viernes, 5 de junio de 2020

Terra Alta. Javier Cercas

Título: Terra Alta
Autor: Javier Cercas.
Editorial: Planeta.
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 9788408217848
Primera Edición: 5 de noviembre de 2019
Páginas: 384



“Creer en Dios es una apuesta segura: si pierdes no pierdes nada,
 si ganas lo ganas todo…”
(Blaise Pascal)


“Pero las heridas de verdad son las otras. Las que nadie ve. Las que la gente lleva en secreto. Ésas son las que lo explican todo, pero de ésas nadie habla.
Y, quién sabe, a lo mejor está bien que así sea.”
“La mitad de un libro la pone el escritor, la otra mitad la pones tú”.
(Terra Alta. Javier Cercas)

“¿Puede acaso el destino ser malo como un ser inteligente,
y llegar a ser monstruoso como el corazón humano?”
(Los Miserables, Victor Hugo)





Ayer terminé la lectura de la última novela galardonada con el Premio Planeta 2019 “Terra Alta” de Javier Cercas a media tarde. Durante toda la tarde estuve dándole vueltas en mi cabeza a su lectura y consultando mi cuaderno de notas. Cuando me acosté no podía parar de pensar en la novela y ya, totalmente desvelado, me levanté y cogí la novela y comencé a repasarla de nuevo. Tengo que reconoceros, queridos amigos seguidores de este blog literario, que esto, afortunadamente, no me suele ocurrir con mucha frecuencia. Esta segunda lectura, a horas ciertamente intempestivas, en el silencio de la noche me ha ayudado, sin duda alguna, a aquilatar y afinar mis impresiones en la lectura previa. Para escribir este análisis literario voy a intentar ser lo más objetivo posible intentando aplicar las premisas propias e inherentes a cualquier método de análisis científico. Porque, como bien decía uno de mis mejores maestros, de recuerdo indeleble para mí, durante mi formación intelectual, la filología es una ciencia tan “científica” como la física o las matemáticas. Y es, precisamente bajo esta premisa fundamental, como afronto este análisis.



Antes de entrar en materia sí me gustaría hacer algunas consideraciones previas que, en mi opinión, son necesarias e imprescindibles. Javier Cercas es para mí unos de los autores más interesantes que tenemos en la actualidad en nuestro panorama literario. Y lo es porque es diferente a los demás, porque se trata de un intelectual, de un filólogo, de un hombre de una sólida cultura metido a escritor. Y esta premisa es fundamental para intentar profundizar en su obra literaria. Durante la trayectoria de este blog ya he estudiado y analizado dos de sus novelas anteriores: Las leyes de la frontera y El impostor. Recomendaría al lector que, si es posible, repasasen estas reseñas (están hiperenlazadas) que, de alguna manera, complementaran este análisis porque todas sus novelas, en cierto modo, hay que entenderlas como partes de un mismo “corpus”.



En “Terra Alta” Javier Cercas nos propone una novela para mí muy complicada de definir. Una definición muy simplista, y por lo tanto injusta y además sesgada, sería decir que estamos ante una novela adscrita al género negro, puesto que hay un asesinato y una investigación subsiguiente. Pero esto sería quedarse en la lectura más obvia y superficial. “Terra Alta” es mucho más que una novela negra y quedarnos únicamente en este nivel de lectura solo podría provocarnos, en muchos casos incomprensión y desilusión. El texto que nos propone el autor es mucho más complejo que eso, es una profunda reflexión, como por otra parte lo son todas sus novelas, sobre la condición humana. Y creo que es necesario profundizar en todos los niveles de lectura. Entiendo que muy exigente porque se nos propone un texto, no lo olvidemos, escrito por un intelectual. Sin duda si únicamente nos quedamos en el nivel más obvio y evidente, de la novela negra, no habremos entendido absolutamente la riqueza de esta novela. Cercas como filólogo, al igual que en todas sus novelas, nos propone un libro exquisito para los que amamos la literatura con esa imagen especular con “Los miserables” la obra maestra de Victor Hugo y, en mi opinión, una de las obras capitales de toda la literatura universal. Y como para el protagonista de la novela, Melchor Marín, será una guía iniciática que marcará su vida y sus acciones. Posteriormente, a lo largo de este análisis profundizaré más, dentro de las estrechas posibilidades que ofrece una reseña de estas características, en el tema de los niveles de lectura y, como creo que mejor se define “Terra alta” es una magnífica novela sobre la metaliteratura. Por lo que entiendo, perfectamente, que si no “rompemos” esa barrera de profundizar en otros niveles de lectura nos pueda parecer una novela policiaca del montón.



Como ya es habitual, llegados a este punto de la reseña, creo que lo más adecuado es pergeñar, aunque sea someramente, una sinopsis argumental de la novela. Como ya advertía un poco más arriba lo más importante, lo más interesante de la novela hay que encontrarlo en otros niveles más profundos de lectura que el nivel superficial que nos puede relatar su sinopsis argumental. En cualquier caso paso a transcribirla a continuación.



“Un crimen terrible sacude la apacible comarca de la Terra Alta: los propietarios de su mayor empresa, Gráficas Adell, aparecen asesinados tras haber sido sometidos a atroces torturas. Se encarga del caso Melchor Marín, un joven policía y lector voraz llegado desde Barcelona cuatro años atrás, con un oscuro pasado a cuestas que le ha convertido en una leyenda del cuerpo y que cree haber enterrado bajo su vida feliz como marido de la bibliotecaria del pueblo y padre de una niña llamada Cosette, igual que la hija de Jean Valjean, el protagonista de su novela favorita: Los miserables.



Partiendo de ese suceso, y a través de una narración trepidante y repleta de personajes memorables, esta novela se convierte en una lúcida reflexión sobre el valor de la ley, la posibilidad de la justicia y la legitimidad de la venganza, pero sobre todo en la epopeya de un hombre en busca de su lugar en el mundo”.



Desde un punto de vista meramente formal Javier Cercas nos plantea un relato en dos planos temporales que se van alternando y entrecruzando a lo largo del texto. Un primer plano sería el relato de la investigación criminal del asesinato del matrimonio Adell, narrador en tercera persona y en tiempo presente y, por otra parte, el relato en tercera persona y en tiempo pasado en el que el autor bucea en el pasado del protagonista. Este relato retrospectivo, para mí, resulta más importante incluso que el propio relato de la investigación. Espero no equivocarme si digo que Cercas ha puesto mucho más de él en esta “segunda” trama que, propiamente en la principal. El tema realmente importante es lo que ya planteó Victor Hugo cuando escribió su magna obra “Les Misérables”, un tema intemporal que mientras que los seres humanos pueblen la faz de la tierra, siempre habrá algún hombre (o mujer, por supuesto) que tendrá la sensación de  que Víctor Hugo escribió esa novela pensando en él. Es un placer leer “Terra alta”, como toda la obra narrativa de ese intelectual metido a novelista que es Javier Cercas y disfrutar de ese amor que destila por la literatura y por su compromiso social y existencial que deja patente en su obra. A continuación dejo un pequeño párrafo que, leyéndolo en un nivel más profundo de lectura, es toda una declaración de intenciones por parte del autor a la hora de entender su narrativa:



“Como la semana anterior, la biblioteca acababa de abrir; como la semana anterior, estaban solos.
—Pasternak era poeta —dijo Olga—. ¿Te gusta la poesía?
—No mucho —reconoció Melchor, que apenas había leído poesía—. Los poetas me parecen novelistas perezosos.
Olga se quedó pensativa.
—Puede ser —dijo—. Aunque a mí casi todos los novelistas me parecen poetas que escriben demasiado”.



Enfrentarme a esta crítica literaria me ha permitido volver a consultar mis cuadernos de notas sobre las anteriores novelas que ya reseñe con anterioridad en este blog literario. Y esta vuelta atrás, retrospectiva, me ha ayudado a comprender la solidez y coherencia de toda la obra narrativa de Cercas. Como dije más arriba el autor volverá a hablar de sí mismo, eso sí, variando el ángulo de incidencia, el punto de vista, para enriquecer su mirada. Entiendo que “Terra alta” no sea, probablemente, una gran novela “negra” al uso. Algunos giros de “guión” están muy forzados, como por ejemplo todo lo relativo al atentado terrorista de Cambrills, la resolución del caso que honestamente resulta poco creíble e incoherente con la investigación (no voy a entrar en más detalles para no reventar la novela). El lector no debe buscar exclusivamente una brillante investigación criminal en la que todo el mecanismo funciona con la precisión de un reloj suizo. Como decía al principio no debemos considerar “Terra alta” como una novela negra en “strito sensu” es muchísimo más y ese muchísimo más es lo que hace de este libro una magnífica novela.



Terminó la novela conmocionado, con la certeza de que ya no era la misma persona que empezó a leerla, y de que nunca volvería a serlo”.





El personaje de Melchor Marín es, sin duda alguna, el más interesante de toda la novela. Y para comprenderle en su esencia es necesario volver a “Les miserables” que es, por así decirlo y aunque suene hiperbólico, esa gran novela que engloba a todas las demás. Amigo lector si aún no has leído esta obra maestra, sin duda alguna, te recomiendo encarecidamente su lectura. En cualquier caso, voy a transcribir un fragmento (a pesar de su extremada longitud) que explicita muy bien esta relación del protagonista con la obra de Hugo.



“«De la sociedad no había recibido sino males. Los hombres no le habían tocado más que para maltratarle. Todo contacto que con ellos había tenido había sido una herida. Nunca, desde su infancia, exceptuando a su madre, nunca había encontrado una voz amiga, una mirada benévola. Así, de padecimiento en padecimiento, llegó a la convicción de que la vida es una guerra, y de que en esta guerra era él el vencido. Y, no teniendo más arma que el odio, resolvió aguzarlo en el presidio, y llevarlo consigo a su salida».



Estas palabras le enervaron, le sublevaron, le electrizaron, terminaron de compenetrarle con Jean Valjean, aquel convicto que jamás reía, hosco, desdichado, sombrío y absorto, que «parecía ocupado siempre en mirar cosas terribles». Se identificó por completo con él: la furia de Jean Valjean era su furia, el dolor era su dolor, el odio era su odio. La compenetración, sin embargo, duró poco. Apenas unas páginas después, Jean Valjean cambió de nombre y se convirtió en el señor Magdalena, el industrioso y virtuoso y santo y sabio y respetado señor Magdalena, y Melchor sintió que se le volvía un personaje ajeno y estomagante. Fue justo entonces cuando, venturosamente (al menos venturosamente para él), apareció en la novela Javert, un policía con ojos de ave rapaz, corazón de madera y cara de perro nacido de una loba, un desarraigado sin esperanza y sin futuro, hijo de un presidiario y una pitonisa, que encuentra su arraigo, su esperanza y su futuro en el apego intransigente a la causa de la ley y se convierte en el perseguidor inflexible de Jean Valjean, en su enemigo a muerte, en su Némesis.



Javert le encandiló. Lo que Melchor sentía por aquel ser marginal y marginado era mucho más complejo y más sutil que lo que había sentido por Jean Valjean. Javert era el malvado de la novela, el autor lo había creado para que atrajera el desprecio del lector con su rocosa antipatía, su vehemencia legalista y su fanatismo por momentos diabólico. Aquello estaba claro. Pero Melchor también sabía que, tal vez a despecho del autor, Javert tenía otra cara, y sentía que, en su terca defensa de las normas, en su empeño inflexible en combatir el mal y hacer justicia, había una generosidad y una pureza diamantinas, un afán idealista, caballeresco y sin dobleces por proteger a quienes carecían de otra protección que la ley, una conciencia heroica de que alguien debía sacrificar su reputación y su bienestar personal para preservar el bienestar común. Frente a la empalagosa virtud pública del señor Magdalena, Javert personificaba la virtud disfrazada de vicio, la virtud secreta, la verdadera virtud.



Tengo que confesaros que, generalmente, y después de tantos años dedicado a la crítica literaria cada vez me siento más descreído respecto a los grandes certámenes literarios. Llevo muchos años siguiendo los Premios Planeta y en, muchos casos, fueron galardonadas novelas de una calidad, por decirlo suavemente, muy discutible. En esta edición de 2019 el jurado estuvo integrado por Alberto Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Belén López, directora de Editorial Planeta y secretaria del jurado con voto. En esta ocasión han apostado por una novela arriesgada. Sí, arriesgada. Porque estoy seguro que al lector habitual del género negro le va a resultar, por decirlo de alguna manera, decepcionante porque no está escrita ni planificada siguiendo los manidos patrones al uso de este género: resolución brillante de un enrevesado caso criminal en donde, hasta el último momento el autor juega al gato y al ratón con el lector, para sorprenderle con una brillante resolución, etc, etc... Por eso mismo considero que el jurado ha tomado una decisión muy valiente a la hora de premiar “Terra alta”.



Al poco tiempo de la concesión del Premio Planeta a Javier Cercas en diferentes artículos de prensa e incluso en radio y televisión se hizo mucho hincapié, en todas las entrevistas, sobre algunas opiniones políticas relativas a la situación catalana que aparecen en la novela, como por ejemplo que Melchor Marín sea el héroe de Cambrills, etc... Honestamente después de leer y releer la novela no le encuentro ningún sentido narrativo a su inclusión. Más bien podría parecer una intención de polemizar para así darle más visibilidad (y mayores ventas a la novela). Dicho con todo mi cariño creo que ni el relato, ni el libro, ni, por supuesto, un grandísimo escritor como Javier Cercas lo necesitan. Como ejemplo cito un párrafo de la novela cuya inclusión no aporta absolutamente nada ni al personaje ni al desarrollo narrativo del texto.



“El sentimiento resultó ser exacto, como demostró el hecho de que el grupo ni siquiera se agrietara en los días anteriores y posteriores al referéndum independentista del 1 de octubre, poco después de su llegada a la Terra Alta, cuando el Tribunal Constitucional suspendió la consulta, los jueces ordenaron a los Mossos d’Esquadra que impidieran la votación y, presionados por los políticos independentistas que habían convocado el plebiscito ilegal desde el gobierno autónomo, los mandos del cuerpo dieron a sus subordinados instrucciones soterradas pero suficientes de que no obedecieran a los jueces, o no demasiado, o no del todo. Esta discrepancia entre las órdenes explícitas de la judicatura y las órdenes implícitas de los mandos provocó tensiones en casi todas las comisarías del cuerpo; también en la de la Terra Alta. Quien más las padeció en la Unidad de Investigación fue el sargento Blai, que se enzarzó en varios altercados verbales con compañeros de Seguridad Ciudadana partidarios de facilitar la celebración del referéndum, como mínimo de no impedirlo. Melchor y Salom asistieron a una de esas trifulcas mientras tomaban café una mañana en el comedor de la comisaría; luego, ya a solas los tres, el caporal trató de apaciguar al sargento quitando hierro a la disputa y bromeando con su condición de independentista. La broma acabó de soliviantar a Blai.
—Me cago en Dios, Salom —dijo, agarrando al caporal de la solapa de su camisa—. Yo soy independentista desde que mi madre me parió, no como esta panda de conversos que nos gobiernan y que nos dejarán en la estacada en cuanto puedan. Pero antes que independentista soy policía, y los policías estamos para hacer cumplir la ley, o sea para hacer lo que digan los jueces, no lo que nos salga de los cojones. Y si los putos jueces me ordenan que cierre los colegios, yo me pongo en primer tiempo de saludo, me meto mi independentismo por el culo, cierro los colegios y en paz. ¿Ha quedado claro?”



Para no alargarme mucho más en este extenso análisis, sí me gustaría destacar algunos aspectos a modo de colofón. Javier Cercas es hoy por hoy uno de los mejores autores que tenemos en la actualidad. Todas sus novelas muestran una gran riqueza que requiere de un cierto esfuerzo por parte de los lectores para adentrarse en los niveles de lectura más profundos en donde está la esencia de sus obras. No me cabe la menor duda que pronto (si aún no lo es) Javier Cercas aparecerá en los manuales de literatura. Ya para terminar este análisis voy a citar el último párrafo de la reseña de su novela “El Impostor” que escribí en noviembre de 2014 y que puedo suscribirlo punto por punto por su vigencia.



“Dicho todo lo cual, y a modo de colofón final, sí me gustaría destacar que “El impostor” es un magnífica novela que me ha impresionado notablemente. Un texto de gran riqueza y valor literario que permite hacer una lectura en varios planos. Aunque tengo que admitir, de nuevo, que es una novela que puede no gustar a todos los públicos porque, insisto, es un texto exigente, un texto con referencias culturales y eruditas que, tal vez, no sean del agrado de algunos lectores más acostumbrados a otro tipo de literatura más sencilla y lúdica. Pero, dicho esto, tengo que felicitar a Javier Cercas por esta novela tan acabada y tan conseguida con que nos ha obsequiado a los amantes de la buena literatura y aconsejaros, encarecidamente, la lectura de esta novela que, con toda seguridad, os dará que pensar y no os dejará indiferentes”.



Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “Terra Alta”, novela galardonada con el Premio Planeta 2019 del escritor Javier Cercas sería de un 8,75/10.


(Como ilustración a la reseña os adjunto un video de una presentación de la novela por parte de su autor)





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