domingo, 23 de noviembre de 2014

El impostor. Javier Cercas

Título: El impostor.
Autor: Javier Cercas.
Editorial: Literatura Random House.
ISBN:9788439729723
.
Páginas: 432.
Fecha de publicación: 11 de noviembre de 2014.
Precio: 22,90 €.



«Una mentira es un vicio sólo cuando hace el mal;
 es una gran virtud cuando hace el bien»
(Voltaire en una carta a su amigo Nicolas-ClaudeThieriot)


«La poesía [es decir, la ficción] es un engaño, en el que quien engaña es
 más honesto que quien no engaña, y quien se deja engañar
más sabio que quien no se deja engañar»
(Gorgías. S. IV a.C)


«La verdad es insoportable. Lo espantoso no es la mentira: Lo espantoso es la verdad»
(El impostor. Javier Cercas)




Creo que es indispensable, en un necesario acto de honestidad profesional con todos vosotros que os confiese que, probablemente, ésta sea una de las reseñas más atípicas de las que he escrito hasta ahora, después de más de tres años dedicado a este blog literario. Más atípica, en tanto en cuanto, voy a detenerme menos, de un modo menos exhaustivo de lo habitual, en el análisis literario de la novela para poder profundizar en el comentario de esta interesante y, en algunos momentos, magnífica novela que obligará al lector a reflexionar y, con toda seguridad, a replantearse algunos presupuestos que creía inamovibles. “El impostor” del escritor Javier Cercas, es un apabullante ejercicio de virtuosismo, honestidad y erudición que ella sola ya daría pie para un sesudo estudio de carácter filológico. El autor en esta novela, (la llamaré así, para utilizar una denominación más convencional, aunque a veces se aproxima más a un ensayo, aunque, eso sí, travestido de novela) va a desnudarse “impúdicamente” ante el lector, en un ejercicio inusual, por parte de un escritor, en estos tiempos. Sé que es probable que muchos lectores no estarán de acuerdo con esta opinión pero, para mí, de hecho, el protagonista de esta novela no es Enric Marco, como pudiera parecer ante una lectura superficial, el auténtico protagonista (el único) es Javier Cercas que bajo la excusa de Marco va a hablarnos de sus miedos, sus inseguridades, sus angustias. Esos temas que, por otra parte, son recurrentes a lo largo de su más que notable bibliografía. Y Cercas gracias a su talento y a esa capacidad transformadora y redentora que tienen las artes y, por supuesto, también la literatura consigue sublimarlos. En cierto modo Javier Cercas siempre nos suele narrar bajo diferentes prismas, diferentes ropajes y personajes, una misma historia: la suya. Con todo mi respeto y mi cariño a Javier Cercas creo que sería el Woody Allen de la literatura española (dicho esto con el máximo respeto y admiración puesto que para mí Woody Allen es un auténtico genio).



Sirva como pórtico central a esta reseña que,“El impostor” es una novela interesantísima que me ha entusiasmado por momentos; sin embargo, soy consciente de que se trata de un texto muy “exigente” y que, ojalá me equivoque, creo que no será entendido y apreciado lo suficientemente por una gran parte de los lectores. A muchos lectores les puede resultar un libro demasiado denso, con demasiadas digresiones (fundamentales en mi opinión) que parecen apartarse de la historia central de Enric Marco. Y creo que ese es uno de los errores a la hora de analizar esta novela, porque el relato central (o principal) del libro no es la peripecia de Enric Marco, sino esa lucha interior que la historia de Marco va a desencadenar en la conciencia más profunda del autor y cómo, el enfrentamiento con este libro, consigue desatar, dentro de él, todos esos “fantasmas” que siempre habían vivido más o menos larvados en su interior, en un valentísimo ejercicio de circunspección. En cualquier caso tiempo habrá, más adelante, a lo largo de esta reseña de profundizar, con más detenimiento, en todos estos temas.




Por seguir la metodología habitual, aunque, como ya comenté más arriba, estemos ante una reseña bastante diferente a las anteriores, lo mejor será comenzar por pergeñar, con una breve sinopsis argumental, los puntos principales, desde el punto de vista argumental, que suceden en la novela con la loable intención de situar y contextualizar la novela objeto de estudio.




“"El impostor" es una fascinante novela sin ficción saturada de ficción, aunque no es Javier Cercas quien pone esta ficción, la ficción viene de la mano de Enric Marco, el nonagenario barcelonés que a lo largo de casi tres décadas se hizo pasar por superviviente de los campos nazis. Marco fue desenmascarado en mayo de 2005 después de presidir durante tres años la asociación española de supervivientes, pronunciar centenares de conferencias y recibir distinciones oficiales, entre otras cosas. Casi una década después, Javier Cercas indaga en este thriller hipnótico-donde se pueden encontrar todos los componentes de la narración, la crónica, la historia, el ensayo, la biografía y la autobiografía- el enigma del personaje, su verdad y sus falsedades y, a través de esta indagación, recorre casi un siglo de la historia de España y bucea con una honestidad desgarradora en lo más profundo de nosotros mismos: en nuestra infinita capacidad de autoengaño, en nuestra inautenticidad, nuestro conformismo y nuestras mentiras, en nuestra sed insaciable de afecto y reconocimiento, y en las zonas más dolorosas de nuestro pasado reciente”.



Para intentar sistematizar y, por lo tanto, optimizar este análisis voy a dedicar una primera parte al análisis literario propiamente dicho, de un modo lo más somero posible para así, y en una segunda parte, poder profundizar en el comentario que me ha sugerido la minuciosa lectura que he hecho de “El impostor”. Javier Cercas a la hora de escribir esta historia ha puesto mucho cuidado, especialmente, en el diseño de su arquitectura narrativa mostrando un gran conocimiento de los resortes narrativos para contarnos una historia, de la que desde un primer momento sabemos el final, pero que al final, inesperadamente, consigue sorprendernos. Toda la novela es llevada, principalmente, por la voz narrativa del propio Cercas, que en primera persona, nos va llevando de la mano durante todo el libro, excepto en algunos momentos que, por motivos dramáticos toma el propio Enric Marco ese papel. “El impostor” está estructurado en tres niveles, bastante claros y diferenciados desde un punto de vista narrativo: el relato de Javier Cercas y toda su peripecia para escribir la novela, el relato retrospectivo de la historia de Enric Marco y el actual. Para dar vida a este relato Cercas se va a apoyar en una prosa sencilla (aparentemente), sintética me atrevería a decir, en algunos momentos incluso periodística, que pretende ser un vehículo más que un fin para narrar esta historia. El autor no pretende distraernos con una prosa “florida” de su propósito principal que es ceñirse al relato. Cercas, que es un gran conocedor del oficio literario y, por supuesto de la literatura, no en vano es doctor en filología hispánica, nos va a dar una lección magistral de cómo escribir una novela. Vamos a fijarnos en el comienzo de la novela y cómo, desde el primer momento, Cercas consigue fijar nuestra atención e interés en el relato, “pautando” las claves con las que, más adelante, se desarrollará la novela




“Yo no quería escribir este libro. No sabía exactamente por qué no quería escribirlo, o sí lo sabía pero no quería reconocerlo o no me atrevía a reconocerlo; o no del todo. El caso es que a lo largo de más de siete años me resistí a escribir este libro. Durante ese tiempo escribí otros dos, aunque éste no se me olvidó; al revés: a mi modo, mientras escribía esos dos libros, también escribía éste. O quizás era este libro el que a su modo me escribía a mí.


Los primeros párrafos de un libro son siempre los últimos que escribo. Este libro está acabado. Este párrafo es lo último que escribo. Y, como es lo último, ya sé por qué no quería escribir este libro. No quería escribirlo porque tenía miedo. Eso es lo que yo sabía desde el principio pero no quería reconocer o no me atrevía a reconocer; o no del todo. Lo que sólo ahora sé es que mi miedo estaba justificado”.




Qué duda cabe que uno de los puntos que más me ha interesado de toda la novela, dada mi condición de filólogo y enamorado militante de ésta, es cómo Cercas va a profundizar en un tema tan interesante como es esa inapreciable disolución de la realidad en la ficción, o tal vez al revés, la subsunción de ésta en aquélla, en una obra literaria. Resulta delicioso ver cómo un gran conocedor de la literatura nos va a dar una lección magistral sobre la verdad y la mentira dentro de la literatura y cómo, en algunos casos, como bien refiere Cercas, algunos grandes autores han encontrado su salvación narrando obras con personajes perversos, como Truman Capote en “A sangre Fría” o Emmanuel Carrère en “El adversario”. A pesar de ser un párrafo muy largo, por lo que pido disculpas, voy a transcribir, literalmente, un fragmento de “El impostor” en el que Cercas, de un modo magistral, nos lo va a narrar.



“No es ésta la única conclusión que saca Carrère de las dos historias simétricas y opuestas que acabo de contar; tampoco la que más me interesa. Cuenta Carrère que, al empezar a escribir “El adversario”, quiso imitar “A sangre fría”, la impasibilidad y el desapego flaubertianos de “A sangre fría”, la decisión de Capote de contar la historia de Dick Hickock y Perry Smith como si no hubiera participado en ella, excluyendo su intervención amistosa y perversa y los dilemas morales que le acosaron mientras tenía lugar; sin embargo, cuenta asimismo Carrère, al final optó por no hacerlo: decidió contar su historia sin ausentarse de ella, no en tercera sino en primera persona, revelando también sus perplejidades morales y su relación con el impostor asesino. Y concluye: «Pienso sin exagerar que esa elección me ha salvado la vida».

¿Tiene razón Carrère? ¿Se salvó él como persona, además de salvarse como escritor —“El adversario”es también una obra maestra—, al incluirse en su relato de la impostura criminal de Jean-Claude Romand? ¿Iba a salvarme yo, como escritor y como persona, si, ya que no podía hacer lo mismo que Dickens porque no podía cambiar ni embellecer la historia de Marco, al menos no hacía como Capote y no contaba en tercera sino en primera persona mi relación con el protagonista de mi libro, sin repudiar las dudas y los dilemas morales que enfrentaba al escribirlo, igual que había hecho Carrère? ¿No era el argumento de Carrère brillante y consolador pero falso, por no decir tramposo? ¿No era una forma de comprar legitimidad moral para autorizarse a hacer con Jean-Claude Romand lo que Capote había hecho con Dick Hickock y Perry Smith y lo que yo pretendía hacer con Enric Marco, y para hacerlo además con la conciencia limpia y sin perjuicios personales? ¿Bastaba reconocer la propia vileza para que ésta desapareciese o se convirtiese en decencia? ¿No había que asumir simplemente, honestamente, que, para escribir “A sangre fría”o”El adversario”, había que incurrir en algún tipo de aberración moral y por lo tanto había que condenarse? ¿Estaba yo dispuesto a condenarme a cambio de escribir una obra maestra, suponiendo que fuese capaz de escribir una obra maestra? En definitiva: ¿era posible escribir un libro sobre Enric Marco sin pactar con el diablo?”



Javier Cercas va a moverse, a lo largo de la novela, en un terreno ambiguo en el que el lector nunca tendrá muy claro si es “un relato de real o una novela sin ficción saturada de ficción”. “El resultado de mezclar una verdad y una mentira es siempre una mentira, excepto en las novelas donde es una verdad”. Y es en esta calculada ambigüedad donde Cercas me ha convencido de su maestría y me ha hecho reparar en que “El impostor” es, entre otros muchos motivos más, una magnífica novela que, así lo espero, dentro de algunos años pasará a los manuales de literatura contemporánea. Por otro lado el autor nos va a sugerir un interesantísimo paralelismo entre el personaje de Enric Marco y D. Quijote y, por ende, entre D. Miguel de Cervantes y él mismo. La genial figura del Hidalgo Caballero, que supuso, según algunos autores el nacimiento de la novela moderna, es uno de esos arquetipos inmortales que era válido en tiempos de Cervantes, lo es en la actualidad y lo será (si no ocurre ninguna hecatombe) dentro de 500 años.



“En «Yo soy Enric Marco» (un artículo que Javier Cercas publicó en El País) comparé a Marco con don Quijote porque ambos son dos grandes mentirosos que «no se conformaron con la grisura de su vida real y se inventaron y vivieron una heroica vida ficticia». La comparación sigue pareciéndome válida, pero ahora creo que hay muchas más razones para hacerla”.



Sin duda alguna uno de los momentos “estelares” de la novela es el capítulo octavo de la tercera parte. En éste se produce una escena con un cierto contenido onírico en el que Cercas tiene una conversación con su personaje, Enric Marco, y éste se enfrenta con su autor en igualdad de condiciones tachándole de cobarde y de ser tan mentiroso o más que él mismo…. (No cuento más para no destripar esta magnífica escena en la que Cercas se “desnuda integralmente” ante la mirada atónita del lector). Este diálogo “fantástico” no puede, por menos, evocarnos a D. Miguel de Unamuno y su magnífica y visionaria novela “Niebla”. Al principio de esta reseña ya advertía que “El impostor” es una novela densa y erudita pero, sin embargo, es una novela necesaria que permitirá a Cercas analizar y diseccionar la mentira. Para ello se apoyará en grandes pensadores como Platón, Montaigne, Voltaire, Kant…, etc.



Una de columnas capitales de la novela es el fenómeno de la “memoria histórica”, ese fenómeno revisionista que tuvo tanta importancia en España durante la primera década de este siglo y en cuya efervescencia abría que circunscribir toda la peripecia de Enric Marco. Cercas, en su condición de filólogo, nos hace una interesante disquisición sobre la expresión “memoria histórica”.



“La expresión «memoria histórica» es equívoca, confusísima. En el fondo entraña una contradicción: como escribí en «El chantaje del testigo», la historia y la memoria son opuestas. «La memoria es individual, parcial y subjetiva —escribí—; en cambio, la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva.» Nadie aprovechó mejor que Marco esa antítesis insalvable. Maurice Halbwachs, que fue quien acuñó el concepto de memoria histórica, afirma que ésta es una «memoria prestada», a través de la cual no recordamos experiencias propias sino ajenas, que no hemos vivido sino que nos han contado; Marco aplicó al pie de la letra tal imposibilidad y construyó sus discursos con recuerdos de otros (de ahí, en parte, la desenvoltura con que pasaba en sus charlas públicas del «yo» al «nosotros»): aunque buscaba en teoría reivindicar con ello la memoria de las víctimas, en la práctica no hizo más que desnudar la inoperancia y los riesgos letales que conlleva el uso de ese concepto tan exitoso como absurdo. Por si fuera poco, en España la expresión «memoria histórica» fue, además de un oxímoron, un eufemismo: la llamada memoria histórica era en realidad la memoria de las víctimas republicanas de la guerra civil y el franquismo, y recuperarla o reivindicarla equivalía a reivindicar la reparación completa de esas víctimas y a exigir justicia y verdad sobre la guerra civil y el franquismo para superar de manera definitiva ese pasado terrible”.



Otro de los puntos que me gustaría destacar de esta importantísima novela es, como ya esbocé antes, el dominio técnico para suministrarnos la información e ir llevándonos por donde el autor quiere, en una especie, permítaseme la expresión, de “juego del trilero”. Pondré un ejemplo, al principio de la novela Javier Cercas nos cuenta que cita en su despacho a Enric Marco para grabarle una entrevista, que sirva de material de documentación para escribir la novela. Tendremos que esperar al final de la novela para que, finalmente, Cercas como un gran prestidigitador nos aclare qué ocurrió y qué se dijo en esa entrevista ocultándonos durante toda la novela esa información tan relevante. De todos modos este dominio técnico no me resulta, en absoluto, sorprendente. Ya en su anterior novela, “Las leyes de la frontera” (pinchar el título para leer la reseña) que ya fue reseñada en este blog literario, el autor nos demostró ese dominio a la hora de “montar” su estructura narrativa que suele desembocar en finales bien rematados que, como en esta caso que estamos analizando, nos mantiene el interés, literalmente, hasta la última línea.



Ya para terminar la reseña de este magnífico e interesante libro, y con la intención de no alargarme en demasía, voy a intentar, a modo de resumen, consignar algunos de los puntos esenciales de “El impostor”. Javier Cercas consigue, en este libro, mantenernos en un “limbo” en el que el lector pierde pie y contacto sumergiéndose en el indefinible océano de la realidad-ficción y bajo esta premisa construye toda la trama. Sabemos que Enric Marco miente, pero nos entra la duda razonable de si Cercas también nos ha estado engañando, como Cervantes que hace todo lo posible para hacernos creer que D.Quijote existió realmente. Pero aún hay más Cervantes juega con los lectores, de hecho al inicio de la segunda parte D.Miguel nos habla que el autor no es él sino Cide Hamete Benengeli. Muy interesante, por otra parte, el relato de la intrahistoria de cómo se gesta y se crea una novela, de esos fogones entre los que se cocina lentamente en la imaginación de un escritor una obra literaria. El propio Cercas, en un momento dado, nos habla de cómo es su técnica de trabajo:



“En cuanto a mí, aún no había empezado a escribir este libro, pero ya había atado todos o casi todos los cabos de la historia de Marco, había trazado un esquema minucioso para contarla y, embarazadísimo de ella, a punto de romper aguas…”



Dicho todo lo cual, y a modo de colofón final, sí me gustaría destacar que “El impostor” es un magnífica novela que me ha impresionado notablemente. Un texto de gran riqueza y valor literario que permite hacer una lectura en varios planos. Aunque tengo que admitir, de nuevo, que es una novela que puede no gustar a todos los públicos porque, insisto, es un texto exigente, un texto con referencias culturales y eruditas que, tal vez, no sean del agrado de algunos lectores más acostumbrados a otro tipo de literatura más sencilla y lúdica. Pero, dicho esto, tengo que felicitar a Javier Cercas por esta novela tan acabada y tan conseguida con que nos ha obsequiado a los amantes de la buena literatura y aconsejaros, encarecidamente, la lectura de esta novela que, con toda seguridad, os dará que pensar y no os dejará indiferentes.



Dicho todo lo cual, y tomando en consideración todo lo referido con anterioridad, así como intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que haría más justicia, a la hora de valorar y juzgar la novela “El impostor” del escritor catalán Javier Cercas sería de un 9,00/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo una entrevista reciente a Javier Cercas)







7 comentarios:

  1. muchas gracias por tan completa reseña Luis..no acostumbro a leerlas "a priori", pero en este caso.."me atrapaste" !...será mi próxima lectura, cuando termine Aromas de Claudet

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  2. Muchas gracias Bea por tu comentario. Y me alegra mucho que te haya gustado. Estoy seguro que la novela te encantará. Un beso

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  3. Acabo de terminar el libro y estoy impresionada. Me gusta mucho J avier Cercas, pero creo que este es su mejor libro con diferencia. Luis, tu reseña es muy completa, hay un idea que también es muy importante en la trama, el pasado como una dimensión del presente. Se lo recomiendo al todo el mundo. Yo estoy segura de que lo volveré al leer. Que lo disfrutéis. Ana

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  4. Magnífica reseña. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Todavía no he acabado de leerla, pero las primeras páginas ya me dejaron impresionada. Lo mismo me ocurrió con El adversario, una de las lecturas que más me han marcado. Lo importante en esta "novela" no es la historia de Marco, sino las reflexiones a modo de ensayo del autor. Reme.

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  5. Gracias por tu gran reseña. “El impostor” es una narración inteligente donde volvemos a encontrar el estilo atrevido y fresco de Cercas, sin duda una excelente novela. Sin embargo, no puedo dejar de apuntar que las supuestas revelaciones filosóficas que subyacen en toda la novela y que teóricamente tenían que cambiar nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos (todo el tema de la verdad, la mentira, la falsedad, las mentiras hilvanadas con verdades, que todos somos Enric Marco, que todos somos impostores, etc.) no son nada impactantes o novedosas, al menos para mí, tal vez si para el propio Cercas (no sé si esto refleja una falta de lecturas filosóficas en este autor), pero lo cierto es que cualquier lector medio de obras filosóficas ya se ha enfrentado al trasunto que propone Cercas en su novela

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  6. Casi diría que no es un libro sobre el impostor, sino sobre como Cercas escribió el impostor. Sus dudas, intuiciones etc. pero al autor le importa menos el personaje que él mismo y su trabajo. Aunque en eso tampoco va muy allá. Al final del tedio nos quedamos casi igual que al principio, desmontaje y descripción de las imposturas de todos conocidos. Esperaba algo más. Quizá no haya osado. Es una pena. Lo que más le interesa a es lo que más aburre al lector (al menos a mi), páginas y páginas de disquisiciones y elucubraciones sobre la realidad y la ficción, sobre la realidad o irrealidad de la ficción, sobre la mentira decente e indecente etc. poca cosa más y pocas deducciones (que sólo apunta de pasada y que no investiga lo más mínimo y de importancia crucial) ¿Cómo puede un prófugo del servicio militar en los años 40, librarse del ejército y que le extiendan un pasaporte para ir a Alemania sino es como confidente de la policía para espiar a sus compañeros? (Cercas dice, muy cándidamente que es debido a su increíble capacidad para liarlo todo, vaya argumento). Incluso su paso por la CNT lo toca de puntillas y huele a CNI, en fin se queda en lo visible, de una manera tediosa y aburrida y nos deja sin saber mucho más de lo que ya sabíamos. He tenido que saltarme montones de páginas de disquisiciones, por su irrelevancia y porque no llevan a ninguna parte. Por último, he visto en youtube una entrevista en la tele y no hace falta escuchar mucho rato para darte cuenta de que estás ante un charlatán profesional desquiciado, este tío no engaña a nadie, y si engañó a tanta gente es porque necesitaban ser engañados. Menos mal que hay tipos como Bermejo que se atrevió a decir que por ahí andaba un rey que iba desnudo y después sí, ya todos asintieron.

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