sería, con la loable intención de situar al eventual lector de estas páginas, proceder a resumir, someramente, los hechos más relevantes que acaecen en la novela. Para este fin creo que la breve recensión que publica la editorial Planeta resulta adecuada y conveniente para el fin que perseguimos, por lo cual pasaré a transcribirla literalmente a continuación:




Atraída por un sugestivo anuncio, Prudencia Prim llega a San Ireneo de Arnois, un pequeño lugar lleno de encanto cuyos habitantes han decidido declarar la guerra a las influencias del mundo moderno. La señorita Prim ha sido contratada para organizar la biblioteca del Hombre del Sillón, un hombre inteligente, profundo y cultivado, pero sin pizca de delicadeza. Pese a las frecuentes batallas dialécticas con su jefe, poco a poco la bibliotecaria irá descubriendo el peculiar estilo de vida del lugar y los secretos de sus nada convencionales habitantes.



Narrado con ingenio, brillantez e inteligencia, El despertar de la señorita Prim nos sumerge en un inolvidable viaje en busca del paraíso perdido, de la fuerza de la razón y la belleza y de la profundidad que se esconde tras las cosas pequeñas”.




Dado que este libro me ha resultado especialmente rico, en cuanto a su capacidad de  evocación y sugestión de bastantes temas que han contribuido a mi reflexión, intentaré ser lo más sistemático posible a la hora de analizar esta novela. Al final de la reseña, en la parte más dedicada al comentario, me gustaría abordar algunas cuestiones que propone la autora en su libro y que, en mi opinión, que puede resultar interesante detenerse en ellas.




 “El despertar de la señorita Prim” se desarrolla en un pequeño en un pueblo utópico, llamado San Ireneo de Arnois. En este caso he utilizado la palabra utópico tanto en su significado etimológico (del griego ou “no”, “topos” lugar), como en su valor conceptual de “representación de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, mediante una crítica de este” tal y como lo introdujo, en su obra homónima, Tomás Moro.  Al principio de la reseña comentaba la similitud, en algunos detalles, de esta novela con “El diablo y la señorita Prym” de Coelho. Pues bien en el caso de la novela de Coelho podríamos hablar más de una distropía, mientras que en el caso que nos ocupa sería más bien, en mi opinión, una clara utopía. En esta novela la autora nos plantea, en este lugar utópico, la vuelta a los valores del pensamiento “clásico”, propugnando una especie de vuelta a un nuevo “renacimiento” cultural apoyándose en los valores, especialmente pedagógicos, de las culturas griegas y romanas. Este modelo de educación “clásica” imperante en San Ireneo de Arnois queda claramente expuesto en un fragmento de la novela Gargantúa y Pantagruel de Rabelais que la autora nos cita en la novela y que voy a transcribir a continuación:




“Dispongo y quiero que aprendas las lenguas a la perfección: la primera de todas, la griega, como lo manda Quintiliano. Y la segunda, la latina. Y, después, la hebrea, para las Sagradas Escrituras; y la caldea y la arábiga también.




Y en la griega has de formarte en el estilo de Platón; y con el de Cicerón en la latina. Que no haya historia que no tengas presente en la memoria, para lo cual te servirá de ayuda la cosmografía de los que de eso escribieron. De artes liberales, de geometría, de aritmética y de música algún gusto ya te hice coger cuando tenías cinco o seis años. Sigue con lo que te falta y aprende todos los cánones de astronomía”.




Si analizamos, desde un punto de vista filológico su estructura interna, comprobaremos que es un novela narrada de un modo lineal y cronológico. Las únicas referencias al pasado serán puestas en “boca” de los personajes o bien mediante reflexiones subjetivas o bien verbalizadas en forma de recuerdos. En el texto aparece un narrador omnisciente en tercera persona que, con su narración, acompañará el decurso del relato. Me ha interesado especialmente el magnífico uso que la autora hace del tiempo narrativo. Voy a transcribir un ejemplo, que aparece al comienzo de la novela, y con el que Natalia Sanmartín Fenollera nos va a describir, de un modo tremendamente escrupuloso, el transcurso temporal, en este caso simultáneo, de las acciones narrativas en una escena. Estéticamente esta escrupulosidad tan kantiana (es sabido que el gran filósofo Inmanuel Kant era un hombre tan metódico en sus costumbres que sus vecinos al verle pasear por las calles ponían los relojes en hora) nos va a introducir y caracterizar ese microcosmos que representa el pueblo de San Ireneo de Arnois y sus habitantes, siendo un técnica muy eficaz, en términos de economía lingüística y narrativa.




“Exactamente en el mismo momento en que el pequeño Septimus se desperezaba tras su siesta, metía sus dos pies de once años en unas zapatillas para unos pies de catorce y se acercaba a la ventana de su cuarto, la señorita Prim cruzaba la oxidada verja del jardín”.





La autora utiliza para narrarnos esta novela, fundamentalmente, una técnica “discursiva” que prevalece, claramente, sobre la descriptiva. Esta decisión estilística condiciona toda la narración de la novela dotándola de una mayor agilidad. Respecto a la prosa me gustaría apuntar que me ha parecido bastante simple, pero funcional, con una ausencia, casi total, de recursos retóricos dignos de mencionar en un análisis literario. Respecto al “dibujo” de los personajes creo que la autora se muestra desigual en cuanto a su trazo. Me explico. A lo largo de “El despertar de la señorita Prim” aparecen algunos personajes, como sin duda alguna la protagonista, Prudencia Prim, que evolucionan a lo largo de sus páginas. Son personajes con profundidad y, en definitiva, hechos de carne y hueso. Sin embargo, junto a ellos, encontramos algunos personajes más planos y “maniqueos”. Especialmente me han defraudado los personajes masculinos, más estereotipados y carentes de la profundidad en comparación con sus homólogas femeninas. El personaje de “el hombre del sillón” muestra un hieratismo y un desarrollo tan plano que, en algunos momentos, me han parecido excesivos. Otro personaje excesivamente plano y desdibujado es el del “viejo monje” que transita por los, en mi opinión, trillados senderos de la “moralina” de la autoayuda. Pero, en contraposición, sí me han interesado la mayoría de los personajes femeninos que, aunque su aparición sea episódica, sí transmiten la sensación de vitalidad y no de ser de “cartón piedra”. Como por ejemplo el personaje de la madre de “el hombre del sillón” en el que Natalia Sanmartín sí logra darle una verosimilitud y una profundidad que en algunos momentos sí consiguieron conmoverme.




No me atrevería a decir, taxativamente, que “El despertar de la señorita Prim” es una novela culta (no confundir, por favor, con “de culto”), pero sí es una novela que requiere, para apreciarla en su plenitud, una cierta cultura. Las referencias que aparecen a la cultura clásica son constantes y por cierto, en algunos casos, muy enriquecedoras así como las referencias literarias. Pondré un ejemplo para explicarme mejor. A lo largo de la novela se cita un libro  (es más bien un cuento) de Edgar Allan Poe titulado: “La carta robada” y se habla de la importancia que tiene para entender la novela. Y, efectivamente, así es. Marta Sanmartin Fenollera parece sobreentender, de un modo implícito, que todo el mundo va a entender esa referencia y su relación con esta novela. Con el fin de aclarar y facilitar al lector la comprensión de la novela voy a hacer un breve resumen de este cuento policiaco de Poe, para que el lector extraiga sus conclusiones. “La carta robada” es un cuento protagonizado por el célebre detective de las novelas de Poe, Arsenio Dupin: “En las cámaras reales se ha producido el robo de una carta, que por su contenido, tiene un relevante valor político. El sospechoso es el Ministro D. La policía inspecciona la mansión del Ministro pero no logra encontrar el “cuerpo del delito”. Dupin toma el mando de la investigación y poniéndose en la mente del sospechoso se dio cuenta que el lugar más seguro, en donde la policía no buscaría, sería el sitio más simple y más visible”.




A lo largo de “El despertar de la señorita Prim” la autora va a homenajear a grandes obras de la literatura, especialmente a aquellas escritas por mujeres. En este desfile de grandes obras nos encontraremos, por supuesto, con las de Jane Austen, especialmente “Orgullo y prejuicio” (que tendrá una cierta importancia en el desarrollo de la novela, en especial los comentarios sobre uno de sus protagonistas masculinos, el señor Darcy) y la famosa novela “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Resulta interesante esta contraposición entre las novelas “clásicas” y estás novelas, injustamente desdeñadas, por los sectores más “reaccionarios”, culturalmente hablando. que aparecen en la novela.




Los lectores habituales de este blog literario saben que, por lo general, suelo ser muy crítico con las novelas que terminan en un final abierto. He recibido bastantes correos electrónicos en el que pedíais que me explayase un poco sobre el por qué suelo ser tan refractario a los finales abiertos. Digamos, por expresarlo de algún modo, que existen, groso modo, dos grandes tipos de finales abiertos. Uno de ellos es cuando resulta evidente que el escritor carece de la técnica y talento necesario para “rematar” una novela (en este blog literario hay algunos ejemplos evidentes, pero me permitiréis que, por respeto, a sus autores los omita). Es, en esos casos, cuando soy tremendamente crítico con esos finales, que más que “abiertos” los podría definir como la perpetración de una “tomadura de pelo” literaria. Sin embargo, dentro de los finales abiertos, existe, cuanto menos, otra categoría y es la de novelas que por un motivo estético y formal nos sugieren un final abierto. En esta última categoría podríamos incluir “El despertar de la señorita Prim”. Me ha gustado ese final abierto, ese final que deja al lector con un dulce sabor de boca, paladeando lo que cree que terminará sucediendo. Un final poético y que a partir de un hermoso “pianissimo” suspende, más bien diría alarga y dilata la acción después de cerrar el libro, “ad infinitum”.




De nuevo, y una vez más, tengo que lamentar que en mi cuaderno de apuntes vayan a quedar tantos comentarios y tantos detalles técnicos, sepultados en el olvido, dignos de ver la luz de aparecer en este análisis literario. Tristemente, y como es habitual, no puedo, ni debo, excederme en demasía, para no traicionar la razón de ser de una reseña literaria. Al principio de este análisis avanzaba que, en la parte final de la reseña dedicaría unas líneas al comentario personal que me ha sugerido la lectura de “El despertar de la señorita Prim”. Es indudable el auge que, de un tiempo a esta parte, está teniendo la literatura de “autoayuda” o de tipo “new-age”. Personalmente nunca me han interesado, literariamente hablando, por su ramplonería artística y creativa. Los autores de estas novelas se dedican a mezclar una serie de “saberes” ancestrales y de “Perogrullo” metiéndolos con calzador en historias, por lo general, insulsas y banales. En el caso de “El despertar de la señorita Prim”, que como ya comenté considero que es una novela interesante, y mucho más tratándose de una autora novel, lo que menos me ha gustado, con diferencia, es esa parte de “autoayuda”, especialmente el final de la conversación con Lulú Thiberville con la protagonista, así como toda la parte con el viejo monje. Lamentablemente esta parte, en mi opinión, es la más floja de toda la novela, porque se deja arrastrar por esa corriente de la que uno de sus más relevantes cultivadores es Paulo Coelho, precisamente el autor de la novela “El diablo y la señorita Prym”.




Natalia Sanmartín Fenollera nos pone, en boca de sus personajes, algunos pensamientos y reflexiones que no nos dejaran indiferentes, sobre todo en lo relativo a la educación y la pedagogía. No me resisto en transcribiros un par de fragmentos de estas hermosas y profundas reflexiones que, después de leerlos con atención, nos darán mucho que pensar.




Los jóvenes de hoy en día extienden la niñez más allá de lo que corresponde cronológicamente, son inmaduros e irresponsables a una edad en la que ya no deberían serlo. Pero al mismo tiempo pierden muy pronto la candidez, pierden la inocencia y la frescura. Le sonará extraño lo que voy a decir, pero envejecen pronto”.




“El escepticismo siempre se ha considerado una enfermedad de la madurez, Prudencia, pero poco a poco ha dejado de serlo. Todos esos niños han crecido ignorando los grandes ideales, aquellos que forjaron a las viejas generaciones a través de los siglos y las hicieron fuertes. Se les ha enseñado a mirarlos con desdén o a sustituirlos por un “algo” empalagoso y sentimental que muy pronto les indigesta y desilusiona. Y con ello matan lo más valioso (yo diría que lo único verdaderamente valioso) que posee la juventud respecto a la madurez. Es terrible tener que hablar así, no crea que no me doy cuenta”.




A modo de resumen final me gustaría reincidir en algunos aspectos. “El despertar de la señorita Prim” me ha parecido una novela muy interesante, un texto que pretende llegar un punto más allá de las novelas que se escriben en la actualidad. Natalia Sanmartin Fenollera no propone un texto con multitud de citas “cultas” que, tal y como decía el aserto clásico “pretende instruir mientras distrae”. Como crítico literario me apena profundamente la deriva de “autoayuda” del final de la novela, pero no puedo, cuanto menos, que felicitar a Natalia Sanmartin Fenollera por su novela y, sobre todo, por algunos momentos de su libro en los que brilla su afán e interés por crear literatura (con mayúsculas). Desde este blog literario le deseo mucha suerte es en sus próximos proyectos literarios.





Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “El despertar de la señorita Prim” de la joven escritora Natalia Sanmartín Fenollera sería de un 7,50/10.




(P.s: A lo largo de esta reseña he deslizado, voluntariamente, un “gazapo”. He cometido un pequeño error y, gracias a la idea que ha tenido una lectora de este blog, una de mis seguidoras más habituales en todas mi publicaciones, os propongo que descubráis, de modo excepcional y en homenaje a esta amiga, dónde está el gazapo. Las personas que creáis haberlo descubierto dejad un comentario con la solución, posteriormente dejaré un comentario con descubriendo el “gazapo”. Espero que lo encontréis enseguida y os resulte divertido).


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo el booktrailer de  la novela)




15 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en practicamente todo lo que dices. Creo que es una historia a la que merece la pena acercarse.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, como siempre, por tu comentario y me alegra coincidir "en prácticamente todo" contigo. Un beso amiga mía

    ResponderEliminar
  3. No he leído este libro, pero se lo regalé por su cumpleaños a una amiga bibliotecaria. Gracias por confirmarme que merece la pena su lectura.

    ResponderEliminar
  4. He leído la novela y creo que merece la pena hacerlo solamente por su estilo, su elegancia y sus diálogos. Ahora bien, "el encanto de las pequeñas cosas" es solo el decorado para plantear el meollo : la pieza del puzzle que falta en las vidas de las personas y que "El hombre del sillón" sí ha encontrado, y parece que Prudencia Prim también al final. En mi opinión esa es la tesis de la novela.

    ResponderEliminar
  5. Interesante reseña, me la leere.

    ResponderEliminar
  6. Primero, me llama la atención que llame Marta a alguien que se llama Natalia.
    Segundo, comparar esta novela con las de Coelho es un crimen.
    Lo siento, pero es quedarse muy lejos de esta novela.
    La carta robada, que está a la vista de todos, la pieza clave, no va por los derroteros del new age. Alguien con el bagaje cultural de la autora no cae en el new age, por favor. El problema es confundir espiritualidad y new age.
    Estamos ante una gran novela, y como siempre, como todas las grandes narraciones tienen niveles de lectura. Si uno se queda en un pretendido new age, se queda muy en la superficie. Aquí no es cuestión de saber teoría literaria -el autor de la crítica sabe y mucho- si no saber y vivir algo más profundo: estamos hablando de un libro cristiano.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. En primer lugar, amigo mío, quiero darte las gracias por la atención con la que has leído la reseña (te lo agradezco de corazón) y, así mismo, pedirte perdón a tí y a todos los lectores, por el "lapsus linguae" cometido al cambiar el nombre de la autora por el de Marta. (Ya está corregido)

    Estoy de acuerdo contigo en que, lógicamente, todas las narraciones (grandes y pequeñas) tienen muchos niveles de lectura y , por supuesto, admiten múltiples y variadas interpretaciones (me atrevería a decir que, incluso, una por cada lector). Esa es la grandeza del arte literario. Te agradezco tu comentario y el interesante punto de vista que nos aportas a todos.

    Un saludo amigo anónimo y bienvenido a ésta tu casa.

    ResponderEliminar
  8. Estimado Luis, estoy de acuerdo contigo en la percepción de la obra, te dejo mi reseña en el blog para que puedas ver mi punto de vista de educadora social. Un saludo, me encanta tu blog, escribes muy bien y las referencias literarias a las que haces mención me han hecho aprender y refrlexionar. http://anaevenegaseducadorasocial.blogspot.com.es/2013/07/el-despertar-de-la-senorita-prim-de.html

    ResponderEliminar
  9. Empecé a leer el libro con gran ilusión porque "prometía", pero a medida que fui avanzando, me decepcionó porque está demasiado "ideologizado". La autora quiere defender unas ideas (la importancia de la cultura clásica, la búsqueda de Dios...) y en lugar de que los acontecimientos nos lleven a ello, la autora "predica" en los discursos de los personajes.
    La intertextualidad se ve muy forzada, parece sin más un alarde de cultura, los personajes no están tratados en profundidad, carecen de matices, no son creíbles.
    Es un libro de lectura fácil, pero carece de garra tanto en el fondo como en la forma. La prosa es correcta, pero anodina, carente de sentido poético, de originalidad, de fuerza.
    Una pena desde mi punto de vista.

    ResponderEliminar
  10. Yo he regalado este libro a mi hermana y la verdad es que lo elegí porque me dio buenas vibraciones, leí el argumento y el estilo de la obra y me llamó la atención. Me alegra ver que tiene críticas positivas. Cuando termine ella de leérselo le diré que me lo pase para ver qué me parece a mí.

    ResponderEliminar
  11. Para no variar ...coincidimos casi en todo Luis!!!, yo cuando la terminé hice mi comentario en El Marcapáginas y destaqué sobre todo que fue un libro que me llenó de PLACER..más allá de todo lo que tan bien analizás, a mi me transportó a un goce similar al que sentí cuando a los doce años leí Mujercitas.Cariños LUis!

    ResponderEliminar
  12. Hola, tú crítica me ha parecido muy interesante y minuciosa. En cuanto a los gazapos, me parece que no hay uno solo, aparte del que mencionas, creo que también está confundido el del personaje de E. A. Poe, al que has bautizado como Arsenio Dupin, cuando su nombre es Auguste. De todos modos, ya te digo que tu crítica me ha parecido muy útil y bien razonada. Un saludo muy cordial

    ResponderEliminar
  13. Muchas gracias amiga Estrella por tu amable comentario. También aprovecho para felicitarte por tu sagacidad al encontrar el "gazapo" que contenía la reseña. Efectivamente el personaje de E.A.Poe no era, como erróneamente se decía, Arsenio Dupin sino Augusto Dupin. Arsenio Dupin es un famoso ladrón de guante blanco que aparece en las novelas de Maurice Leblanc.
    Un beso amiga y muchas gracias por tu seguimiento.

    ResponderEliminar
  14. Gazapo sobre gazapo: el ladrón de guante blanco es Arsenio Lupin y no Arsenio Dupin. Sólo hay que mirar la wikipedia. Ufff.
    Con respecto a que se trata de un libro que pretende llegar un punto más allá de las novelas que se escriben en la actualidad, deberías especificar un poco más, porque con respecto a algunas, llega un poco más allá, pero con respecto a otras, se queda completamente "acá", y conste que me está gustando

    ResponderEliminar