lunes, 22 de julio de 2013

El pantano de las mariposas. Federico Axat.



Título original: El pantano de las mariposas.
Autor: Federico Axat.
Editorial: Destino.
Colección: Áncora & Delfín.
ISBN: 978-84-233-4687-5.
Fecha de publicación: 4 de junio de 2013.
Nº de páginas: 496.
Precio: 19 €.





“No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo,
salvo el de hacer uno nuevo”.
(Rudyard Kipling)




“Nunca he vuelto a tener amigos
como los que tuve a los doce años.

¿Acaso es posible?”
(El personaje de Gordie Lachance
en la película “Cuenta conmigo”)




Tal vez sea por deformación profesional, tengo que reconocerlo, pero siempre que leo algún libro, aunque no sea más que por puro placer, sin pretender analizarlo o estudiarlo, suelo dejar algunos apuntes, a modo de ficha del autor y de la obra que he leído, formando una especie de “bitácora” al que, con mucha frecuencia, suelo acudir para mi actividad laboral. Había leído, con anterioridad, dos de las novelas que había publicado hasta ahora el joven escritor porteño Federico Axat: “Benjamín” y “El aula 19”. A pesar de la dispar opinión que produjeron ambos libros en mí, no dudé en señalar en mi ficha a Federico Axat, como un autor interesante y “a seguir” en su carrera literaria. Así es que, como resulta evidente, tenía mucha curiosidad e interés por leer “El pantano de las mariposas”, última novela publicada por este autor, y que, además, ha sido publicada en España por un prestigioso sello editorial, como es Ediciones Destino, que ha hecho una sólida apuesta por esta novela con un más que apreciable esfuerzo publicitario y de marketing.




Antes de entrar propiamente en el minucioso análisis de la última novela de Federico Axat, me gustaría, a modo de marco general en el que circunscribir el tono de esta reseña, adelantar, grosso modo, mi opinión sobre el libro. “El pantano de las mariposas” me ha parecido un libro desigual que junto a algunos momentos francamente deliciosos, y en los que el autor nos demuestra una “inteligencia” literaria que le ayuda a vadear las dificultades propias de un texto literario de la complejidad que Federico Axat nos plantea (me detendré especialmente en esta cuestión a lo largo del análisis), aparecen otros en los que, en mi opinión, al autor se le va de la mano la narración. Por ejemplo toda la parte relativa a los extraterrestres me ha parecido “metida a calzador” y, sobre todo, pésimamente resuelta dejando ese hilo argumental en un “limbo” ambiguo e irresoluto. Sin embargo, desde un punto de vista estético, como veremos un poco más adelante, Federico Axat volverá a hacer gala de una hermosa prosa con algunos momentos de una indudable belleza formal y de un lirismo arrebatador.




Como es habitual y antes de entrar, propiamente, en el análisis literario de la novela, creo que lo más conveniente, llegados a este punto, sería pergeñar una breve sinopsis argumental, con la loable intención de situar al eventual lector de estas líneas, en el texto objeto de estudio. Para este fin voy a transcribir, integra y literalmente, la recensión que ha preparado Ediciones Destino para la publicación de la novela.




“Las desapariciones de personas en confusos episodios se suceden año tras año en Carnival Falls. Pero donde algunos ven tragedias sin conexión, otros aseguran que existe un patrón común, y que detrás de ellas hay algo más oscuro que simples accidentes.



En 1985, Sam y Billy tienen doce años y se preparan para lo que suponen será un verano grandioso: excursiones por el bosque, largos paseos en bicicleta y la postergada construcción de la casa del árbol. Sin embargo, la llegada a la ciudad de una niña de clase alta llamada Miranda, cuya belleza no les dejará indiferentes, lo trastocará todo. Juntos transitarán ese intrincado paso de la niñez a la adolescencia, un camino de aprendizaje y revelaciones, y se embarcarán, casi sin proponérselo, en una aventura que podría llevarlos a conocer la verdad detrás de las desapariciones. 
Un pacto de amistad los guiará en un verano imborrable, un tiempo de metamorfosis que marcará el inicio de muchas cosas, y también el final de su infancia.



Novela de crecimiento y suspense con sugerentes incursiones en lo fabuloso, El pantano de las mariposas sumerge al lector en una rara fascinación para conducirlo con hábil pulso hasta un sorprendente giro final”




Me ha parecido pertinente iniciar este análisis literario con una cita del gran escritor británico (aunque nacido en la India) y premio Nobel Rudyard Kipling (1865-1936) porque, al igual que Federico Axat, a lo largo de la obra del gran escritor británico aparece una constante preocupación por ese indefinible paso de la infancia a la juventud y al que tantas y tantas páginas dedicó en su obra. Federico Axat es también un autor preocupado por ese paso tan “vital” y que tanto marca el devenir del ser humano. Es evidente que Axat se encuentra cómodo  en ese “registro” y además lo hace bastante bien. Los lectores habituales de este blog literario saben que, incluso con grandes autores, siempre he sido muy crítico sobre la manera de dar vida a los personajes infantiles. Siempre me ha parecido que eran niños que pensaban, hablaban y actuaban con una madurez totalmente impropia de su edad, que conseguía distanciarme y hacerme increíble el personaje. Al principio de esta reseña ya advertía sobre la “inteligencia” literaria de Federico Axat y en “El pantano de las mariposas” nos lo vuelve a demostrar. Sus personajes infantiles, por llamarlos de alguna manera porque tienen unos doce años, resultan creíbles, acordes con su edad. A ello también ayuda que, a pesar de que la novela está narrada en primera persona por uno de los personajes, Sam, al final de la novela, y es una de las sorpresas que nos guarda en el epílogo este libro, ocurrirá algo que dará mucha más coherencia a todo el relato ( y hasta ahí puedo leer para no reventar la novela). “El pantano de las mariposas” es un loable intento de acercarse a esa época mágica de nuestras vidas, a esa edad en que intentamos encontrar nuestro lugar en el mundo y descubrir la vida. Sin duda alguna el autor consigue, a los que ya hemos cumplido una cierta edad, devolvernos esas sensaciones y esos recuerdos que los años han arrumbado a los “trasteros” de nuestra memoria. Pero, no cabe duda, que, entre otras influencias, Axat bebe de la inmortal obra de Mark Twain “Las aventuras de Tom Sawyer”. Así como, si profundizamos en el análisis formal de la novela y en el uso de las escenas y su disposición en la estructura dramática resulta más que evidente que “El pantano de las mariposas” es una novela claramente deudora de la sintaxis narrativa propia de la cinematografía, como por otra parte es cada día más habitual en la literatura contemporánea, especialmente en los autores más jóvenes y noveles que aún no han encontrado su propia voz narrativa.




La novela está narrada, fundamentalmente, en dos grandes planos narrativo-temporales, correspondientes a los años 1985 y 2010. Excepto el prólogo que se remonta al 10 de abril de 1974, fecha del accidente de tráfico en el que muere la madre de Sam. Axat vuelca toda su sensibilidad en este prólogo que está escrito con una belleza y una delicadeza que, en mi opinión, contiene algunos de los momentos más inspirados, desde un punto de vista estético, de una gran belleza lírica. Me voy a permitir transcribir un fragmento, paradigmático, para mostrar toda esta prosa tan hermosa y sugerente.



“Todo ha sucedido a una velocidad asombrosa. El silencio que sucede al accidente es tan profundo que la lluvia y los truenos tardan en volver a hacerse oír.
Al principio no veo nada. Parpadeo una y otra vez sin otro resultado que una negrura absoluta. El gorjeo de la tormenta es mi único nexo con la realidad. Cuando intento moverme, las correas me lo impiden. Descubro con horror que ni siquiera puedo gritar o romper en llanto; apenas hincho el pecho, un insoportable ardor me hace callar. Finalmente sacudo la cabeza, como minutos atrás lo hiciera con alegría para maniobrar mi velero imaginario, pero ahora con el único propósito de liberarme de la aterradora capucha de oscuridad. Entonces mi frente choca con algo. Decido permanecer inmóvil mientras los contornos comienzan a bosquejarse. Lo que tengo delante es una gran abolladura del techo que forma una curva milagrosa sobre mi cuerpo. Mamá debe de estar al otro lado, razono con desesperación. No puedo oírla, pero debe de estar allí.
El coche descansa sobre uno de sus lados, pero mi silla sigue afirmada en el centro del asiento trasero. Moverse en semejante posición, con el techo a escasos centímetros y las correas ejerciendo presión, resulta imposible. Estiro el cuello todo lo que puedo, hasta que mis ojos están muy cerca de la chapa, y así logro divisar el espacio entre los dos asientos delanteros. Lo que veo me hiela el corazón.
El rostro de mamá se ha convertido en un globo blanco de ojos inexpresivos atrapado en una telaraña roja. Su mirada vacía me atraviesa.
—Mami —musito con un hilo de voz.
No puedo dejar de mirarla. El cuello me duele a causa de la posición pero no puedo apartar mis ojos del único ser querido que tengo en el mundo.
En algún momento pierdo el conocimiento, o eso creo”.





Federico Axat nos va a proponer, en esta novela, ese primer enamoramiento, ese descubrimiento por parte de los protagonistas del amor. El autor nos lo va a narrar con una sensibilidad y una maestría que, sin duda alguna, como ya comenté un poco más arriba, nos va a traer muchos recuerdos, porque Axat sabe tocar la fibra sensible del lector porque, sin duda alguna, le sobra talento para este tipo de historias en las que tan cómodo se encuentra. Los personajes están dotados de vida y profundidad especialmente el personaje de Sam que al ser el narrador de la novela nos va a permitir, a través de sus ojos, acercarnos a esta historia. Tengo que reconocer que resulta difícil no caer enamorado del personaje de Miranda, contemplándola a través de los ojos fascinados y enamorados de Sam. Y será difícil que no se nos pongan “la piel de gallina” viendo qué fue de su vida con el paso de los años… No me gustaría dejar de citar a todos esos personajes “secundarios” esos niños, tan bien perfilados, que comparten con Sam su estancia en la Granja (una especie de orfelinato). Por supuesto no podemos obviar a Sam, el personaje que de mayor llegará a ser escritor, y que, estoy seguro, que en cierto modo, haces las veces del “yo narrativo” del autor. En un fragmento de la novela, con mucho sentido del humor, el autor nos habla de los métodos que utilizan algunos editores para ver si una novela merece la pena ser publicada:




“Mi jefe en Doubleday en ese momento era Edward Perry, un hombre con visión e instinto que llegaría muy lejos en el mundo editorial. Cuando le entregué el manuscrito, con cierto aire de suficiencia debo reconocer, pensó que le estaba gastando una broma. Le dije que aquello iba en serio, que escribía prácticamente desde que me orinaba en la cama, y que había esperado hasta tener algo que valiera la pena para que él lo viera. Debí de decirlo con convicción, porque su expresión cambió y me dijo que le echaría un vistazo el fin de semana y que el lunes me daría una opinión inicial tras leer algunas páginas. Perry valoraba los textos según un método que él mismo había autodenominado «Los tres niveles de Perry». Primero abría el libro al azar y leía una página. Si le gustaba el estilo, el primer nivel de Perry estaba cumplido y leía otra cualquiera. Luego una tercera. Si creía que lo que tenía entre manos tenía potencial, se alcanzaba el segundo nivel de Perry y leía los dos o tres primeros capítulos. El paso siguiente, o tercer nivel de Perry, era leerlo completo. Me dijo que no haría una excepción conmigo”.




Como ya he comentado en alguna otra reseña, me reconozco un enamorado de la prosa de los escritores hispanoamericanos, por su riqueza léxica y el sobreabundante y colorido uso de palabras que, por desgracia en el castellano que se habla en España han quedado obsoletas y olvidadas. A lo largo de la novela hay varios exquisitos ejemplos del uso de esa riqueza léxica que, para no alargar en exceso esta reseña, me voy a resistir a transcribir.



Al principio de este análisis comentaba que “El pantano de las mariposas” comentaba que esta novela me había parecido, en algunos aspectos desigual. Fundamentalmente, como dejaba entrever, es por el uso, en mi opinión inapropiado y mal resuelto, del tema de “los extraterrestres”. Pienso que esa “supuesta” aparición alienígena perjudica el resultado final de la novela, fundamentalmente porque no era estrictamente necesaria para el desarrollo coherente y formal de la trama y, por otra parte, porque ahí Federico Axat no se muestra incapaz de encontrar una “solución” convincente. No quiero profundizar mucho más al respecto para no “reventar” la novela pero estoy seguro que los amigos lectores que ya hayan leído la novela entenderán, perfectamente, a que me quiero referir.




Después de un análisis tan largo y prolijo como el hice en mi última entrega dedicado a la novela “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, creo que no debo alargarme ya mucho más en la presente reseña. Van a quedar bastantes detalles técnicos dignos de aparecer en un análisis literario, pero los omitiré en aras a no exceder la extensión aconsejable para una reseña literaria.



A modo de resumen final si me gustaría consignar algunos puntos, en mi opinión fundamentales, a la hora de enjuiciar esta novela de Federico Axat. En primer lugar me gustaría señalar que es una novela, en líneas generales, de una lectura entretenida y muy apropiada para estas fechas estivales, pues no nos va a demandar una “atención” especial por su complejidad narrativa. Como ya es habitual en las novelas de Federico Axat nos va a reservar, al final de la novela, un giro de guión que cambiará completamente la óptica de la novela y nos ayudará a entender algunas cosas. Por lo que es obligado leer la novela hasta el final. Esto me da pie, brevemente, para reafirmarme en mi teoría, al menos yo lo hago así, que nunca se puede, o por lo menos se debe, juzgar una novela hasta no haber leído la última línea… También me gustaría destacar el acierto de Ediciones Destino por la magnífica portada de la novela… (y hasta ahí puedo leer).




 “El pantano de las mariposas” es un texto con un fuerte sabor a nostalgia, a melancolía de un tiempo pasado que, sin duda alguna, fue mejor… y, como diría el gran Joan Manuel Serrat en su bellísima canción “Aquellas pequeñas cosas” … son esas pequeñas cosas que nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.




Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “El pantano de las mariposas” del joven escritor argentino Federico Axat sería de un 7,25/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar la reseña os dejo el video de la canción “Aquellas pequeñas cosas”  de Joan Manuel Serrat a la que, inexplicablemente, mi cabeza la asociaba conforme leía la novela…)




5 comentarios:

  1. Opino igual que tu respecto al aspecto extraterrestre aunque creo que el autor ha intentado darle un toque de intriga que me alegro que se quedará en algo anécdotico.

    Por cierto, el último párrafo me quedó muy sorprendida y aunque se que el autor habrá esquivado bien este aspecto también me dejó pensando en las cosas que damos por hecho por simples apariencias.

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  2. Muchas gracias por tu comentario, como siempre tan interesante y enriquecedor. Un beso amiga

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  3. Hola Luis, no había visto tu reseña hasta hoy. Te cuento que también hice la reseña de este libro donde brindo una excelente opinión sobre el mismo. Voy a ver si puedo adjuntarla para que la leas. Me has hecho pensar en lo que escribes sobre los extraterrestres, realmente no lo vi de ese modo. Bueno, pues me ha encantado leer tu reseña, despues de haber escrito la mía, aunque por supuesto las mias son muy modestas, comparadas con las tuyas. Una corrección Federico Axat, no es porteño ( de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) sino platense ( de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires) Saludos. Luis . ( Miranda, recuerdas )

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  4. soy fan de este tipo de historias!!! Y aunque admito que no todas me llegan a gustar en la misma medida, pe lo general me satisfacen.
    Esta me la apuntare para cuando tenga tiempo y tal vez de un senton me la lea.
    Un saludo y gracias por la reseña :)

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  5. Yo me di cuenta de lo del final en cuanto dice que se llama Sam. Luego trata de ocultarlo por todos los medios evitando ciertos adjivos y me dio un perezón tremendo. ¿Qué necesidad hay? ¿Por qué nos oculta así el conflicto protagonista? Además, la historia hace aguas por muchísimos sitios. Es un novela de aventuras, sin más, de y para adolescentes. Es increíble cómo puede llegar a gustar tanto esto (para eso, me quedo de sobra con un Harry Potter si hace falta).

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