domingo, 23 de noviembre de 2014

El impostor. Javier Cercas

Título: El impostor.
Autor: Javier Cercas.
Editorial: Literatura Random House.
ISBN:9788439729723
.
Páginas: 432.
Fecha de publicación: 11 de noviembre de 2014.
Precio: 22,90 €.



«Una mentira es un vicio sólo cuando hace el mal;
 es una gran virtud cuando hace el bien»
(Voltaire en una carta a su amigo Nicolas-ClaudeThieriot)


«La poesía [es decir, la ficción] es un engaño, en el que quien engaña es
 más honesto que quien no engaña, y quien se deja engañar
más sabio que quien no se deja engañar»
(Gorgías. S. IV a.C)


«La verdad es insoportable. Lo espantoso no es la mentira: Lo espantoso es la verdad»
(El impostor. Javier Cercas)




Creo que es indispensable, en un necesario acto de honestidad profesional con todos vosotros que os confiese que, probablemente, ésta sea una de las reseñas más atípicas de las que he escrito hasta ahora, después de más de tres años dedicado a este blog literario. Más atípica, en tanto en cuanto, voy a detenerme menos, de un modo menos exhaustivo de lo habitual, en el análisis literario de la novela para poder profundizar en el comentario de esta interesante y, en algunos momentos, magnífica novela que obligará al lector a reflexionar y, con toda seguridad, a replantearse algunos presupuestos que creía inamovibles. “El impostor” del escritor Javier Cercas, es un apabullante ejercicio de virtuosismo, honestidad y erudición que ella sola ya daría pie para un sesudo estudio de carácter filológico. El autor en esta novela, (la llamaré así, para utilizar una denominación más convencional, aunque a veces se aproxima más a un ensayo, aunque, eso sí, travestido de novela) va a desnudarse “impúdicamente” ante el lector, en un ejercicio inusual, por parte de un escritor, en estos tiempos. Sé que es probable que muchos lectores no estarán de acuerdo con esta opinión pero, para mí, de hecho, el protagonista de esta novela no es Enric Marco, como pudiera parecer ante una lectura superficial, el auténtico protagonista (el único) es Javier Cercas que bajo la excusa de Marco va a hablarnos de sus miedos, sus inseguridades, sus angustias. Esos temas que, por otra parte, son recurrentes a lo largo de su más que notable bibliografía. Y Cercas gracias a su talento y a esa capacidad transformadora y redentora que tienen las artes y, por supuesto, también la literatura consigue sublimarlos. En cierto modo Javier Cercas siempre nos suele narrar bajo diferentes prismas, diferentes ropajes y personajes, una misma historia: la suya. Con todo mi respeto y mi cariño a Javier Cercas creo que sería el Woody Allen de la literatura española (dicho esto con el máximo respeto y admiración puesto que para mí Woody Allen es un auténtico genio).



Sirva como pórtico central a esta reseña que,“El impostor” es una novela interesantísima que me ha entusiasmado por momentos; sin embargo, soy consciente de que se trata de un texto muy “exigente” y que, ojalá me equivoque, creo que no será entendido y apreciado lo suficientemente por una gran parte de los lectores. A muchos lectores les puede resultar un libro demasiado denso, con demasiadas digresiones (fundamentales en mi opinión) que parecen apartarse de la historia central de Enric Marco. Y creo que ese es uno de los errores a la hora de analizar esta novela, porque el relato central (o principal) del libro no es la peripecia de Enric Marco, sino esa lucha interior que la historia de Marco va a desencadenar en la conciencia más profunda del autor y cómo, el enfrentamiento con este libro, consigue desatar, dentro de él, todos esos “fantasmas” que siempre habían vivido más o menos larvados en su interior, en un valentísimo ejercicio de circunspección. En cualquier caso tiempo habrá, más adelante, a lo largo de esta reseña de profundizar, con más detenimiento, en todos estos temas.




Por seguir la metodología habitual, aunque, como ya comenté más arriba, estemos ante una reseña bastante diferente a las anteriores, lo mejor será comenzar por pergeñar, con una breve sinopsis argumental, los puntos principales, desde el punto de vista argumental, que suceden en la novela con la loable intención de situar y contextualizar la novela objeto de estudio.




“"El impostor" es una fascinante novela sin ficción saturada de ficción, aunque no es Javier Cercas quien pone esta ficción, la ficción viene de la mano de Enric Marco, el nonagenario barcelonés que a lo largo de casi tres décadas se hizo pasar por superviviente de los campos nazis. Marco fue desenmascarado en mayo de 2005 después de presidir durante tres años la asociación española de supervivientes, pronunciar centenares de conferencias y recibir distinciones oficiales, entre otras cosas. Casi una década después, Javier Cercas indaga en este thriller hipnótico-donde se pueden encontrar todos los componentes de la narración, la crónica, la historia, el ensayo, la biografía y la autobiografía- el enigma del personaje, su verdad y sus falsedades y, a través de esta indagación, recorre casi un siglo de la historia de España y bucea con una honestidad desgarradora en lo más profundo de nosotros mismos: en nuestra infinita capacidad de autoengaño, en nuestra inautenticidad, nuestro conformismo y nuestras mentiras, en nuestra sed insaciable de afecto y reconocimiento, y en las zonas más dolorosas de nuestro pasado reciente”.



Para intentar sistematizar y, por lo tanto, optimizar este análisis voy a dedicar una primera parte al análisis literario propiamente dicho, de un modo lo más somero posible para así, y en una segunda parte, poder profundizar en el comentario que me ha sugerido la minuciosa lectura que he hecho de “El impostor”. Javier Cercas a la hora de escribir esta historia ha puesto mucho cuidado, especialmente, en el diseño de su arquitectura narrativa mostrando un gran conocimiento de los resortes narrativos para contarnos una historia, de la que desde un primer momento sabemos el final, pero que al final, inesperadamente, consigue sorprendernos. Toda la novela es llevada, principalmente, por la voz narrativa del propio Cercas, que en primera persona, nos va llevando de la mano durante todo el libro, excepto en algunos momentos que, por motivos dramáticos toma el propio Enric Marco ese papel. “El impostor” está estructurado en tres niveles, bastante claros y diferenciados desde un punto de vista narrativo: el relato de Javier Cercas y toda su peripecia para escribir la novela, el relato retrospectivo de la historia de Enric Marco y el actual. Para dar vida a este relato Cercas se va a apoyar en una prosa sencilla (aparentemente), sintética me atrevería a decir, en algunos momentos incluso periodística, que pretende ser un vehículo más que un fin para narrar esta historia. El autor no pretende distraernos con una prosa “florida” de su propósito principal que es ceñirse al relato. Cercas, que es un gran conocedor del oficio literario y, por supuesto de la literatura, no en vano es doctor en filología hispánica, nos va a dar una lección magistral de cómo escribir una novela. Vamos a fijarnos en el comienzo de la novela y cómo, desde el primer momento, Cercas consigue fijar nuestra atención e interés en el relato, “pautando” las claves con las que, más adelante, se desarrollará la novela




“Yo no quería escribir este libro. No sabía exactamente por qué no quería escribirlo, o sí lo sabía pero no quería reconocerlo o no me atrevía a reconocerlo; o no del todo. El caso es que a lo largo de más de siete años me resistí a escribir este libro. Durante ese tiempo escribí otros dos, aunque éste no se me olvidó; al revés: a mi modo, mientras escribía esos dos libros, también escribía éste. O quizás era este libro el que a su modo me escribía a mí.


Los primeros párrafos de un libro son siempre los últimos que escribo. Este libro está acabado. Este párrafo es lo último que escribo. Y, como es lo último, ya sé por qué no quería escribir este libro. No quería escribirlo porque tenía miedo. Eso es lo que yo sabía desde el principio pero no quería reconocer o no me atrevía a reconocer; o no del todo. Lo que sólo ahora sé es que mi miedo estaba justificado”.




Qué duda cabe que uno de los puntos que más me ha interesado de toda la novela, dada mi condición de filólogo y enamorado militante de ésta, es cómo Cercas va a profundizar en un tema tan interesante como es esa inapreciable disolución de la realidad en la ficción, o tal vez al revés, la subsunción de ésta en aquélla, en una obra literaria. Resulta delicioso ver cómo un gran conocedor de la literatura nos va a dar una lección magistral sobre la verdad y la mentira dentro de la literatura y cómo, en algunos casos, como bien refiere Cercas, algunos grandes autores han encontrado su salvación narrando obras con personajes perversos, como Truman Capote en “A sangre Fría” o Emmanuel Carrère en “El adversario”. A pesar de ser un párrafo muy largo, por lo que pido disculpas, voy a transcribir, literalmente, un fragmento de “El impostor” en el que Cercas, de un modo magistral, nos lo va a narrar.



“No es ésta la única conclusión que saca Carrère de las dos historias simétricas y opuestas que acabo de contar; tampoco la que más me interesa. Cuenta Carrère que, al empezar a escribir “El adversario”, quiso imitar “A sangre fría”, la impasibilidad y el desapego flaubertianos de “A sangre fría”, la decisión de Capote de contar la historia de Dick Hickock y Perry Smith como si no hubiera participado en ella, excluyendo su intervención amistosa y perversa y los dilemas morales que le acosaron mientras tenía lugar; sin embargo, cuenta asimismo Carrère, al final optó por no hacerlo: decidió contar su historia sin ausentarse de ella, no en tercera sino en primera persona, revelando también sus perplejidades morales y su relación con el impostor asesino. Y concluye: «Pienso sin exagerar que esa elección me ha salvado la vida».

¿Tiene razón Carrère? ¿Se salvó él como persona, además de salvarse como escritor —“El adversario”es también una obra maestra—, al incluirse en su relato de la impostura criminal de Jean-Claude Romand? ¿Iba a salvarme yo, como escritor y como persona, si, ya que no podía hacer lo mismo que Dickens porque no podía cambiar ni embellecer la historia de Marco, al menos no hacía como Capote y no contaba en tercera sino en primera persona mi relación con el protagonista de mi libro, sin repudiar las dudas y los dilemas morales que enfrentaba al escribirlo, igual que había hecho Carrère? ¿No era el argumento de Carrère brillante y consolador pero falso, por no decir tramposo? ¿No era una forma de comprar legitimidad moral para autorizarse a hacer con Jean-Claude Romand lo que Capote había hecho con Dick Hickock y Perry Smith y lo que yo pretendía hacer con Enric Marco, y para hacerlo además con la conciencia limpia y sin perjuicios personales? ¿Bastaba reconocer la propia vileza para que ésta desapareciese o se convirtiese en decencia? ¿No había que asumir simplemente, honestamente, que, para escribir “A sangre fría”o”El adversario”, había que incurrir en algún tipo de aberración moral y por lo tanto había que condenarse? ¿Estaba yo dispuesto a condenarme a cambio de escribir una obra maestra, suponiendo que fuese capaz de escribir una obra maestra? En definitiva: ¿era posible escribir un libro sobre Enric Marco sin pactar con el diablo?”



Javier Cercas va a moverse, a lo largo de la novela, en un terreno ambiguo en el que el lector nunca tendrá muy claro si es “un relato de real o una novela sin ficción saturada de ficción”. “El resultado de mezclar una verdad y una mentira es siempre una mentira, excepto en las novelas donde es una verdad”. Y es en esta calculada ambigüedad donde Cercas me ha convencido de su maestría y me ha hecho reparar en que “El impostor” es, entre otros muchos motivos más, una magnífica novela que, así lo espero, dentro de algunos años pasará a los manuales de literatura contemporánea. Por otro lado el autor nos va a sugerir un interesantísimo paralelismo entre el personaje de Enric Marco y D. Quijote y, por ende, entre D. Miguel de Cervantes y él mismo. La genial figura del Hidalgo Caballero, que supuso, según algunos autores el nacimiento de la novela moderna, es uno de esos arquetipos inmortales que era válido en tiempos de Cervantes, lo es en la actualidad y lo será (si no ocurre ninguna hecatombe) dentro de 500 años.



“En «Yo soy Enric Marco» (un artículo que Javier Cercas publicó en El País) comparé a Marco con don Quijote porque ambos son dos grandes mentirosos que «no se conformaron con la grisura de su vida real y se inventaron y vivieron una heroica vida ficticia». La comparación sigue pareciéndome válida, pero ahora creo que hay muchas más razones para hacerla”.



Sin duda alguna uno de los momentos “estelares” de la novela es el capítulo octavo de la tercera parte. En éste se produce una escena con un cierto contenido onírico en el que Cercas tiene una conversación con su personaje, Enric Marco, y éste se enfrenta con su autor en igualdad de condiciones tachándole de cobarde y de ser tan mentiroso o más que él mismo…. (No cuento más para no destripar esta magnífica escena en la que Cercas se “desnuda integralmente” ante la mirada atónita del lector). Este diálogo “fantástico” no puede, por menos, evocarnos a D. Miguel de Unamuno y su magnífica y visionaria novela “Niebla”. Al principio de esta reseña ya advertía que “El impostor” es una novela densa y erudita pero, sin embargo, es una novela necesaria que permitirá a Cercas analizar y diseccionar la mentira. Para ello se apoyará en grandes pensadores como Platón, Montaigne, Voltaire, Kant…, etc.



Una de columnas capitales de la novela es el fenómeno de la “memoria histórica”, ese fenómeno revisionista que tuvo tanta importancia en España durante la primera década de este siglo y en cuya efervescencia abría que circunscribir toda la peripecia de Enric Marco. Cercas, en su condición de filólogo, nos hace una interesante disquisición sobre la expresión “memoria histórica”.



“La expresión «memoria histórica» es equívoca, confusísima. En el fondo entraña una contradicción: como escribí en «El chantaje del testigo», la historia y la memoria son opuestas. «La memoria es individual, parcial y subjetiva —escribí—; en cambio, la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva.» Nadie aprovechó mejor que Marco esa antítesis insalvable. Maurice Halbwachs, que fue quien acuñó el concepto de memoria histórica, afirma que ésta es una «memoria prestada», a través de la cual no recordamos experiencias propias sino ajenas, que no hemos vivido sino que nos han contado; Marco aplicó al pie de la letra tal imposibilidad y construyó sus discursos con recuerdos de otros (de ahí, en parte, la desenvoltura con que pasaba en sus charlas públicas del «yo» al «nosotros»): aunque buscaba en teoría reivindicar con ello la memoria de las víctimas, en la práctica no hizo más que desnudar la inoperancia y los riesgos letales que conlleva el uso de ese concepto tan exitoso como absurdo. Por si fuera poco, en España la expresión «memoria histórica» fue, además de un oxímoron, un eufemismo: la llamada memoria histórica era en realidad la memoria de las víctimas republicanas de la guerra civil y el franquismo, y recuperarla o reivindicarla equivalía a reivindicar la reparación completa de esas víctimas y a exigir justicia y verdad sobre la guerra civil y el franquismo para superar de manera definitiva ese pasado terrible”.



Otro de los puntos que me gustaría destacar de esta importantísima novela es, como ya esbocé antes, el dominio técnico para suministrarnos la información e ir llevándonos por donde el autor quiere, en una especie, permítaseme la expresión, de “juego del trilero”. Pondré un ejemplo, al principio de la novela Javier Cercas nos cuenta que cita en su despacho a Enric Marco para grabarle una entrevista, que sirva de material de documentación para escribir la novela. Tendremos que esperar al final de la novela para que, finalmente, Cercas como un gran prestidigitador nos aclare qué ocurrió y qué se dijo en esa entrevista ocultándonos durante toda la novela esa información tan relevante. De todos modos este dominio técnico no me resulta, en absoluto, sorprendente. Ya en su anterior novela, “Las leyes de la frontera” (pinchar el título para leer la reseña) que ya fue reseñada en este blog literario, el autor nos demostró ese dominio a la hora de “montar” su estructura narrativa que suele desembocar en finales bien rematados que, como en esta caso que estamos analizando, nos mantiene el interés, literalmente, hasta la última línea.



Ya para terminar la reseña de este magnífico e interesante libro, y con la intención de no alargarme en demasía, voy a intentar, a modo de resumen, consignar algunos de los puntos esenciales de “El impostor”. Javier Cercas consigue, en este libro, mantenernos en un “limbo” en el que el lector pierde pie y contacto sumergiéndose en el indefinible océano de la realidad-ficción y bajo esta premisa construye toda la trama. Sabemos que Enric Marco miente, pero nos entra la duda razonable de si Cercas también nos ha estado engañando, como Cervantes que hace todo lo posible para hacernos creer que D.Quijote existió realmente. Pero aún hay más Cervantes juega con los lectores, de hecho al inicio de la segunda parte D.Miguel nos habla que el autor no es él sino Cide Hamete Benengeli. Muy interesante, por otra parte, el relato de la intrahistoria de cómo se gesta y se crea una novela, de esos fogones entre los que se cocina lentamente en la imaginación de un escritor una obra literaria. El propio Cercas, en un momento dado, nos habla de cómo es su técnica de trabajo:



“En cuanto a mí, aún no había empezado a escribir este libro, pero ya había atado todos o casi todos los cabos de la historia de Marco, había trazado un esquema minucioso para contarla y, embarazadísimo de ella, a punto de romper aguas…”



Dicho todo lo cual, y a modo de colofón final, sí me gustaría destacar que “El impostor” es un magnífica novela que me ha impresionado notablemente. Un texto de gran riqueza y valor literario que permite hacer una lectura en varios planos. Aunque tengo que admitir, de nuevo, que es una novela que puede no gustar a todos los públicos porque, insisto, es un texto exigente, un texto con referencias culturales y eruditas que, tal vez, no sean del agrado de algunos lectores más acostumbrados a otro tipo de literatura más sencilla y lúdica. Pero, dicho esto, tengo que felicitar a Javier Cercas por esta novela tan acabada y tan conseguida con que nos ha obsequiado a los amantes de la buena literatura y aconsejaros, encarecidamente, la lectura de esta novela que, con toda seguridad, os dará que pensar y no os dejará indiferentes.



Dicho todo lo cual, y tomando en consideración todo lo referido con anterioridad, así como intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que haría más justicia, a la hora de valorar y juzgar la novela “El impostor” del escritor catalán Javier Cercas sería de un 9,00/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo una entrevista reciente a Javier Cercas)



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"El impostor" de Javier Cercas)



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mi color favorito es verte. Pilar Eyre.






Título: Mi color favorito es verte.
Autor: Pilar Eyre.
Editorial: Planeta.
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 978-84-08-13406-0
Páginas: 336.
Fecha de publicación: 4 de noviembre de 2014.
Precio: 20,00 €




De todas las cargas que el Señor puso sobre mí,
 la más pesada es la de ser hijo de mi madre”
(Luis Cernuda)


“Ojos, mirad por última vez. Brazos, dad vuestro último abrazo.
 Y labios, que son puertas del aliento, sellad con un último beso.
(Romeo y Julieta. William Shakespeare)


No te enamores... Mejor tírate por las escaleras:
 duele menos y no pierdes tanto tiempo”
(Mi color favorito es verte. Pilar Eyre)





A mi buena amiga Ana López, tú que vives tan cerca del mar.



“Mi color favorito es verte” es la última novela de la escritora barcelonesa Pilar Eyre y que ha conseguido, con esta novela, alzarse con la distinción de Finalista del prestigioso Premio Planeta, en su edición de este año 2014. Como ya comenté en mi última reseña, dedicada al ganador de este Premio literario Milena o el fémur más bello del mundo” (pinchar en el título para leer la reseña), tengo que volver a felicitar tanto al Jurado, como a la propia editorial Planeta, por el acierto que han tenido en la concesión de estos galardones después de algunos años francamente flojos y discutibles, en cuanto a la calidad literaria de las obras premiadas. En el caso que nos ocupa en este análisis literario me gustaría, antes de entrar propiamente en su estudio, hacer un par de puntualizaciones que, en mi opinión, resultan insoslayables con carácter previo a cualquier consideración.



En primer lugar y con objeto de fijar mi opinión general sobre “Mi color favorito es verte” tengo que decir que me ha parecido una novela interesante, escrita con mucho sentido del humor y, como no podía ser menos tratándose de una mujer tan inteligente y buena escritora como es Pilar Eyre (a la que aprovecho para felicitar), con mucho oficio y buen olfato “mercadotécnico”, valga la expresión. Se trata de una novela que en una primera, y por supuesto superficial lectura, pudiera parecer ligera, improvisada o escrita casi sin pensar. Y ese es uno de sus grandes méritos. Pilar Eyre es una gran conocedora del oficio de la escritura y nos presenta un texto, cuyo mayor mérito es que no se nota todo el trabajo y el conocimiento técnico que desarrolla y da la sensación de frescura como si estuviese escrito de un tirón. La autora nos demuestra que una de las mayores dificultad de la literatura, es hacer que las cosas difíciles parezca que fluyen sin esfuerzo, con naturalidad, sin artificio… Recuerdo una anécdota que cuentan de Pablo Picasso, probablemente sea apócrifa, pero creo que ilustra a la perfección este comentario que acabo de  hacer. Cuentan que en cierta ocasión una dama adinerada tenía mucho empeño en que Picasso la retratase, el genial malagueño no estaba por la labor. La mujer insistió e insistió diciéndole que el precio no sería problema. Picasso harto ya de esta situación, cogió un papel y un lápiz y en unos pocos trazos pergeño el relato de la dama. Se lo entregó a la señora y le pidió un precio exorbitante. La señora se quedó muy defraudada y dijo que cómo iba a pagar ese dineral por esos “cuatro trazos” a lo que Picasso respondió: No, señora, no me ha entendido usted; el dibujo se lo regalo lo que le cobró son los cuarenta años de mi vida que he dedicado para hacer esos “cuatro trazos”.



Por otra parte, Pilar Eyre, y dada,  además, su condición de personaje popular, habitual de algunos programas de la crónica social, ha sabido escribir una novela en la que juega con la ambigüedad entre la realidad y la ficción. Algo que sin duda le reportará unas grandes ventas, de lo que, por supuesto, me alegro mucho. No hay nada que profesionalmente me haga más feliz que ver triunfar a un escritor. Desde este blog literario no voy a dar pábulo a si se trata de una historia real o no, quede todo eso para las personas que estudian la mercadotecnia y su repercusión mediática o cómo vender más ejemplares de un libro. Eso a mí no me interesa. Únicamente voy a considerar, a la hora de analizar esta novela, estrictamente su valor literario sin entrar en otras consideraciones ajenas a mi labor de crítico literario. En cualquier caso es plenamente aplicable el adagio italiano “se non è vero, è ben trovato” (si no es real, está bien traído)




Dicho todo lo cual y con el objeto de entrar lo antes posible en materia, voy a transcribir la sinopsis argumental de la novela, en concreto la que nos ofrece la propia editorial Planeta con la intención de situar a los lectores en el objeto de nuestro estudio, aunque, eso sí, ésta me parece demasiado sesgada hacia una finalidad más publicitaria y comercial que en hacer una auténtica recensión de la novela.



“Pilar Eyre, una periodista madura y aún presa de una gran pasión por la vida, conoce, durante un verano en la Costa Brava, a Sébastien, un corresponsal de guerra francés de gran atractivo. Entre ellos surge un amor inesperado que los lleva a vivir tres días de intensa relación erótica y sentimental. Cuando Sébastien desaparece repentinamente, Pilar lo busca con desesperación siguiendo las pistas ambiguas que el periodista ha ido dejando a su paso, pero los resultados son cada vez más sorprendentes y misteriosos. Esta no es una bella historia de amor crepuscular, esta es una bella historia de amor entre una mujer que se atreve a llegar hasta el límite y un hombre secuestrado por unos sentimientos imprevistos.

Mi color favorito es verte es una aventura real. Acerquémonos de puntillas y miremos por el ojo de la cerradura: ahí dentro hay una mujer desnuda”.



En esta ocasión voy a intentar ser lo más sintético y esquemático posible en el análisis de “Mi color favorito es verte”, con la intención de hacer una reseña bastante más breve y manejable que la anterior que desbordó, ampliamente, todos los límites razonables de una reseña literaria. Pilar Eyre opta en esta novela por poner la voz narrativa en primera persona, en su alter ego  literario, en su homónima, obviamente esta decisión condicionará toda la subjetividad de la narración. Por así decirlo vamos a ver la historia a través de sus ojos. El narrador, dada la estructura dramática del texto, es omnisciente porque el relato se produce en un “tiempo anterior” al verdadero tiempo presente narrativo. En esta novela, como ya hemos visto en muchos ejemplos en tantas otras, utilizará, en muchas ocasiones la técnica de la anticipación, para fidelizar la atención del lector. Pondré un ejemplo:



“Pero ¿qué digo? ¿Cómo puedo escribir esto? ¿Me he vuelto loca? ¿Después de lo que sé y de lo que ha pasado?”.



Estructuralmente “Mi color favorito es verte” está dividida en 14 capítulos que mantienen una continuidad narrativa. Es indudable que esta novela tiene una concepción muy visual, muy cinematográfica. Como ya he comentado en otras reseñas, hoy en día, dada la fuerza de los medios audiovisuales, incluido por supuesto el séptimo arte, se ha terminado por imponer la gramática cinematográfica en la manera de hacer literatura. En esta novela Pilar Eyre nos va a plantear una serie de recursos que apelarán directamente a nuestros sentidos, buscando hacernos cómplices de las sensaciones que vivirá el personaje. Fundamentalmente va a utilizar dos tipos de “técnicas” para acercarnos a esa “comunión” de sensaciones. Por un lado el uso que va a hacer de la música, en un sentido figurado lógicamente. Todo el texto está lleno de canciones muy alusivas que, alguna de ellas ya forma parte del patrimonio sentimental de todos nosotros. Entre las letras de las canciones, por citar una, transcribiré la siguiente:



“Déjame esta noche... soñar contigo, déjame imaginarme en tus labios los míos... déjame que te espere aunque no vuelvas, déjame que te deje tenerme pena...” (Tony Zenet).




Por otro lado la autora va a utilizar las condiciones climatológicas, estacionales en este caso, para ir marcando el devenir de la narración. Correspondiendo al verano, en un primer momento, todo lo relacionado con el enamoramiento y la pasión, el otoño con la melancolía y, en este caso, la Navidad como marco temporal del final de la novela. En los siguientes ejemplos la autora nos va a reflejar en la naturaleza, en este caso en el tiempo, el estado de ánimo de los personajes para predisponer con su atmosfera al lector. De hecho la autora hábilmente, como ya he comentado, ha planificado el último capítulo de la novela en fechas cercanas a la Navidad, con toda la carga emotiva que suele llevar asociada… incluso en las calles suena “noche de paz”….



“Lleva días lloviendo de forma imperceptible, como si el otoño todavía no se quisiera tomar en serio a sí mismo, las calles amanecen mojadas bajo un cielo ligeramente encapotado, y de pronto aparece un sol ingenuo y limpio que saca aristas de brillos al suelo pero que ya no se toma la molestia de calentar”.



“Me pongo en marcha a las once y media. El viento de tramontana había estado soplando desde el amanecer, se había llevado la lluvia, y el día tiene ese brillo duro y diamantino que marca a punzón la línea del lejano horizonte donde las cumbres nevadas de los Pirineos espejean al sol”.



Ya desde el principio comentaba que es una novela muy divertida, fresca y con un fuerte sentido del humor. Es una novela que nos provocará un fuerte sentimiento de empatía con el sufrimiento y la desazón de la protagonista pero que, sin embargo, nos hará sonreír en muchísimos momentos; en definitiva un libro amable que dejará un agradable sabor de boca a los lectores. Es probable que alguien dada la temática pueda pensar que se trata de una novela “femenina”. Tengo que rebelarme ante esas simplificaciones tan gratuitas que se suelen hacer cuando se trata de novelas escritas por mujeres, etiquetándolas de ese modo tan injusto. “Mi color favorito es verte” es una novela que gustará tanto a hombres como a mujeres porque lo que la autora nos plantea es un tema universal que sobrepasa cualquier diferencia sexista. No me puedo resistir transcribiros algunos fragmentos en los que se aprecia su sentido del humor.



“Asiento emocionada, oh, cenar los cuatro, dos matrimonios, por una vez yo permaneceré en silencio y será mi... marido, sí, ¡marido!, el que lleve la voz cantante, y luego nos iremos a casa cogidos del brazo y nos acostaremos el uno al lado del otro, yo con mi casto camisón de florecitas abrochado hasta el cuello.


¡Qué horror, qué ha pasado aquí, que venga el informático, que se ha colado en el ordenador la Casa de la Pradera!”.



“—Ah, por cierto, ¡un día tiene que venir a dar una charla al colegio de mis hijos, que la profe dice que si hay algún famoso entre nuestros amigos, que lo invitemos!

—Pues cuando quieras, Lidia, ya lo sabes.

Pero la mujer me contesta con tristeza mientras se termina el vino:

—Mi chico ya lo ha comentado, pero la maestra le ha dicho que no la conocía, que no era lo suficientemente famosa, para entendernos, y que sería mejor ver si puede traer a Jorge Javier Vázquez.”



Aprovecho esta cita que la autora hace del televisivo Jorge Javier Vázquez, que debutó como escritor con la novela “La vida iba en serio” (Pinchar el título para leer la reseña)  y que ya ha sido reseñado en este blog literario, para comentaros que esta cita puede ser un pequeño homenaje a Vázquez porque, al menos esa es mi opinión “Mi color es verte” es una novela deudora  de aquélla y con muchos puntos en común cuyo análisis comparativo sería muy interesante tener en cuenta.




Pilar Eyre nos vuelve a mostrar, en esta novela, una pléyade de personajes que, como es habitual en ella, cumplen a la perfección su función dentro de la narración. La autora explorará a través de ellos todo ese universo de las relaciones personales especialmente entre mujeres que, sin duda alguna, resultan más complejas e interesantes que las de sus compañeros del otro sexo. Entre los personajes me ha gustado especialmente el dibujo del personaje de Camila (la amiga de Pilar). Y, cómo no, destacar unos personajes tan entrañables como sus difuntos padres, que vienen a visitar a su hija de vez en cuando, a pesar de que su madre falleció hace 22 años y su padre 4. Por cierto prestad mucha atención a la hilarante escena de Pilar con sus padres en la playa…



Pero, a pesar de todo, este sentido del humor de la novela es, en el fondo, una lúcida reflexión sobre el paso de los años, la soledad, el desamor, en defintiva, no acabar de encontrar tu lugar en la vida… Sin embargo y, a pesar de todo eso, me atrevería de definir “Mi color favorito es verte” como una novela vital y optimista. Otro detalle necesario a la hora de analizar este texto es el uso de la prosa que hace la autora. Veremos que utilizará un lenguaje conciso y directo con frases breves e incisivas. Este uso de la prosa va a producir un efecto muy dinámico dotándolo de ritmo y agilidad. Los párrafos son cortos y nerviosos para meternos en el pellejo de la protagonista y sus anhelos.



Tengo que confesaros que miro mi libreta de apuntes y me siento desolado de no poder transmitiros todas las impresiones que me ha producido la lectura de esta novela y que, a mi pesar, me van a quedar en el tintero muchos detalles que me parecen importantes y necesarios para entender el hecho literario que se oculta en esta novela. Sin embargo, creo que no debo excederme mucho más. Antes de terminar este análisis literario sí me gustaría bosquejar, someramente, algunos detalles que sí me gustaría añadir. Me gustaría llamar la atención al lector para que reparase en la escena del restaurante donde esta Pilar y un amigo suyo y en la otra mesa un matrimonio de ancianos. Se trata de una escena surrealista con una resolución magnífica por parte de la autora. También comentar que a la autora, o al menos eso me parece a mí, se le desliza un gazapo. En concreto cuando se decide a contarle a su hijo su historia con Sèbastien, por supuesto, dice ella, sin entrar en detalles de su intimidad. Sin embargo a continuación su hijo le dirá: “Por eso tenía un agujero de bala en el hombro...”



Ya para poner fin a esta reseña, y a modo de resumen, me gustaría decir que “Mi color favorito es verte” me ha parecido una novela muy interesante e inteligente, con un gran sentido del humor que, con toda seguridad, nos hará pasar un buen momento con su lectura. Pilar Eyre demuestra ser una escritora de talento y de, sobre todo, mucho oficio que demuestra sobradamente durante toda la novela. Tengo que, una vez más, felicitar al Jurado de esta edición del Premio Planeta y también a la propia editorial, porque con estas dos novelas, muchos de sus lectores volverán a reconciliarse con este prestigioso premio literario y, por supuesto, a Pilar Eyre por este cambio de registro en su carrera literaria.



Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo aquí expuesto y conforme a mi conciencia y modo de entender el arte literario, creo que la puntuación que haría más justicia a la novela “Mi color favorito es verte” de la escritora barcelonesa Pilar Eyre finalista del Premio Planeta en su edición de 2014 sería de un 7,25/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo una de las canciones que Pilar Eyre nos deja en su novela: Soñar contigo de Tony Zenet)




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lunes, 17 de noviembre de 2014

Milena o el fémur más bello del mundo. Jorge Zepeda Patterson






Título: Milena o el fémur más bello del mundo
Autor: Jorge Zepeda Patterson.
Editorial: Planeta.
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 978-84-08-13405-3
Páginas: 480.
Fecha de publicación: 4 de noviembre de 2014.
Precio: 21,50 €


“Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata, y amores que matan nunca mueren”
(Joaquín Sabina)


“Los seres humanos no son lo que parecen,
pero tampoco son lo que creen que son”

“El hogar es el lugar al que vas cuando no tienes dónde ir”
(Milena o el fémur más bello del mundo. Jorge Zepeda Patterson).

“Homo hominis lupus”
(El hombre es un lobo para el hombre)
(Asinaria. Plauto)




Después de este largo paréntesis que me he visto obligado a realizar, por desgracia, debido a unos ineludibles compromisos laborales, a los que no he podido sustraerme, es para mí todo un placer volver a estar con tod@s vosotr@s en esta nueva etapa de este modesto blog literario llamado “Las bizarrías de Belisa”. Blog que, además, tantas satisfacciones  me reporta a diario gracias a vuestra apoyo y cariño. También aprovecho para agradeceros, de todo corazón, vuestro sincero interés por mí durante todo este tiempo. Gracias por vuestra preocupación y por vuestros cariñosos correos y mensajes en todas las redes sociales.



Tras esta inevitable digresión, que creo necesaria después de una ausencia tan prolongada, aprovecharé para expresaros, sin más dilación, mi satisfacción. Sí, mi satisfacción a la hora de analizar la novela que, en la edición de este año, se ha hecho acreedora de, probablemente, el galardón más prestigioso e importante en lengua castellana que distingue a una novela en lengua castellana: el Premio Planeta. Se trata de la novela “Milena o el fémur más bello del mundo” del escritor mexicano Jorge Zepeda Patterson. Después de algunos años en los que, por desgracia, y al menos esa es mi opinión, los títulos galardonados no eran, en absoluto merecedores de este Premio, por su baja calidad literaria y artística; en algunos casos, aquí reseñados, ciertamente, misérrima. Sin embargo es para mí toda una satisfacción, tras leer esta novela con toda atención y con el mayor espíritu crítico, como intento hacer habitualmente en estos análisis, poder decir que, en ésta (a pesar de la recomendación de la Real Academia me voy a “permitir” el desacato de tildar este pronombre demostrativo) sí que el Jurado ha estado muy acertado en la indubitable calidad de este texto. Tengo que confesaros que, ya antes de leer el libro, tenía un buen pálpito porque Jorge Zepeda Patterson no es para mí un autor desconocido, todo lo contrario, sino un autor que ya en mis fichas de trabajo figuraba con la etiqueta “interesante, a seguir”, sobre todo a partir de la lectura de su anterior novela: “Los corruptores”. A modo de marco general, y sin perjuicio de su posterior y minucioso análisis estilístico y literario, si me gustaría avanzar que “Milena o el fémur más bello del mundo” es una novela muy interesante y tengo que destacar que especialmente bien escrita desde un punto de vista estructural. Y, como bien sabéis lo seguidores habituales de este blog, me gusta, especialmente, por su valentía a la hora de abordar un tema tan candente y tan espinoso como el que desarrolla en su novela. Un texto con algunos momentos francamente brillante  alternando con algunas “mínimas” simas en su tensión dramática, pero manteniendo, por lo general, un adictivo “crescendo” narrativo que estoy convencido de que no dejará a ningún lector indiferente.



Antes de entrar propiamente en la “disección” de “Milena o el fémur más bello del mundo” y por el seguir el orden metodológico y expositivo habitual, creo que lo más conveniente es transcribir la sinopsis argumental de la novela para, así, poder situar al eventual lector de esta reseña en el objeto de la materia de este análisis. He optado por transcribir la sinopsis que ofrece la propia editorial Planeta que me parece bastante adecuada para nuestro propósito.



“La belleza de Milena también fue su perdición. Convertida en esclava sexual desde la adolescencia, intenta huir cuando muere su protector, un magnate de la comunicación que sufre un fallo cardiaco mientras hace el amor con ella. En su angustiosa fuga, se cruza con los Azules, un trío de justicieros formado por el periodista Tomás Arizmendi, la política Amelia Navarro y el especialista en alta seguridad, Jaime Lemus. Ellos desean liberarla, pero Milena guarda con recelo un espinoso misterio que atesora en su libreta negra y que supone su salvación y, sobre todo, su venganza.


Una vigorosa novela de acción y amor que denuncia los abusos de poder y la corrupción, pero que sobre todo, nos muestra el alma abierta de una mujer vejada, como tantas otras, en un mundo cada vez más globalizado”.



“Milena o el fémur más bello del mundo” desde un punto de vista analítico me ha resultado una novela ubérrima, rica en matices y en “detalles” que, sin duda alguna ya lo puedo adelantar, van a desbordar, con toda seguridad, los estrechos límites espaciales que constriñen a una reseña, por definición. Intentado ser lo más fiel posible al ideario fundacional de este blog literario, que, fundamentalmente, pretende coadyuvar a la difusión y fomento del amor por la literatura; y bajo esta premisa intentaré enfocar este análisis literario desde un punto de vista lo más didáctico y esquemático posible, intentando poner el foco de atención en los puntos capitales, en las piedras basales, sobre los que el autor sustenta toda la estructura narrativa.



Uno de los grandes “secretos”, según la mayor parte de los teóricos que han estudiado el hecho literario, consiste en prender la atención del lector desde las primeras líneas de la novela. En el caso de “Milena o el fémur más bello del mundo” Jorge Zepeda nos da toda una lección magistral de cómo se debe empezar un novela. En los dos primeros párrafos del libro el autor ya ha sabido “excitar” la curiosidad y el interés del lector. Si reparamos particularmente en el primero, se puede degustar el virtuosismo con el que Zepeda, a lo largo de poco más de tres líneas, nos delinea, de un solo trazo, una suerte de etopeya vital del personaje protagónico: Milena. Mientras que en el segundo párrafo, de un modo directo y sin concesiones, nos introduce, sin más, directamente, en el meollo de la trama.



No era el primer hombre que moría en brazos de Milena, pero sí el primero que lo hacía por causas naturales. Aquellos a los que había asesinado no dejaron rastro ni remordimiento en su ánimo. Ahora, en cambio, la muerte de su amante la sumía en la desolación.


En asuntos del corazón, el sexo siempre había terminado por imponerse en la vida de Rosendo Franco. El día en que falleció no fue distinto. Bajo la exigencia del Viagra que lo inundaba, sus coronarias se vieron en la difícil disyuntiva de bombear la sangre exigida para sostener el violento ritmo con que penetraba a Milena o atender a otros órganos. Fieles a la historia de Rosendo, sus entrañas optaron por el sexo. El corazón se desgarró en bocanadas desatendidas aunque concedió al cerebro del viejo unos instantes adicionales para adivinar lo que sucedía”.



Como ya avanzaba, al comienzo de esta reseña, uno de los puntos fundamentales a la hora de analizar este texto es, sin duda alguna, la estructura formal de la novela. En este aspecto Jorge Zepeda Patterson nos muestra su amplio conocimiento del oficio literario y su minuciosidad, me atrevería a decir su “puntillismo” a la hora de engarzar las escenas extrayéndoles el mayor rendimiento dramático y funcional. Formalmente el libro está estructurado en 66 capítulos, de variable extensión, que van entreverados por unos breves relatos, el autor los llama “ellos”, que además quedan reforzados por su tipografía en cursiva, y un extenso epílogo final. Asistiremos, fundamentalmente, a un relato en tiempo presente que correspondería al tiempo real, pero que a su vez es contrapunteado por narraciones a cronológicas (con saltos adelante y hacia atrás en el tiempo) que nos van descubriendo las peripecias de Milena. Sin embargo, y como es lógico el autor sugerirá más que mostrará para así ir cimentando la estructura dramática y acrecentando el interés del lector. Para ello, Zepeda, utilizará todas las herramientas a su alcance, como la clásica de la anticipación:



“Él la buscó una semana más tarde y no dejó de hacerlo una o dos veces al mes, hasta que la tragedia que desencadenaron sus encuentros los separó para siempre”.



Para que una novela funcione otro de los ingredientes fundamentales son los personajes. Los personajes, por así decirlo son la argamasa que robustece y articula la estructura narrativa. Jorge Zepeda nos va a plantear, en esta novela, un universo de personajes creíbles, con cuerpo y polifacéticos, en su acepción más etimologista. Estos personajes irán evolucionando y creciendo a lo largo de la narración. Algunos de ellos están trazados con un equilibrio y una pulcritud que parecen cobrar vida propia. El personaje protagónico por excelencia, Milena, está retratado con una gran verosimilitud tanto por lo que dice por cómo narra el autor sus largos silencios. Sin duda alguna la mayoría de los personajes cumplen sobradamente su “papel”. Tengo que destacar también al personaje de Tomás Arizmendi que, al menos eso me parece a mí, es el “alter ego” del autor. No me gustaría dejarme en el tintero comentar la aparición de un personaje episódico que me ha resultado especialmente atractivo: Silvano Fortunato, el chofer que tiene un indudable parentesco con la figura del “gracioso” de nuestra literatura del siglo de oro y, cómo no, con la inmortal figura de Sancho Panza. Otro cuestión que me ha interesado, a la hora de analizar los personajes de “Milena o el fémur más bello del mundo” es que Jorge Zepeda ha sabido tomar distancia respecto a sus criaturas e, incluso a los personajes más deleznables, no los juzga, manteniéndose al margen, sin cargar las tintas más de lo necesario para dejar al lector, en definitiva el supremo juez de una obra literaria, extraer sus propias conclusiones.





Independientemente de la temática, que tiene un fuerte contenido periodístico, resulta evidente que Jorge Zepeda Patterson es un escritor con una fuerte formación periodística y eso se percibe en su prosa. Suele ser habitual en los escritores que vienen del periodismo detectar “tics” propios de su profesión. Con esto, quiero que se me entienda bien, no entro a valorar que sean mejores o peores, de ninguna manera, simplemente aseverar que, en muchos casos, leyendo un libro podemos hacernos una idea de si el autor viene de formación periodística. En “Milena o el fémur más bello del mundo” se percibe con toda claridad que el autor se encuentra seguro y firme en el terreno que pisa. A pesar de ser un libro extremadamente duro, descarnado y explícito en algunos momentos, sin embargo, el autor hace gala de un fino e inteligente sentido del humor que nos ayuda a “digerir” la indignación que nos van a provocar los hechos narrados. No me resisto a transcribir algunos hilarantes fragmentos en los que el autor hace gala de su sentido del humor, en el que queda siempre larvada una fina crítica. En el último ejemplo el autor nos va a demostrar que es un enamorado de la filología y del buen uso del lenguaje y va a hacer uso de su fino humor para criticar el pésimo uso que, algunos medios escritos, hacen del lenguaje:



—En algún lugar leí que si un extraterrestre tocara tierra un domingo en uno de nuestros parques, pensaría que el ser supremo en este planeta es el perro y que los seres humanos son una raza dedicada al servicio de sus amos. ¿De qué otra manera explicar que una especie se avenga a levantar con la mano el excremento de la otra mientras pasean?



“Ya ven lo que decía el Tigre Azcárraga, cuarenta años mayor que su última esposa: «El poder descuenta diez años, el dinero otros diez y el verbo diez más», así que juraba que solo superaba por una década a Adriana Abascal”.



          —Tengo una prueba con los temas que usted pidió, señor; don Herminio ya cabeceó una propuesta para los titulares.

            —«Interviene FIFA fut de México; Castiga PRI pobreza en presupuesto» —leyó Tomás—. Justo lo que no debemos hacer. De hoy en adelante titularemos como se habla, no en idioma telegráfico. Usaremos sujeto, verbo y complemento.

            —“El Mundo” siempre ha preferido empezar por el verbo, señor, se considera más dinámico y atractivo para los lectores —se defendió con voz apagada el editor de portada, un joven de mirada huidiza.

            —Es afectado y absurdo, la gente ni siquiera tuitea así. Cambia a: «La FIFA prohíbe poseer más de un equipo; El presupuesto del PRI castiga a los pobres», prefiero menos puntos en el cuerpo de la cabeza que esa sintaxis de Toro Sentado. Y no me vuelvan a traer un titular que inicie con verbo salvo que caiga otro Muro de Berlín”.



Esta loable intención por articular una expresión correcta, se la impone incluso a sus propios personajes, “obligándoles” a hablar con precisión, con pulcritud, como podemos comprobar en el siguiente fragmento:



“Claudia asintió distraída; le gustaba la forma en que Tomás mezclaba palabras como incólume y cabrón. Le parecía una forma de hablar vital, clara y contundente sin dejar de ser precisa. Los jóvenes usaban de manera indiscriminada el güey y el cabrón, lo mismo para un insulto que para un elogio, y habían terminado por quitar fuerza a las palabras; sin embargo, Tomás las esgrimía con la puntería de un artillero. Años atrás le había atraído el vocabulario culto e impecable de su marido, esterilizado de cualquier palabra altisonante, pero pronto advirtió que se alimentaba de una gran cantidad de anglicismos, muletillas extraídas de libros de divulgación económica, frases de vendedor sofisticado. Ahora le resultaba insoportable cada vez que respondía con un categórico «es correcto» aunque solo le preguntase si se iba a llevar el Mercedes Benz; le irritaba escucharlo hablar de «costo de oportunidad» al debatir opciones de fin de semana entre Valle de Bravo o Acapulco”.



Llegados a este punto de nuestro análisis no me puedo resistir, una vez más, y siempre que viene a este blog literario algún autor hispanoamericano, a expresar mi admiración por la riqueza léxica y por la vitalidad del español que se habla en tierras americanas. Tengo que reconocer que a un filólogo como yo le emociona encontrar tantos y tantos vocablos que están prácticamente olvidados o en desuso a esta orilla del Atlántico y que, sin embargo, siguen muy vivos allende los mares. En un momento de la novela un personaje dice: “Que no sospechen que se trata de una celada”. Me ha emocionado ver esta hermosa palabra que, aunque pervive en el diccionario con ese sentido, en el uso habitual del hablante español ha desaparecido prácticamente. Además, por supuesto, de todos esos modismos propios de ese español tan hermoso que se habla en México.



Jorge Zepeda Patterson a la hora de narrar esta historia tan descarnada y tan dura opta por una narración de un extremado realismo que, sin duda alguna me atrevería a decir que podría entroncar con el naturalismo literario, con una carga y una denuncia social que, sin duda alguna, “mutatis mutandi” podría haber suscrito un escritor como Emilè Zolà, por la similitud estética y formal que el autor mexicano nos propone en esta novela. El autor, imagino que curtido en mil batallas, por su propio oficio, lanza una mirada desencantada sobre el género humano y en esta novela indaga sobre la génesis de esa desconfianza mostrándonos unos seres y una sociedad que son un evidente alegato ontológico del pesimismo. Desde un punto de vista antropológico y social resultan muy interesantes los breves relatos, titulados como “Ellos” en el que diversos personajes intentan justificar la prostitución y su razón, según ellos, de existir.



“Concedo: en un mundo ideal no existiría la prostitución. Tampoco las mentiras, la envidia o los placeres que nos hacen sentir culpables. Pero nada de eso va a desaparecer, porque antes que otra cosa somos biología. Tiran más dos tetas que dos carretas, dice el viejo refrán campesino, y con toda razón. Solo en los libros de texto triunfan las grandes causas y los más nobles principios; en la historia real, no en esa de bronce que nos cuentan en la escuela, son las bajas pasiones y las obsesiones insatisfechas el verdadero motor de los acontecimientos”.



A lo largo de todo el libro se aprecia ese desengaño profundo que sobrevuela toda la novela y que prende con fuerza en los personajes, ese nihilismo, esa desesperanza vital, que, de alguna manera, parece que contagia a los propios personajes En este fragmento que paso a transcribir se aprecia toda esta amargura



….le dio a conocer los comentarios despectivos —grabados y escritos— que a sus espaldas hacía de él Manuel, su amigo íntimo, con quien había diseñado un videojuego con más entusiasmo que éxito.

Esta última revelación lo impactó con la fuerza de un puñetazo, pero Jaime no le dejó replegarse en la autoconmiseración.

—Erguido; no te agobies. Es mucho menos grave de lo que parece. De este tipo de traiciones está hecha toda relación que dure o que valga la pena, incluidas las matrimoniales. Son los pequeños desquites en que incurrimos los seres humanos para compensar la vulnerabilidad que nos provocan los vínculos emocionales, insubordinaciones momentáneas para soportar la dependencia mutua en que vivimos.”



“Milena o el fémur más bello del mundo” no se queda, al menos esa es mi opinión, en una simple novela de entretenimiento. Es un texto que ofrece varios niveles de lectura, desde el nivel más superficial y evidente hasta los más profundos que subyacen en la riqueza de este libro que, en mi opinión, requiere una segunda lectura para ir más allá de lo obvio y descender al compromiso, tanto ético como intelectual, que el autor asume al escribir esta novela. Zepeda también indaga en la influencia, en esta sociedad nuestra tan “hiperinformada”, de las nuevas tecnologías que han terminado con cualquier reducto de privacidad, de libertad y de cómo somos constantemente manipulados (¿no os recuerda a “Un mundo feliz” de Huxley?). El objetivo de toda ésta sobre-información es, con toda seguridad, la anulación del espíritu crítico de los ciudadanos haciéndonos abdicar, más bien diría claudicar, de nuestro propio criterio. La novela indaga en cómo se crean, a través de redes sociales todo tipo de bulos y falsedades no siempre con un interés altruista y benéfico sino, en muchos casos, con arteros motivos.



“Lo que dices es cierto, pero quiero pensar que la sobreabundancia de información hace indispensables a los curadores profesionales, aquellos que desbrozan la paja del trigo. En este mismo momento nos puede llegar un tuit que notifique la muerte de Mick Jagger —dijo Tomás, y al hacerlo tocó madera—, pero solo hasta que lo veamos en la web del “New York Times”o equivalente lo asumiremos como un dato cierto. Nunca como ahora la comunidad necesitó de editores y periodistas con credibilidad”.



Otro de los puntales imprescindibles a la hora de dar una valoración global de una novela es, por analogía con el comienzo de este análisis, el final, el modo en que el autor “remata” el texto. Tengo que deciros, con toda honestidad, que, en mi opinión, la obra está demasiado bien rematada, en un final demasiado cerrado. Intentaré explicar esta aparente antítesis. En el extenso epílogo a la novela el autor va a irnos cerrando todas y cada una de la líneas argumentales que han quedado abiertas pero, sin embargo, esto provoca una ruptura dinámica que ha ido progresando en un “in crescendo” a lo largo de todo el libro. En mi opinión este epílogo, por esa relajación de la tensión discursiva, resulta perjudicial en comparación con la opción de haber optado por un final algo más abierto y más abrupto coronando así el clímax narrativo. Obviamente, no pudo clarificar demasiado este punto sin correr el riesgo de “reventar” la novela, nada más alejado de mi intención. Todo lo contrario recomiendo vivamente su lectura que nos hará montarnos en una adictiva montaña rusa.



Antes de terminar esta larga reseña, a pesar de haber tenido que tomar la dolorosa decisión de dejar muchísimas notas, que me ha sugerido la lectura de esta interesante novela, me gustaría hacer mención a la exquisita sensibilidad del autor en algunos momentos de lirismo y cómo, a pesar de lo descarnado del relato, el autor nos hace florecer, en medio de la barbarie y la brutalidad, algunas flores…



Los cientos de hombres que pasaron por las piernas de Milena dejaron menos huella que las miles de páginas que desfilaron ante sus ojos; el sórdido blanco y negro de su brutal existencia perdió sustancia frente a la rica gama que las historias leídas coloreaban en su imaginación”.



Sin embargo, tengo que confesaros que lo más terrible, lo que más me ha impresionado y conmocionado de toda la novela ha sido comprobar, el autor nos lo cuenta en los agradecimientos, que toda la brutalidad narrada, que todas las salvajadas y tropelías que comenten las mafias son reales y no corresponden a una mera ficción literaria  y que, probablemente, se queden muy lejos de la propia realidad.



“Los vínculos de la ficción y la realidad a lo largo del texto son estrechos. El autor se ha tomado pocas libertades en beneficio de la trama que recorre esta novela. Una de ellas, sin embargo, consistió en modificar ligeramente la composición de la comunidad procedente de países ex-soviéticos radicada en Marbella (…) En cuanto a la descripción de las implacables redes de esclavitud sexual, no hay libertad literaria alguna. El fenómeno se ha endurecido en los últimos años como resultado de la globalización de las redes de tráfico de personas. La tipología de clientes del comercio sexual que se describe en “Ellosse ha alimentado de una amplia bibliografía. Destaco para consulta del interesado tres obras en particular: The Industrial Vagina. The Political Economy of Global Sex Trade, de Sheila Jeffreys (Routledge) y dos extraordinarias investigaciones de Victor Malarek: The Natashas. The Horrific Inside Story of Slavery, Rape, and Murder in the Global Sex Trade (Arcade Publishing) y The Johns. Sex For Sale and The Men Who Buy It (Arcade Publishing)”.



Quiero felicitar desde aquí, ésta vez sí, al Jurado de esta edición de los Premios Planeta y, por supuesto, a la propia Editorial Planeta, porque esta novela sí que es un digna ganadora de un galardón del prestigio y de la importancia de éste. A modo de resumen final tengo que decir que “Milena o el fémur más bello del mundo” del escritor mexicano Jorge Zepeda Patterson es una novela muy interesante que introducirá al lector en una trama adictiva que le mantendrá en vilo durante todo el tiempo. Novela, como ya comenté, bien escrita, bien dosificada y manteniendo en todo momento el control de la trama, en un interesante ejercicio de autocontención y dominio técnico. Pienso, con toda honestidad, que estamos ante una de las mejores novelas de los últimos tiempos del Premio Planeta. Texto valiente y que interpelará perentoriamente al lector no dejándole indiferente en ningún momento. Novela que podríamos, de alguna manera y siendo muy simplista, encuadrar dentro del género  de la novela negra. Tengo que recomendar, a modo de resumen final, la novela “Milena o el fémur más bello del mundo”, que a pesar de algunos peros que tiene es un libro bien escrito, entretenido y que montará al lector en una trepidante montaña rusa. Por cierto, el título está muy bien traído… (y hasta ahí puedo leer).



Dicho todo lo cual, y en atención a todo lo argumentado con anterioridad y conforme a mi conciencia y  mi modo de entender este arte de la literatura, creo que la puntuación más ajustada para juzgar la novela “Milena o el fémur más bello del mundo” del escritor mexicano Jorge Zepeda Patterson, que ha sido justa merecedora este año del prestigioso Premio Planeta, en su edición de 2014, sería de 8,25/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo el video de la entrega del Premio Planeta a Jorge Zepeda Patterson )







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