jueves, 14 de enero de 2016

Hombres desnudos. Alicia Giménez Bartlett




Título: Hombres desnudos.
Autor: Alicia Giménez Bartlett
Editorial: Planeta
Colección: Autores españoles e iberoamericanos.
ISBN: 978-84-08-14787-9
Fecha de publicación: 3 de noviembre de 2015.
Páginas: 480.
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta.
Precio (soporte papel): 21,90 €
Precio (e-book): 12,99 €




“¡La maldita crisis! ¡Nos va a llevar a todos a la ruina moral!”
(Hombres desnudos. Alicia Giménez Bartlett)




En esta profesión siempre resulta enriquecedor, y sobre todo muy gratificante, cuando después de leer centenares de novelas, en muchos casos mediocres, cuando no francamente pésimas, y que casi no justifican su valor en el precio del papel del que están impresas, encuentras un libro que merece la pena, un libro escrito con oficio; en definitiva una historia bien narrada. Como bien nos recordaba un viejo catedrático la literatura, al fin y a la postre, se resume en contar una historia. Es en esos momentos “mágicos” en los que uno puede disfrutar con su lectura, tanto en su faceta de crítico literario, como en su faceta amante de la lectura. Y este es uno de esos libros que es capaz de suscitar esa “magia”. “Hombres desnudos” de la magnífica escritora almanseña Alicia Giménez Bartlett, es una interesantísima novela cuya profundidad nos va a permitir hacer una lectura en varios niveles. En un primer lugar encontraremos el nivel más simple y obvio, que es propiamente la historia que la autora nos va a narrar, pero veremos que tras esa historia la autora va a deslizarnos muchas cosas más y, por cierto, muy profundas. Cuando hablo de profundidad en absoluto considero que eso esté reñido con el entretenimiento; antes bien, al contrario. “Hombres desnudos” es un libro que suscitará el interés del lector, gracias a la técnica literaria y el oficio de la escritora, que en mi opinión se encuentra en uno de los mejores momentos artísticos de su, por otra parte, ya dilatada carrera literaria




“Hombres desnudos” ha sido galardonada con el Premio Planeta, probablemente uno de los galardones literarios más prestigiosos del mundo. Los lectores habituales de este blog literario saben que en otras ocasiones no he tenido más remedio que opinar del bajo nivel de otras novelas premiadas en ediciones anteriores. Pero, sin embargo, este no es el caso. Así es que tengo que felicitar a los miembros del jurado de este Certamen integrado por: Alberto Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Emili Rosales, por su acertadísima decisión.




Dado el interés, desde un punto de vista analítico de la novela, voy a intentar ser lo más sistemático posible e incidir en los puntos más relevantes para que el amable lector de estas líneas pueda orientarse en los méritos del texto. Intentaré, como suele ser habitual ser lo más pedagógico posible para que todas las personas que se acerquen a esta reseña puedan disfrutar de la novela. Vaya por delante que he encontrado algunos pequeños detalles que, en mi opinión, perjudican al resultado final de la novela pero que, por el contrario, en modo alguno desmerece mi opinión de que estamos ante una gran novela.




Quiero advertir al lector que esta crítica va a ser algo diferente a las que hasta ahora he escrito. Más que nada porque creo que la novela lo merece. En la primera parte me dedicaré, más que propiamente al análisis, al comentario literario. Creo que “Hombres desnudos” es un libro que se presta a reflexionar, lamentablemente de un modo muy superficial puesto que, por razones obvias no puedo alargarme mucho. Y dejaré la segunda parte para entrar más de lleno en el análisis técnico de la novela. Y, ya por último, y a modo de resumen, “justificar” mi opinión crítica sobre ella.




Como ya es habitual en todos mis análisis, creo que lo conveniente será empezar con una somera sinopsis argumental, con la loable intención de situar al lector en el marco de la novela que vamos a estudiar. Para este fin he utilizado más que una sinopsis la recensión que publica la propia editorial Planeta de “Hombres desnudos”.



“Nadie puede imaginar hasta qué punto los tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. Hombres desnudos es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles.
Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante”.



La elección de la recensión anterior no ha sido hecha a humos de paja; al contrario. La he utilizado porque creo que pone, precisamente, el foco en uno de los puntos clave para, en mi opinión, entender el fondo de la novela. Y, volviendo al comienzo de esta crítica, no quedarnos en el nivel de lectura más simple, más obvio, sino que profundicemos al qué ha querido decirnos la autora. A lo largo de la historia de la literatura, en nuestro caso la española, podemos comprobar que los momentos de máximo florecimiento de nuestras letras han estado insertos en momentos históricos de grandes crisis: nuestro Siglo de Oro, generación del 98, etc, etc. Y es que, es precisamente en esos momentos de crisis, cuando nuestros intelectuales, nuestros artistas, nuestros escritores hablan a la sociedad y su obra actúa a modo de espejo y catalizador de ese anhelo de la sociedad en crisis. Después de este exordio que tal vez, pudiese parece extemporáneo, me gustaría enlazarlo con la novela que analizamos. “Hombres desnudos” es una novela de “crisis”, un texto que habla de la crisis y esto permite a Giménez Bartlett utilizar el escalpelo y diseccionar, con una habilidad pasmosa, a toda una sociedad a través de unos personajes. Estos personajes, tan ricos en su dibujo, en su complejidad, en su profundidad psicológica y que van modelándose a lo largo de la novela, nos pondrá a nosotros mismos ante ellos como si fueran un espejo de nosotros mismos.








En primer lugar tenemos que considerar que uno de los personajes, en concreto Javier (me resisto a decir el protagonista porque en esta novela todos los personajes son muy importantes), es profesor de literatura en paro. Evidentemente para una filóloga como Alicia Giménez Bartlett debe resultar algo muy familiar. El propio Javier en la novela nos reflexiona sobre su profesión:




“A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad”.




En este párrafo que acabo de citar la autora nos da las claves interpretativas de esta novela. Y, como comentaba un poco más arriba, nos muestra que la literatura, más allá de la historia que nos cuenta, ante todo está intentando hablar de nosotros mismos (a nosotros mismos) y ser un espejo en el que nos reflejemos y que nos ayude a entendernos, a comprendernos. En “Hombres desnudos” Bartlett nos enfrenta dos posturas, muy claras y delimitadas, dos formas de ver y enfrentarse a la vida, pero llevadas a una situación límite como es la brutal crisis económica (y de valores y civilización) que aqueja nuestra sociedad. Por cierto no se sabe muy bien que fue antes si el huevo o a la gallina; quiero decir, si la crisis económica o está crisis de valores que vivimos y, además, cuál fue consecuencia de cuál. A continuación voy a transcribir un fragmento que ilustra, como veréis, con toda crudeza este particular.




“«No soporto desnudarme y que ella se quede vestida, mirándome como si fuera un animal en el zoo. Lo único que quiere es humillar al tío que tiene delante, y yo tengo mi dignidad.» Cuando me dijo eso de la dignidad me puse como una moto. ¿Es que solo él tiene dignidad, no tengo yo la mía? Pues la tengo como todo el mundo, joder. Pero si eres un currito sin un pavo tienes que cerrar los ojos y pasar por muchas cosas. Además, estamos hablando de desnudarse, solo de quedarse en pelotas. ¡Ya está bien de cogérsela con papel de fumar!, que la vida está muy chunga. Yo he tenido que hacer muchas cosas que no me apetecían un carajo: aguantar palmetazos en el culo de alguna tía guarra y borde, hacerles el beso negro a una o dos viejas de más de cincuenta años que me daban un asco que te cagas. Pero este negocio es así; todos los currelos tienen partes malas, ¿o es un placer de cojones levantarse todos los días a las seis de la mañana, coger el metro, hacer dos transbordos y plantarse en la fábrica a las ocho para pasarse todo el día encerrado como un preso en un penal? ¡Anda ya, hombre! Y luego, vivir en un puto cuchitril con cuatro euros al día”.




Entrando ya en la segunda parte de este análisis me gustaría que fijásemos la atención en algunos detalles, más técnicos, que nos ayuden a comprender y entender los resortes que utiliza la autora para dar vida y credibilidad a su novela, como se suele decir para “dotar de carne” a su relato. En primer lugar me gustaría detenerme en el uso que Bartlett hace de la figura del narrador. Como ya he comentado en otras reseñas anteriores, es muy importante dónde pone la voz narrativa el escritor, porque es, sin duda alguna, una de las variables más importantes a la hora de contar una historia. La autora, en esta novela, va a utilizar una especie de narrador “coral”. En este detalle, tan bien utilizado, se aprecia el domino narrativo que ha alcanzado Bartlett. En primer lugar podemos decir que el libro está narrado por los propios personajes, con una ausencia total de la habitual figura del narrador en tercera persona, a modo de la voz del autor. Este detalle obliga a seguir una narración cronológica, al hilo de los pensamientos, de los sentimientos de los personajes que nos van narrando en primera persona su historia y en tiempo presente. Pero claro, el gran mérito de la autora es que en todo momento, aunque se vayan entremezclando las voces narrativas, el lector siempre tiene claro de qué personaje es la voz narrativa. Y esto que parece tan sencillo es realmente difícil (hacerlo bien, obviamente). Para conseguir este efecto Bartlett va a caracterizar fraseológicamente a cada uno de los personajes, tanto por su léxico como por sus expresiones y usos idiomáticos. (Sobre este tema me encantaría poder explayarme ampliamente porque he llenado decenas de cuartillas con un análisis más exhaustivo a este respecto).




Si entramos a considerar el estilo que Bartlett utiliza, como vehículo narrativo en esta novela, podemos precisar que es un estilo actual, un estilo aparentemente simple, pero en modo alguno desaliñado. Creo que en el siguiente fragmento que transcribo la autora nos hace toda una declaración de principios, acerca de cómo debe ser el estilo en una obra literaria:




“Me paro y recapacito: hombre tosco, voluntad de orden y belleza. Estoy empezando a utilizar en mis pensamientos el vocabulario de una mala novela, una de esas que se autoeditan los desgraciados que se creen geniales: un vocabulario rimbombante, vacío”




Me imagino que muchos lectores llegados a este punto quizá estén echando de menos algo más de información acerca de qué trata la novela. Y tienen razón. He evitado hablar acerca del tema que trata fundamental porque creo que “Hombres desnudos” es una novela que hay que leer y pretendo que el lector que se acerque a ella, espero que muchos, lo haga con la mirada limpia sin ningún tipo de condicionamientos y simplemente se deje llevar por esta historia con la que Alicia Giménez Bartlett nos “vapuleará”.




Al principio de esta reseña ya avise, al eventual lector, de la existencia de algunos “pequeños detalles” que, en mi opinión, perjudicaban, de alguna manera, mi valoración, por otra parte magnífica, de la novela. Creo, con toda sinceridad, que quizá en algunos momentos puntuales, el relato se vuelve un poco repetitivo (vais a disculparme que no entre en mucho detalle para no “reventaros” la novela). Por lo demás la edición de la novela es excelente. Eso sí, tengo que destacar que me ha llamado la atención un curioso lapsus-gazapo que se desliza en la novela (En honor a la verdad si lo cito es únicamente por si, en sucesivas ediciones pudiese ser corregido). Voy a transcribir el párrafo donde aparece el lapsus.




“He llamado a mi despacho al encargado de personal y le he anunciado que David causa baja en la empresa. Su cara traslucía la lucha entre la discreción y la curiosidad. «Voluntariamente», he añadido. El hijo de puta de Javier me ha puesto en una situación difícil”.




Resulta evidente, leyendo la novela, que en donde dice Javier realmente debería decir David. En cualquier caso, y como colofón final a esta crítica literaria me gustaría resaltar y destacar el magnífico final de la novela. Mucho más no puedo decir pero en ese final, tan abrupto y tan bien escrito la autora dejará al lector sin aliento. Y, también me gustaría reclamar la atención del lector sobre el último párrafo, y la técnica que utiliza, para terminar esta magnífica novela. Como colofón final, y por último, me gustaría destacar la maestría de la autora que como los buenos magos nos sorprende con el efecto de su magia pero, gracias a su técnica, nunca descubrimos el truco.




Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todos los méritos arriba expuestos a lo largo de este análisis, creo que la puntuación más ajustada, conforme a mi modo de entender el arte literario, para juzgar la novela “Hombres desnudos”, ganadora del Premio Planeta, en su edición del año 2015, de la gran escritora almanseña Alicia Giménez Bartlett sería de un 9,00/10


© Luis Alberto Cao



(Para ilustrar la reseña os dejo el video de la entrega del Premio Planeta 2016 con el que está novela fue galardonada)




domingo, 10 de enero de 2016

El bar de las grandes esperanzas. J.R. Moehringer.




Título original: The tender bar.
Autor: J.R.Moehringer.
Traducción: Juanjo Estrella González.
Editorial: Duomo ediciones.
Colección: Nefelibata.
ISBN: 9788416261017.
Fecha de edición: Agosto 2015
Páginas: 464.
Precio: 19.80 €




“Un borracho está muerto y todos los muertos son borrachos”
(William Butler Yeats)


“La muerte entra y sale, y sale y entra la muerte de la taberna”
(Federico García Lorca)


Pues el verdadero autor de la subyugación de un pueblo no es tanto el agente
inmediato cuanto el poder que le permite disponer de los medios para impedirla”
(Tucídides. La guerra del Peloponeso)




Tengo que reconocer, antes de entrar propiamente en el análisis de esta novela, que “El bar de las grandes esperanzas” del escritor norteamericano J. R Moehringer, era un libro que, cuanto menos, suscitaba mi curiosidad. Ha sido, y lo sigue siendo hoy en día, uno de los libros más vendidos, así como más mimados por la crítica especializada. De un modo casi unánime todos los críticos se han puesto de acuerdo en aclamar esta novela como una de las grandes que se exhiben en los anaqueles de las principales librerías de todo el mundo. Bajo estas premisas comencé el trabajo de lectura y análisis desapasionado, eso sí, intentado leerla abstrayéndome, por así decirlo, de todo el ruido mediático que ha propiciado. A modo de marco general, que posteriormente iré pormenorizando y detallando a lo largo de esta crítica, tengo que admitir que me ha parecido una novela muy interesante. Eso sí, tengo que “discrepar” (tal vez el verbo más adecuado dado el respeto y admiración que tengo a muchísimos críticos y blogueros sería “disentir” cariñosamente) en lo que respecta a los elogios tan superlativos y encomiásticos que algunos críticos han vertido al respecto de “El bar de las grandes esperanzas”. Pienso que Moehringer es un autor de oficio y conocedor de los resortes de la “gramática” de la narrativa actual, sin embargo esta novela, en mi modesta opinión resulta, cuanto menos desigual, tanto en lo que respecta al ritmo narrativo, llamémosle "pulso narrativo", como en lo referente a su interés dramático que en algunos momentos de la novela decae ostensiblemente. Una grandísima pena puesto que estas lagunas, y lo digo con la mayor objetividad posible, lastran la valoración final de esta obra. Eso sí, como refería un poco más arriba, no cabe duda de que estamos ante una magnífica novela, cosa que puedo asegurar con total rotundidad, pero lo que no puedo (ni debo) hacer es considerarla como una obra maestra, fundamentalmente porque, en mi opinión, no alcanza ese nivel de excelencia máxima. Por otra parte tengo que reconocer, poniéndome en la piel de todos los lectores, que “El bar de las grandes esperanzas” es un libro cuyo máximo disfrute y goce no está al alcance de todos los lectores. Ya que es un texto literario escrito con, cuanto menos, una cierta ambición literaria con el inconveniente, a estos efectos, de manejar unos “códigos” y un metalenguaje literario que no resulta accesible a cualquier lector que percibe que hay cosas que se le escapan. Si se me permite una broma, podríamos colegir que se trata de una novela escrita por un autor de Yale para sus compañeros de la universidad de Yale.




Tengo que pedir anticipadamente disculpas a los amables lectores que siguen con tanto interés este blog literario. Disculpas porque la lectura de esta interesantísima novela, desde un punto de vista de análisis crítico, me ha dado lugar a más de 20 páginas de apuntes. Así es que antes de empezar ya sé que, por motivos de espacio, no voy a poder abordar todos los aspectos que quisiera y con la profundidad que me gustaría. En cualquier caso, del modo más sintético y pedagógico posible intentaré tocar todos los aspectos más destacados de esta novela.




Antes de empezar con el análisis más exhaustivo, como corresponde a un trabajo de crítica literaria, creo que lo más adecuado antes de adentrarnos en él sería, sobre todo con la intención de situar al eventual lector de estas líneas, pergeñar, eso sí someramente, una sinopsis argumental de los hechos que acaecen en la novela. Para este fin, creo que cumple sobradamente la recensión que hace la editorial Duomo ediciones. Por lo que, sin más, paso a transcribirla en su integridad.




“J.R. creció con su madre, pues su padre los abandonó cuando J.R. no había pronunciado su primera palabra. Él, sin embargo, sabe quién es su padre: un DJ de Nueva York que tiene un programa de radio y cuya voz J.R. escucha con la oreja pegada al aparato. Hasta que un día la voz desaparece del aire y J.R. se queda sin nadie a quien escuchar. Encontrará refugio en el amor de su madre y en el Dickens, el bar de su barrio, un sitio donde poetas, policías, apostadores, soldados, boxeadores y estrellas de cine tienen una historia que contar. Allí, entre todas esas voces que lo cautivan como en un sueño, J.R. podrá darle voz a su propio destino y podrá forjarse, también, una identidad. Conmovedor y emocionante, firmado por un premio Pulitzer, El bar de las grandes esperanzas es un libro hermoso que puede leerse como una novela de aprendizaje o como una historia apasionadamente sincera y real”.




Os tengo que reconocer que me ha costado mucho trabajo preparar la crítica de “El bar de las grandes esperanzas”, de hecho tenido que leer dos veces la novela, fundamentalmente porque, en mi opinión existe una cesura muy acentuada entre la primera parte de la novela y la segunda y después de terminar la lectura completa, la primera vez, tuve la sensación de que “algo” se me había pasado de largo.




La novela de J.R. Moehringer, como comenté un poco más arriba, es un texto con vocación de estilo, con una indudable intención de perdurar, de no ser simplemente un superventas sino que, cuando pase la “vida útil” del libro, siga manteniéndose como un obra literaria de valor artístico. Por seguir un orden metodológico en el análisis y no perdernos en los múltiplos meandros que una novela tan interesante, desde un punto de vista crítico y filológico, voy a intentar explicar porque creo que es un texto que puede resultar abstruso para un lector normal (quiero decir un buen lector aunque sin una gran base técnica).




Uno de los grandes inconvenientes para cualquier lector que quiera acercarse a este libro es que se trata de una novela muy americana tanto en el fondo como en la forma. A lo largo del texto el autor nos va a hablar de acontecimientos, sucesos y situaciones muy circunscritas a la cultura norteamericana que, a pesar de la indudable globalización del mundo, no nos permiten extraer todo el jugo al libro. Llegados a este punto tengo que felicitar a Juanjo Estrella por su magnífica traducción y sus impagables notas a pie de página que tanto nos facilitan la comprensión, así como por su virtuosismo para verter a nuestra lengua un texto tan sumamente difícil, técnicamente, por sus giros, su argot y el uso de que el autor hace para caracterizarnos el “habla” de sus personajes, fundamentalmente los parroquianos del bar.







A continuación voy a transcribir un par de fragmentos de la novela que creo nos van a ilustrar bastante algunos “conceptos” que creo imprescindibles para abordar el análisis de este libro.




“–Cada libro es un milagro –decía Bill–. Cada libro representa un momento en el que alguien se sentó en silencio (y ese silencio forma parte del milagro, no te engañes), e intentó contarnos a los demás una historia.”



“–No soporto esa pregunta –le dije–. No soporto que la gente pregunte de qué va un libro. La gente que lee buscando una trama, la gente que chupa las historias como si fueran la nata de una galleta Oreo, debería quedarse con los cómics y las telenovelas. ¿Que de qué va? Todos los libros que merecen la pena van de emociones y de amor y de muerte y de dolor. Va de palabras. Va de un hombre que se enfrenta a la vida. ¿Te vale así?”.




Si analizamos el primero de los fragmentos, sin entrar en cuestiones estilísticas, ya podemos apreciar la voluntad del autor en plantearnos una novela que habla de literatura; de hecho todo el libro nos va a ir preparando para entender, precisamente, la razón de ser de “El bar de las grandes esperanzas”. En otras palabras el autor nos hace una declaración de intenciones de que estamos ante una novela con pretensiones literarias. Por otra parte, el segundo fragmento que he seleccionado creo que es aún más esclarecedor. Si entendemos que, como es evidente, se produce una relación biunívoca entre el protagonista de la novela (y narrador) y el propio escritor; nos resulta ya claro que en estas pocas líneas el autor nos ofrece toda una inequívoca declaración de intenciones de cómo entender y enfocar la lectura de la novela.




“El bar de las grandes esperanzas” es una novela que me atrevería a denominar como “impresionista”. Un libro en el que el autor va a levantar todo su edificio narrativo apelando a las sensaciones, concibiéndolas como unidades monotemáticas que, a modo de ladrillos, siguiendo el símil arquitectónico, le van dotando de sentido. Al final de la novela, en concreto en el epílogo; el autor ,que es un hombre dotado de una gran cultura y sensibilidad, nos va a relatar el hermoso final del libro, apelando, de un modo casi sinestésico, a una de las obras maestras del impresionismo musical, el famosísimo tercer movimiento de la Suite Bergamasque “Claro de luna” de Claude Debussy. Recomiendo, para disfrutar de este efecto que acompañe la lectura del epílogo de la novela, con esta genial partitura.




 Me consta, por conversaciones mantenidas con algunos lectores, que el libro les ha resultado en algunos momentos difícil de entender. Pienso que, como explica el autor en el fragmento anteriormente reseñado, debemos profundizar más en las sensaciones que es capaz de sugerirnos a lo largo del texto que en la, por así decirlo, faceta discursiva de la novela. Hecha esta imprescindible puntualización para, en mi opinión, entender y valorar la novela, tengo que reconocer, como decía al principio de este análisis, que, por desgracia, el autor no consigue una novela redonda. Según mi criterio, la segunda parte del libro es incomparablemente mejor que la primera y no sólo porque pueda resulta más o menos atractivo lo que narra (ya que el crítico tiene que intentar sobreponerse a esa tentación e intentar mirar más allá de lo que cuenta y recalar en el cómo lo cuenta). Es una pena no poder explayarme todo lo que quisiera en su análisis, pero, como siempre suelo comentar, excedería con mucho los límites que lo razonable fija para una reseña literaria como ésta.




Desde un punto de vista formal, debemos detenernos en algunas consideraciones. En lo que se refiere a su organización discursiva está estructurada en un prólogo, dos grandes partes, distribuidas en 44 capítulos, y un epílogo. Los capítulos, como es lógico dentro de esta estructura de novela “impresionista”, nos van a señalar, a modo de retazos, “destellos” que van a irnos jalonando a base de “sensaciones” el devenir narrativo de la novela. Estos capítulos no siguen, con la rigidez de la novela “clásica”, los presupuestos de una linealidad argumental e incluso temporal. De este modo Moehringer consigue difuminar en la percepción del lector esa coherencia narrativa, dando una sensación difusa, de “ingravidez”, tan sumamente adecuada para introducirnos en ese mundo, casi onírico, que es el mundo de los recuerdos. Con mucha habilidad y conocimiento del oficio por parte del autor traza una delgada línea entre la fantasía y la realidad, en la que nunca sabremos cuánto hay de fabulación y de realidad, cuánto pertenece estrictamente a sus recuerdos o a su fantasía… o tal vez a ambas.




Moehringer, ha optado por utilizar un lenguaje sencillo y un estilo muy contenido para contarnos esta historia. Creo, firmemente, que el autor ha utilizado unos medios tan exiguos, desde un punto de vista lingüístico, con el afán expresivo de realzar, de dar veracidad a los personajes. En mi cuaderno de apuntes, compañero fiel siempre que escribo una crítica, he anotado multitud de usos de lenguaje y cómo cada uno de estos, con un detalle digno de ser analizado con detenimiento, sirve para caracterizar, desde un punto de vista fraseológico, a cada personaje. De manera que, prestando un poco de atención, con solo ver cómo habla cada cual casi podríamos identificarlo. El uso de los recursos literarios y estilísticos habituales es tremendamente reducido en la novela. Prácticamente Moehringer no hará uso de ellos, de un modo coherente y lógico, dado su modo de entender y narrar esta historia. Como ejemplo citaré, a modo de ilustración, uno de los pocos casos que aparecen en el libro. Se trata de la siguiente sinestesia (la destaco en negrita)




“La alfombra era marrón caca; el «dormitorio» estaba justo encima de la cocina de Louie el Griego. El olor a chuletas de cerdo, a piernas de cordero, a gyros, a tortillas, a patatas fritas con queso, a pastel de chocolate y a Pepsi penetraba como vapor a través del suelo. Poli Bob comentó que olía tanto que hasta se oía el olor”.




A modo de resumen final, y para no alargarme mucho más, sí me gustaría consignar algunas consideraciones. Moehringer ha sido un autor valiente a la hora de enfocar este texto, arrostrando el riesgo de que no fuese especialmente entendida por el gran público. Como comentaba al principio no me puedo mostrar tan entusiasta en su valoración como otros grandísimos críticos, que merecen todo mi respeto por su grandísima valía; pero en mi opinión, y en esto sí que soy intransigente por respeto a todos los lectores de este blog y a mí mismo como crítico, siempre he intentando ser objetivo y fiel a mi conciencia y no dejar arrastrar por la opinión mayoritaria, por muy reputada y docta que pueda ser. Para mí sería mucho más fácil decir que esta novela es “magistral” o que es “una obra maestra” pero creo que, aún siendo una novela muy interesante y de francamente un magnífica factura literaria, no es todo lo redonda y “rematada” que debería para llegar a alcanzar esos epítetos tan elogiosos. Si tuviera que definirla con unas pocas palabras creo que “El bar de las grandes esperanzas” es una novela valiente y, como más interesante para mí, diferente a la narrativa de sota, caballo y rey que se venden (y que en muchos casos no se llega a leer) en la actualidad. Ya, por último, me gustaría añadir que a pesar del título de evidentes resonancia Dickensianas, creo que, sobre todo en la primera parte, esta novela es  muchísimo más deudora del Premio Nobel Ruyard Kipling (de hecho se cita en la novela su obra “El libro de la Selva”) que del propio Dickens. Especialmente en todo ese tratamiento de la infancia y primera juventud del protagonista y en ese interés que subyace en el camino, en el paso de la maduración del personaje desde su infancia a la edad adulta.




Dicho todo lo cual y después de haber valorado lo más objetivamente todo lo arriba consignado e intentando ser lo más fiel a mi conciencia y a mi modo de entender el arte literario, creo que la puntuación que más justicia haría a la novela “El bar de las grandes esperanzas” del escritor norteamericano J.R. Moehringer sería de un 8,50/10.


© Luis Alberto Cao


(A modo de ilustración a esta reseña, os dejo una interpretación del tercer movimiento de la Suite Bergamasque de Claude Debussy “Claro de Luna” que el autor cita en el epílogo de la novela)



martes, 5 de enero de 2016

NUEVA ETAPA DE "LAS BIZARRÍAS DE BELISA"




Esta entrada que publico hoy en el este blog, precisamente en la mágica noche de Reyes, que además es la  víspera de la entrega de uno de los galardones literarios más veteranos y prestigiosos que se entregan el Premio Nadal, es muy especial para mí. Después de un larguísimo período de tiempo, en el que no he podido compartir con vosotros, sobre todo por motivos laborales que no me han permitido dedicar todo el tiempo necesario que esta labor requiere, es un motivo de gran alegría para  mí poderos comunicar que este blog literario “Las bizarrías de Belisa” inaugura una nueva época.

Una nueva época en la que volveré a poner toda mi ilusión y todo mi esfuerzo en compartir con todos vosotros esta pasión, esta hermosa pasión, que no es otra que la literatura. Tendría que dedicar decenas de páginas para agradecer a todos y cada uno de vosotros el interés que habéis mostrado hacía mí durante este largo tiempo de silencio “forzado”. Tengo que reconocer que he recibido decenas de correos en los que mostrabais tanto cariño que, sinceramente, conseguíais emocionarme. He recibido también correos de algunos autores interesándose por mí, especialmente por mi estado de salud. Afortunadamente mi ausencia no ha sido por motivos de salud sino por motivos de trabajo que, en estos tiempos de crisis, es siempre una magnífica noticia.

Durante todo este tiempo, como es obvio no he dejado de leer, no como crítico literario, sino como un simple aficionado a la literatura. Y tengo que confesaros que he leído algunos libros muy interesantes que me hacen seguir creyendo que, entre tantos libros mediocres y “clonados” que se publican, siempre hay voces de autores que nunca decepcionan. Y, por otra parte, también he leído a algunos autores noveles que han escrito novelas más que notables.

Tengo, también, que pedir perdón a tantos autores noveles que me han escrito y me siguen escribiendo pidiendo que lea sus obras. “Las bizarrías de Belisa” desde que inició esta aventura dedicada a la crítica literaria siempre ha sido especialmente sensible y receptiva a los nuevos autores. Siempre he creído, firmemente, que muchos grandes talentos se pierden porque no han conseguido darse a conocer. Y eso es algo que siempre me ha torturado, pensando en todo ese talento que se pierde, que se desperdicia, de un modo tan “alegre y despreocupado” como irresponsable, sin poder darles la oportunidad de que su trabajo vea la luz.

Espero, en esta nueva etapa, poder dedicar más tiempo a esos autores de talento que merecen la pena darles a conocer. Estoy especialmente satisfecho por los dos autores a los que presté toda mi confianza apostando por ellos en mi blog literario dedicado a los autores noveles “Las bizarrías de Belisa: Autores noveles” (pinchar el título para acceder al blog). Estos dos magníficos autores son: Victoria Álvarez, que ya ha publicado dos novelas con la editorial Lumen: “Tu nombre después de la lluvia” y “Contra la fuerza del viento”; y, por otra parte, el escritor madrileño Julio Castedo, que ha publicado con Planeta la novela: “Redención”.

Mantener un blog literario como este, como podréis imaginar, es un trabajo muy duro y que requiere muchísimas horas de trabajo esfuerzo y dedicación. Un amable seguidor del blog me escribió, hace ya algunos meses, diciéndome lo mucho que echaba de menos las reseñas que publicaba en este blog. Ya le comenté que para mí cada crítica que escribo representa mucho trabajo fundamentalmente por respeto. Por respecto a vosotros, mis queridos lectores, y a los autores. Y precisamente por ese respeto y por la profesionalidad que creo debe conllevar el ejercicio, con honestidad, de la crítica literaria. Por ese motivo, por no poder dedicar todo el tiempo y el esfuerzo necesario que vosotros merecéis he estado todo este tiempo sin asomarme a estas páginas.

Creo que no debo alargarme ya mucho más en esta “rentrée” en la que espero y confío, seguir contando con

vuestro apoyo y vuestro cariño. Que, al fin y a la postre, es la mayor recompensa que cualquier persona puede recibir. Gracias a todos por estar siempre ahí. FELIZ AÑO NUEVO 2016 y que en esta noche mágica sus Majestades os concedan todos vuestros deseos.

Luis Alberto Cao.


(Para ilustrar esta entrada os dejo las portadas de las últimas novelas de los autores que reseñé en la sección de Autores Noveles de este blog)





domingo, 23 de noviembre de 2014

El impostor. Javier Cercas

Título: El impostor.
Autor: Javier Cercas.
Editorial: Literatura Random House.
ISBN:9788439729723
.
Páginas: 432.
Fecha de publicación: 11 de noviembre de 2014.
Precio: 22,90 €.



«Una mentira es un vicio sólo cuando hace el mal;
 es una gran virtud cuando hace el bien»
(Voltaire en una carta a su amigo Nicolas-ClaudeThieriot)


«La poesía [es decir, la ficción] es un engaño, en el que quien engaña es
 más honesto que quien no engaña, y quien se deja engañar
más sabio que quien no se deja engañar»
(Gorgías. S. IV a.C)


«La verdad es insoportable. Lo espantoso no es la mentira: Lo espantoso es la verdad»
(El impostor. Javier Cercas)




Creo que es indispensable, en un necesario acto de honestidad profesional con todos vosotros que os confiese que, probablemente, ésta sea una de las reseñas más atípicas de las que he escrito hasta ahora, después de más de tres años dedicado a este blog literario. Más atípica, en tanto en cuanto, voy a detenerme menos, de un modo menos exhaustivo de lo habitual, en el análisis literario de la novela para poder profundizar en el comentario de esta interesante y, en algunos momentos, magnífica novela que obligará al lector a reflexionar y, con toda seguridad, a replantearse algunos presupuestos que creía inamovibles. “El impostor” del escritor Javier Cercas, es un apabullante ejercicio de virtuosismo, honestidad y erudición que ella sola ya daría pie para un sesudo estudio de carácter filológico. El autor en esta novela, (la llamaré así, para utilizar una denominación más convencional, aunque a veces se aproxima más a un ensayo, aunque, eso sí, travestido de novela) va a desnudarse “impúdicamente” ante el lector, en un ejercicio inusual, por parte de un escritor, en estos tiempos. Sé que es probable que muchos lectores no estarán de acuerdo con esta opinión pero, para mí, de hecho, el protagonista de esta novela no es Enric Marco, como pudiera parecer ante una lectura superficial, el auténtico protagonista (el único) es Javier Cercas que bajo la excusa de Marco va a hablarnos de sus miedos, sus inseguridades, sus angustias. Esos temas que, por otra parte, son recurrentes a lo largo de su más que notable bibliografía. Y Cercas gracias a su talento y a esa capacidad transformadora y redentora que tienen las artes y, por supuesto, también la literatura consigue sublimarlos. En cierto modo Javier Cercas siempre nos suele narrar bajo diferentes prismas, diferentes ropajes y personajes, una misma historia: la suya. Con todo mi respeto y mi cariño a Javier Cercas creo que sería el Woody Allen de la literatura española (dicho esto con el máximo respeto y admiración puesto que para mí Woody Allen es un auténtico genio).



Sirva como pórtico central a esta reseña que,“El impostor” es una novela interesantísima que me ha entusiasmado por momentos; sin embargo, soy consciente de que se trata de un texto muy “exigente” y que, ojalá me equivoque, creo que no será entendido y apreciado lo suficientemente por una gran parte de los lectores. A muchos lectores les puede resultar un libro demasiado denso, con demasiadas digresiones (fundamentales en mi opinión) que parecen apartarse de la historia central de Enric Marco. Y creo que ese es uno de los errores a la hora de analizar esta novela, porque el relato central (o principal) del libro no es la peripecia de Enric Marco, sino esa lucha interior que la historia de Marco va a desencadenar en la conciencia más profunda del autor y cómo, el enfrentamiento con este libro, consigue desatar, dentro de él, todos esos “fantasmas” que siempre habían vivido más o menos larvados en su interior, en un valentísimo ejercicio de circunspección. En cualquier caso tiempo habrá, más adelante, a lo largo de esta reseña de profundizar, con más detenimiento, en todos estos temas.




Por seguir la metodología habitual, aunque, como ya comenté más arriba, estemos ante una reseña bastante diferente a las anteriores, lo mejor será comenzar por pergeñar, con una breve sinopsis argumental, los puntos principales, desde el punto de vista argumental, que suceden en la novela con la loable intención de situar y contextualizar la novela objeto de estudio.




“"El impostor" es una fascinante novela sin ficción saturada de ficción, aunque no es Javier Cercas quien pone esta ficción, la ficción viene de la mano de Enric Marco, el nonagenario barcelonés que a lo largo de casi tres décadas se hizo pasar por superviviente de los campos nazis. Marco fue desenmascarado en mayo de 2005 después de presidir durante tres años la asociación española de supervivientes, pronunciar centenares de conferencias y recibir distinciones oficiales, entre otras cosas. Casi una década después, Javier Cercas indaga en este thriller hipnótico-donde se pueden encontrar todos los componentes de la narración, la crónica, la historia, el ensayo, la biografía y la autobiografía- el enigma del personaje, su verdad y sus falsedades y, a través de esta indagación, recorre casi un siglo de la historia de España y bucea con una honestidad desgarradora en lo más profundo de nosotros mismos: en nuestra infinita capacidad de autoengaño, en nuestra inautenticidad, nuestro conformismo y nuestras mentiras, en nuestra sed insaciable de afecto y reconocimiento, y en las zonas más dolorosas de nuestro pasado reciente”.



Para intentar sistematizar y, por lo tanto, optimizar este análisis voy a dedicar una primera parte al análisis literario propiamente dicho, de un modo lo más somero posible para así, y en una segunda parte, poder profundizar en el comentario que me ha sugerido la minuciosa lectura que he hecho de “El impostor”. Javier Cercas a la hora de escribir esta historia ha puesto mucho cuidado, especialmente, en el diseño de su arquitectura narrativa mostrando un gran conocimiento de los resortes narrativos para contarnos una historia, de la que desde un primer momento sabemos el final, pero que al final, inesperadamente, consigue sorprendernos. Toda la novela es llevada, principalmente, por la voz narrativa del propio Cercas, que en primera persona, nos va llevando de la mano durante todo el libro, excepto en algunos momentos que, por motivos dramáticos toma el propio Enric Marco ese papel. “El impostor” está estructurado en tres niveles, bastante claros y diferenciados desde un punto de vista narrativo: el relato de Javier Cercas y toda su peripecia para escribir la novela, el relato retrospectivo de la historia de Enric Marco y el actual. Para dar vida a este relato Cercas se va a apoyar en una prosa sencilla (aparentemente), sintética me atrevería a decir, en algunos momentos incluso periodística, que pretende ser un vehículo más que un fin para narrar esta historia. El autor no pretende distraernos con una prosa “florida” de su propósito principal que es ceñirse al relato. Cercas, que es un gran conocedor del oficio literario y, por supuesto de la literatura, no en vano es doctor en filología hispánica, nos va a dar una lección magistral de cómo escribir una novela. Vamos a fijarnos en el comienzo de la novela y cómo, desde el primer momento, Cercas consigue fijar nuestra atención e interés en el relato, “pautando” las claves con las que, más adelante, se desarrollará la novela




“Yo no quería escribir este libro. No sabía exactamente por qué no quería escribirlo, o sí lo sabía pero no quería reconocerlo o no me atrevía a reconocerlo; o no del todo. El caso es que a lo largo de más de siete años me resistí a escribir este libro. Durante ese tiempo escribí otros dos, aunque éste no se me olvidó; al revés: a mi modo, mientras escribía esos dos libros, también escribía éste. O quizás era este libro el que a su modo me escribía a mí.


Los primeros párrafos de un libro son siempre los últimos que escribo. Este libro está acabado. Este párrafo es lo último que escribo. Y, como es lo último, ya sé por qué no quería escribir este libro. No quería escribirlo porque tenía miedo. Eso es lo que yo sabía desde el principio pero no quería reconocer o no me atrevía a reconocer; o no del todo. Lo que sólo ahora sé es que mi miedo estaba justificado”.




Qué duda cabe que uno de los puntos que más me ha interesado de toda la novela, dada mi condición de filólogo y enamorado militante de ésta, es cómo Cercas va a profundizar en un tema tan interesante como es esa inapreciable disolución de la realidad en la ficción, o tal vez al revés, la subsunción de ésta en aquélla, en una obra literaria. Resulta delicioso ver cómo un gran conocedor de la literatura nos va a dar una lección magistral sobre la verdad y la mentira dentro de la literatura y cómo, en algunos casos, como bien refiere Cercas, algunos grandes autores han encontrado su salvación narrando obras con personajes perversos, como Truman Capote en “A sangre Fría” o Emmanuel Carrère en “El adversario”. A pesar de ser un párrafo muy largo, por lo que pido disculpas, voy a transcribir, literalmente, un fragmento de “El impostor” en el que Cercas, de un modo magistral, nos lo va a narrar.



“No es ésta la única conclusión que saca Carrère de las dos historias simétricas y opuestas que acabo de contar; tampoco la que más me interesa. Cuenta Carrère que, al empezar a escribir “El adversario”, quiso imitar “A sangre fría”, la impasibilidad y el desapego flaubertianos de “A sangre fría”, la decisión de Capote de contar la historia de Dick Hickock y Perry Smith como si no hubiera participado en ella, excluyendo su intervención amistosa y perversa y los dilemas morales que le acosaron mientras tenía lugar; sin embargo, cuenta asimismo Carrère, al final optó por no hacerlo: decidió contar su historia sin ausentarse de ella, no en tercera sino en primera persona, revelando también sus perplejidades morales y su relación con el impostor asesino. Y concluye: «Pienso sin exagerar que esa elección me ha salvado la vida».

¿Tiene razón Carrère? ¿Se salvó él como persona, además de salvarse como escritor —“El adversario”es también una obra maestra—, al incluirse en su relato de la impostura criminal de Jean-Claude Romand? ¿Iba a salvarme yo, como escritor y como persona, si, ya que no podía hacer lo mismo que Dickens porque no podía cambiar ni embellecer la historia de Marco, al menos no hacía como Capote y no contaba en tercera sino en primera persona mi relación con el protagonista de mi libro, sin repudiar las dudas y los dilemas morales que enfrentaba al escribirlo, igual que había hecho Carrère? ¿No era el argumento de Carrère brillante y consolador pero falso, por no decir tramposo? ¿No era una forma de comprar legitimidad moral para autorizarse a hacer con Jean-Claude Romand lo que Capote había hecho con Dick Hickock y Perry Smith y lo que yo pretendía hacer con Enric Marco, y para hacerlo además con la conciencia limpia y sin perjuicios personales? ¿Bastaba reconocer la propia vileza para que ésta desapareciese o se convirtiese en decencia? ¿No había que asumir simplemente, honestamente, que, para escribir “A sangre fría”o”El adversario”, había que incurrir en algún tipo de aberración moral y por lo tanto había que condenarse? ¿Estaba yo dispuesto a condenarme a cambio de escribir una obra maestra, suponiendo que fuese capaz de escribir una obra maestra? En definitiva: ¿era posible escribir un libro sobre Enric Marco sin pactar con el diablo?”



Javier Cercas va a moverse, a lo largo de la novela, en un terreno ambiguo en el que el lector nunca tendrá muy claro si es “un relato de real o una novela sin ficción saturada de ficción”. “El resultado de mezclar una verdad y una mentira es siempre una mentira, excepto en las novelas donde es una verdad”. Y es en esta calculada ambigüedad donde Cercas me ha convencido de su maestría y me ha hecho reparar en que “El impostor” es, entre otros muchos motivos más, una magnífica novela que, así lo espero, dentro de algunos años pasará a los manuales de literatura contemporánea. Por otro lado el autor nos va a sugerir un interesantísimo paralelismo entre el personaje de Enric Marco y D. Quijote y, por ende, entre D. Miguel de Cervantes y él mismo. La genial figura del Hidalgo Caballero, que supuso, según algunos autores el nacimiento de la novela moderna, es uno de esos arquetipos inmortales que era válido en tiempos de Cervantes, lo es en la actualidad y lo será (si no ocurre ninguna hecatombe) dentro de 500 años.



“En «Yo soy Enric Marco» (un artículo que Javier Cercas publicó en El País) comparé a Marco con don Quijote porque ambos son dos grandes mentirosos que «no se conformaron con la grisura de su vida real y se inventaron y vivieron una heroica vida ficticia». La comparación sigue pareciéndome válida, pero ahora creo que hay muchas más razones para hacerla”.



Sin duda alguna uno de los momentos “estelares” de la novela es el capítulo octavo de la tercera parte. En éste se produce una escena con un cierto contenido onírico en el que Cercas tiene una conversación con su personaje, Enric Marco, y éste se enfrenta con su autor en igualdad de condiciones tachándole de cobarde y de ser tan mentiroso o más que él mismo…. (No cuento más para no destripar esta magnífica escena en la que Cercas se “desnuda integralmente” ante la mirada atónita del lector). Este diálogo “fantástico” no puede, por menos, evocarnos a D. Miguel de Unamuno y su magnífica y visionaria novela “Niebla”. Al principio de esta reseña ya advertía que “El impostor” es una novela densa y erudita pero, sin embargo, es una novela necesaria que permitirá a Cercas analizar y diseccionar la mentira. Para ello se apoyará en grandes pensadores como Platón, Montaigne, Voltaire, Kant…, etc.



Una de columnas capitales de la novela es el fenómeno de la “memoria histórica”, ese fenómeno revisionista que tuvo tanta importancia en España durante la primera década de este siglo y en cuya efervescencia abría que circunscribir toda la peripecia de Enric Marco. Cercas, en su condición de filólogo, nos hace una interesante disquisición sobre la expresión “memoria histórica”.



“La expresión «memoria histórica» es equívoca, confusísima. En el fondo entraña una contradicción: como escribí en «El chantaje del testigo», la historia y la memoria son opuestas. «La memoria es individual, parcial y subjetiva —escribí—; en cambio, la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva.» Nadie aprovechó mejor que Marco esa antítesis insalvable. Maurice Halbwachs, que fue quien acuñó el concepto de memoria histórica, afirma que ésta es una «memoria prestada», a través de la cual no recordamos experiencias propias sino ajenas, que no hemos vivido sino que nos han contado; Marco aplicó al pie de la letra tal imposibilidad y construyó sus discursos con recuerdos de otros (de ahí, en parte, la desenvoltura con que pasaba en sus charlas públicas del «yo» al «nosotros»): aunque buscaba en teoría reivindicar con ello la memoria de las víctimas, en la práctica no hizo más que desnudar la inoperancia y los riesgos letales que conlleva el uso de ese concepto tan exitoso como absurdo. Por si fuera poco, en España la expresión «memoria histórica» fue, además de un oxímoron, un eufemismo: la llamada memoria histórica era en realidad la memoria de las víctimas republicanas de la guerra civil y el franquismo, y recuperarla o reivindicarla equivalía a reivindicar la reparación completa de esas víctimas y a exigir justicia y verdad sobre la guerra civil y el franquismo para superar de manera definitiva ese pasado terrible”.



Otro de los puntos que me gustaría destacar de esta importantísima novela es, como ya esbocé antes, el dominio técnico para suministrarnos la información e ir llevándonos por donde el autor quiere, en una especie, permítaseme la expresión, de “juego del trilero”. Pondré un ejemplo, al principio de la novela Javier Cercas nos cuenta que cita en su despacho a Enric Marco para grabarle una entrevista, que sirva de material de documentación para escribir la novela. Tendremos que esperar al final de la novela para que, finalmente, Cercas como un gran prestidigitador nos aclare qué ocurrió y qué se dijo en esa entrevista ocultándonos durante toda la novela esa información tan relevante. De todos modos este dominio técnico no me resulta, en absoluto, sorprendente. Ya en su anterior novela, “Las leyes de la frontera” (pinchar el título para leer la reseña) que ya fue reseñada en este blog literario, el autor nos demostró ese dominio a la hora de “montar” su estructura narrativa que suele desembocar en finales bien rematados que, como en esta caso que estamos analizando, nos mantiene el interés, literalmente, hasta la última línea.



Ya para terminar la reseña de este magnífico e interesante libro, y con la intención de no alargarme en demasía, voy a intentar, a modo de resumen, consignar algunos de los puntos esenciales de “El impostor”. Javier Cercas consigue, en este libro, mantenernos en un “limbo” en el que el lector pierde pie y contacto sumergiéndose en el indefinible océano de la realidad-ficción y bajo esta premisa construye toda la trama. Sabemos que Enric Marco miente, pero nos entra la duda razonable de si Cercas también nos ha estado engañando, como Cervantes que hace todo lo posible para hacernos creer que D.Quijote existió realmente. Pero aún hay más Cervantes juega con los lectores, de hecho al inicio de la segunda parte D.Miguel nos habla que el autor no es él sino Cide Hamete Benengeli. Muy interesante, por otra parte, el relato de la intrahistoria de cómo se gesta y se crea una novela, de esos fogones entre los que se cocina lentamente en la imaginación de un escritor una obra literaria. El propio Cercas, en un momento dado, nos habla de cómo es su técnica de trabajo:



“En cuanto a mí, aún no había empezado a escribir este libro, pero ya había atado todos o casi todos los cabos de la historia de Marco, había trazado un esquema minucioso para contarla y, embarazadísimo de ella, a punto de romper aguas…”



Dicho todo lo cual, y a modo de colofón final, sí me gustaría destacar que “El impostor” es un magnífica novela que me ha impresionado notablemente. Un texto de gran riqueza y valor literario que permite hacer una lectura en varios planos. Aunque tengo que admitir, de nuevo, que es una novela que puede no gustar a todos los públicos porque, insisto, es un texto exigente, un texto con referencias culturales y eruditas que, tal vez, no sean del agrado de algunos lectores más acostumbrados a otro tipo de literatura más sencilla y lúdica. Pero, dicho esto, tengo que felicitar a Javier Cercas por esta novela tan acabada y tan conseguida con que nos ha obsequiado a los amantes de la buena literatura y aconsejaros, encarecidamente, la lectura de esta novela que, con toda seguridad, os dará que pensar y no os dejará indiferentes.



Dicho todo lo cual, y tomando en consideración todo lo referido con anterioridad, así como intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que haría más justicia, a la hora de valorar y juzgar la novela “El impostor” del escritor catalán Javier Cercas sería de un 9,00/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo una entrevista reciente a Javier Cercas)