sábado, 8 de diciembre de 2012

Las leyes de la frontera. Javier Cercas.


Título: Las leyes de la frontera.
Autor: Javier Cercas.
Editorial: Mondadori.
Colección: Literatura Mondadori.
ISBN: 9788439726883
Páginas: 384.
Fecha de publicación: Septiembre de 2012.




«Los antiguos sabios decían que no hay que despreciar a la serpiente por no tener cuernos; quizás algún día se reencarne en dragón. Del mismo modo, un hombre solo puede convertirse en ejército» (Serie de televisión “La Frontera Azul”).


“Dicho esto, usted es escritor y debe de saber que, aunque nos tranquiliza mucho encontrar una explicación para lo que hacemos, la verdad es que la mayor parte de lo que hacemos no tiene una sola explicación, suponiendo que tenga alguna”. (Las leyes de la frontera. Javier Cercas).


“En fin, concluyó el inspector Cuenca, cuando terminé de leer el libro me acordé de que una vez le oí a un profesor en televisión que un libro es como un espejo y que no es uno el que lee los libros sino los libros los que lo leen a uno, y pensé que era verdad”. (Las leyes de la frontera. Javier Cercas).




“Las leyes de la frontera”. es la última e interesantísima novela publicada por el escritor Javier Cercas. Y me he permitido presentarla, adjetivándola en grado superlativo porque me ha parecido un libro denso, compacto y excepcionalmente bien escrito, con una trama bien narrada, como analizaremos con todo detalles más adelante y que tras su lectura, a buen seguro, va a propiciar y suscitar la reflexión, e incluso el debate entre los lectores. Pero no sólo me ha resultado interesante por esa lúcida y profunda reflexión que Javier Cercas nos plantea  en “Las  leyes de la frontera”, que también, sino por la manera en cómo nos cuenta la historia y cómo el autor va “jugando y vapuleando” a los lectores, con ese ingenioso y bien imbricado relato, en el que prácticamente hasta la última página no hemos descubierto la verdad (o, al menos, eso creemos...). Cercas nos propone un autentico “tour de force” de dominio de la técnica y del arte literario. Por otra parte, resulta evidente en un estudioso y conocedor de la literatura, como es Javier Cercas que además, tanto por su formación, Doctor en Filología Hispánica, como por su labor docente, profesor de literatura española en la universidad de Gerona, nos imparte una magistral lección “práctica” de literatura en “Las leyes de la frontera”.



Creo que después de lo ya dicho en el párrafo anterior, resulta evidente que este libro me ha gustado. Sin embargo y como siempre es habitual en mí, antes de sentarme ante el ordenador para escribir la reseña,  he tomado un día de reflexión y maduracion, por así decirlo y la le puesto todo un día en “barbecho”, para madurarla en mi cabeza. Reconozco que he tenido que volver durante este obligatorio período de reflexión e introspección a releer algunos fragmentos miliares, a los que más adelante, por lo menos a alguno, me referiré con detenimiento y con el apoyo inestimable de mi cuaderno de notas, fundamental para anotar todos esos detalles imprescindibles a la hora de abordar una minuciosa crítica literaria. Lo que sí puedo certificar es que la novela, después de ese período de análisis e interiorización, aún me ha gustado más que tras la lectura inicial y eso quiere decir mucho. Es una novela escrita en varios planos y niveles, desde el más obvio del relato en “grado cero”, hasta niveles profundos, con implicaciones “metaliterarias”, que agostarían cualquier intento de un análisis profundo y riguroso. Por eso me ha parecido pertinente citar en el encabezamiento de esta reseña las palabras que el propio Javier Cercas pone en boca de uno de sus personajes (el inspector Cuenca), acerca de que “un libro es como un espejo...”, a modo de bitácora a la hora de acercarnos a esta novela. Como observará el lector me refiero constantemente a “Las leyes de la frontera” como una novela, e indudablemente lo es, pero también por su forma de enfocar y plantear toda la problemática social que subyace: desarraigo, marginalidad, delincuencia, desestructuración social, etc, bien podríamos hablar de un interesantísimo ensayo multidisciplinar, fundamentalmente sociológico, en forma novelada, que creo indispensable para comprender una parte de nuestra historia (con minúscula): de la transición.



Estimo que antes de abordar el análisis de una novela tan rica y, a su vez, tan densa y compleja, tal vez, lo más adecuado sería pergeñar, aunque sea someramente, una sinopsis argumental, sobre todo con intención de orientar al lector y contextualizar el análisis posterior.  Creo que la reseña que ha publicado Javier Cercas en su página web resulta muy adecuada a mi propósito por lo que la transcribo literalmente a continuación.



“Con Las leyes de la frontera, Javier Cercas vuelve a asomarse a los años de la transición, pero en esta ocasión no se fija en la alta política sino en tres delincuentes juveniles y la deriva posterior de sus vidas. Durante el verano de 1978, el Zarco, Tere y el Gafitas se dedican a dar tirones, robar coches, desvalijar casas y atracar bancos, unidos por una atracción tan extraña como indestructible.

Veinte años más tarde, el Gafitas se ha convertido en el abogado más notable de la ciudad y recibe el encargo de defender al Zarco, convertido en el delincuente más famoso de España. Tere, por su parte, vuelve a funcionar como el lazo enigmático entre estos dos hombres tan diferentes y al mismo tiempo tan necesitados el uno del otro. 

Este triángulo es el punto de partida de una novela tan cruda como adictiva que puede leerse como la cara B del postfranquismo y, por qué no, de
Anatomía de un instante.  Un libro que aborda la transición en su zona marginal y que echa por tierra la fantasía del ascenso social y, de paso, hace añicos “el sueño español”.

La frontera, no siempre visible, que conecta y separa a nuestros personajes funciona como un destino manifiesto que el Zarco, Tere y el Gafitas no pueden esquivar, pese a la relación enfermiza que los une a lo largo de esta historia poblada de medias verdades y en la que se cruzan la admiración y la traición, la miseria y la virtud, la manipulación y la sinceridad, la amistad y el amor.

La fascinación que sienten entre sí los tres personajes de Las leyes de la frontera es la misma que se establece entre el lector y la propia novela, que consigue trasladarnos, desde el extremo, esa adicción que todos sentimos alguna vez por lo distinto, por la vida al otro lado, por el precipicio mismo. Una novela, en fin, que nos transmite muchos momentos de desazón, pero ni un solo segundo que nos lleve a abandonarla”.



Como es habitual intentaré sistematizar lo más posible la reseña para intentar no perdernos en una novela tan rica, tanto temática como técnicamente aún asumiendo, por desgracia, que me quedarán muchos detalles para analizar por las, tristemente, habituales restricciones de espacio a las que debo constreñirme propios de una reseña literaria. A lo largo de la reseña sólo me voy a detener, por los inconvenientes ya expuestos, en un minucioso análisis de un único fragmento que creo interesante para ilustrar mi opinión. Pero ya, sin más preámbulo, vamos a entrar directamente en el estudio formal de “Las leyes de la frontera”.



La novela está estructurada en doce capítulos y un epílogo. Cada capítulo corresponde a una entrevista que mantiene un escritor que está preparando un libro sobre la vida del famoso delincuente de los años 70 y 80 Antonio Gamallo “El Zarco”. El escritor se entrevistará con: Ignacio Cañas, ex pandillero de la banda de “El Zarco” apodado “El Gafitas”, el inspector Cuenca y el director de la cárcel de Gerona Eduardo Requena (aprovecho para hacer un paréntesis comentando que a lo largo de toda la novela Javier Cercas se refiere a esta capital catalana con su patronímico castellano, por lo cual, y en coherencia con la novela, me referiré a ella con esta denominación). Javier Cercas utilizará magistralmente esta técnica narrativa con varios fines. Por una parte nos permitirá distanciarnos del relato y tomar una perspectiva desde diversos ángulos y, por otra parte, contribuirá a ese vapuleamiento del lector que en ningún momento sabrá “la verdad” (en valor absoluto) sino que irá juntando, por así decirlo las piezas de un puzzle del que sus propios protagonistas no conocen la verdad. Sin duda uno de los grandes aciertos, a priori, de esta novela es esa construcción formal que funciona a la perfección para contar esta historia. Y es en estos detalles donde ya, desde el primer momento, se comprueba que estamos ante un autor que conoce y domina los resortes del oficio literario. Por otra parte, también me ha gustado ver que estamos ante una obra redonda, una novela que, permítaseme la expresión, se cierra en sí misma. No quiero, como es evidente, entrar en demasiados detalles para no destripar la novela pero voy a citar tres ejemplos que demuestran esta aseveración. Al principio de la novela aparece un personaje llamado Narciso Batista, que es un compañero de clase de Ignacio Cañas que se dedican a hacerle la vida imposible y a maltratarle. Precisamente una de las razones que impele a Cañas a entrar en la “basca” del Zarco son las vejaciones a las que es sometido por Batista. Luego este personaje desaparecerá del relato, pero bien avanzada la novela volverá a aparecer con una gran importancia desde el punto de vista narrativo (por cierto, recomiendo al lector que repare en su “evolución” a lo largo de los años en que desaparece de la narración). O bien, otro ejemplo, la aparición en el epílogo de nuevo del inspector Cuenca. Por último la aparición, a mi modo que nos dan una clave importante explicar de alguna manera la novela, de los personajes de Silvia y Nerea.





 

En esta novela, que yo definiría como “especular”, las verdades y las mentiras, la realidad y la ficción, aparecen a veces desdibujadas, a veces retroalimentadas, por esta magistral narración en forma de espejos enfrentados que terminan por desenfocarnos la realidad y, en muchos casos, hacernos perder pié.



Evidentemente, por lo ya referido anteriormente sobre su estructura, queda claro que la voz narrativa recae en los tres personajes ya citados. Lo que representa una ausencia clara de un narrador ajeno a la acción. Esa subjetividad al poner la voz narrativa en los personajes resulta fundamental, técnicamente, para cumplir, sobradamente, las pretensiones literarias del autor. En todo momento, a lo largo de las entrevistas, el lector está claramente orientado de si se trata de la charla con el escritor o bien del relato subjetivo de los personajes que dialogan con él. Para conseguir marcar estos diferentes planos narrativos Javier Cercas utiliza el uso del “usted”, que inmediatamente nos sitúa en la entrevista o el uso del “tu” que correspondería a los relatos subjetivos de los personajes que conforman la narración, propiamente dicha. Como ya he comentado en alguna otra reseña lo que hace una novela importante y que nos llegue es el uso de la técnica literaria, así como de sus recursos estilísticos. Voy a transcribir algunos ejemplos para analizarlos y valorarlos con algo más de detenimiento.



“Y dije: ¿Por qué no soy como vosotros? Y él dijo: Porque no lo eres. Y yo dije: Hago lo mismo que vosotros. Y él dijo: Casi lo mismo, sí. Pero no eres como nosotros. Y yo insistí: ¿Por qué no? Y él explicó: Porque tú vas a la escuela y nosotros no. Porque tú tienes familia y nosotros no. Porque tú tienes miedo y nosotros no. Y yo pregunté: ¿Vosotros no tenéis miedo? Y él contestó: Sí, pero tenemos un miedo que no es como el tuyo. Tú piensas en el miedo, y nosotros no. Tú tienes cosas que perder, y nosotros no. Esa es la diferencia. Compuse una mueca escéptica, aunque no insistí. Fumé”.



Este fragmento creo que es muy interesante, desde un punto de vista analítico, para tratar el tema de la técnica literaria y voy a detenerme en su estudio, con una cierta meticulosidad, porque creo que será interesante. En primer lugar vamos a reparar en que el texto está lleno de frases breves, cortas, incisivas. Ese uso del lenguaje ya nos va a sugerir, en primer lugar, que se trata de un diálogo ágil, que sucede con premura a gran velocidad, idóneo para una discusión. Y además vemos que el autor lo intensifica con el uso del polisíndeton (que es la figura retórica que implica la repetición constante de conjunciones, en nuestra caso la “y”: Y yo dije, Y él dijo, Y yo insistí, Y él explicó....) porque lo utiliza con un valor conectivo. Vemos que además, a lo largo del fragmento se va produciendo un incremento de la tensión narrativa de la discusión. Y eso lo consigue el autor, además de por el uso de ese peculiar polisíndeton, por  el uso enfático de la construcción sujeto y verbo con valor reforzativo. Me explico. Obsérvese la diferencia entre decir: “Y explicó” y “Y él explicó” o “Y pregunté” y “Y yo pregunté”. Creo que es evidente cómo todos estos detalles ayudan a aumentar la tensión dramática y la expresividad. Y vemos como Javier Cercas, al final del párrafo pone fin a esa escalada de la tensión, poniendo un solo verbo, en una frase en grado cero, en su expresión mínima, para disolver ese “in crescendo”: “Fumé”. Frenando en seco, desde un punto de la dinámica interna del párrafo, ese ritmo trepidante y encendido. Después de releer este párrafo que acabo de escribir quiero pedir disculpas, por si ha resultado una digresión excesivamente filológica, pero creo que ilustra cómo el escritor de oficio utiliza las técnicas literarias a la hora de expresar el fin artístico que persigue en cada momento de la novela. Véase en este último ejemplo, a pesar de ser un poco largo pero creo que interesante, como el autor, magistralmente, va a narrarnos una fuerte discusión familiar y obsérvese como Javier Cercas sostiene la tensión dramática.


“Por el rabillo del ojo vi que mi hermana me observaba con las cejas arqueadas, burlona; antes de que ella o mi madre pudieran añadir algo, mi padre preguntó: ¿Con quién has estado? No respondí. Insistió: ¿Has estado bebiendo? ¿Has estado fumando? Pensé: ¿Y a ti qué te importa? Pero no lo dije, y de golpe sentí un gran sosiego, una gran seguridad en mí mismo, igual que si en un segundo hubiera desaparecido la confusión de la cerveza y los porros y hubiera quedado solo una forma lúcida de embriaguez. ¿Qué es esto?, pregunté sin alterarme. ¿Un interrogatorio? Mi padre endureció el gesto. ¿Te pasa algo?, preguntó. Déjalo ya, Andrés, terció mi madre, tratando otra vez de poner paz. Cállate, por favor, la atajó mi padre. Ahora yo le sostenía la mirada; mi padre insistió: He dicho que qué te pasa. Nada, contesté. Entonces por qué no me contestas, preguntó. Porque no tengo nada que contestar, respondí. Mi padre se calló y se volvió hacia mi madre, que entornó los ojos y le imploró en silencio que lo dejase correr; mi hermana contemplaba la escena disimulando a duras penas su satisfacción. Mira, Ignacio, dijo mi padre. No sé lo que te pasa últimamente, pero no me gusta que te comportes como te estás comportando: si vas a seguir viviendo en esta casa… Y a mí no me gusta que me des lecciones, le interrumpí; luego continué, embalado: ¿Cuándo empezaste tú a beber? ¿Cuándo empezaste a fumar? ¿A los catorce años? ¿A los quince? Yo tengo dieciséis, así que déjame en paz. Mi padre no me interrumpió; pero, cuando terminé de hablar, abandonó los cubiertos en el plato y dijo sin levantar la voz: La próxima vez que me hables así te parto la cara. Noté como un golpe en el pecho y la garganta, miré mi plato casi vacío y luego miré la tele: en la pantalla, el ministro del Interior –un hombre de gafas cuadradas y semblante adusto– estaba condenando en nombre del gobierno el atentado terrorista. Mientras me levantaba de la mesa murmuré: Vete a la puta mierda”.



Sin duda alguna, una de las cuestiones que más me ha interesado de “Las leyes de la frontera” es esa constante zozobra que sufre el lector ante la incertidumbre de no saber, a ciencia cierta, qué es lo que ocurrió y qué es lo que ocurre. Como explicaba un poco más arriba esa construcción “especular” me ha encantado. Y, por supuesto, como Javier Cercas nos va involucrando y subsumiendo en la trama de la novela. Como es lógico para sostener una trama literaria también son muy importantes los personajes y aquí el autor nos muestra amplio conocimiento del ser humano. Cercas ha creado unos personajes vívidos, intensos, poliédricos que en algunos casos rozan la maestría. Tengo que reconocer que, como creo que muchos lectores, me he sentido subyugado, cautivado, por el personaje de Tere, por su ambigüedad, por su belleza, por ese magnetismo personal que irradia desde su primera aparición y que a través de los ojos de “El gafitas” consigue hechizarnos. Personaje complejo que, al menos esa es mi opinión, resulta determinante para dar coherencia a todo el relato y que es la espita que desencadena toda la trama. Porque, al menos esa es mi opinión, “Las leyes de la frontera” es una novela de amor, de un amor absolutamente irracional y destructivo que se mantiene incólume a lo largo de los años. Y ese “amour fou” es el que condiciona y marca indeleblemente todo el devenir de la novela. Por lo que su interpretación y análisis debe sustentarse sobre esta premisa fundamental: se trata de una novela de amor, de un amor desesperado e irracional. Y, a partir de ahí, podemos añadirle cuantos aditamentos creamos convenientes: una novela sobre la delincuencia juvenil, sobre la imparable degeneración de la sociedad actual, etc, etc.



A lo largo de toda la novela únicamente he encontrado un detalle que me ha “chirriado” dentro de esta novela tan redonda y tan bien atada. Me ha resultado muy forzado que la familia de “El Gafitas” viendo la deriva que tenía este muchacho tan en principio tímido y reservado, no fueran consciente de ello.  El propio Gafitas nos cuenta que durante casi todo el verano estuvo levantándose a la hora de comer y acostándose cerca de las 6 de la mañana y, por supuesto, sin asomar por su casa. Por eso, a mi modo de ver resulta incomprensible lo que nos cuenta el propio Gafitas “La desaparición de mis padres simplificó las cosas, porque me permitió dejar de llevar una doble vida –la de un quinqui con la basca del Zarco, la de un adolescente convencional con mi familia– y disfrutar de mucha más libertad de la que había disfrutado hasta entonces”. ( ¡Aún más libertad!??) Por eso me ha llamado la atención que una familia “normal” y “estructurada” como la suya no advirtiese estos malos pasos en que se hallaba su hijo.




Podría alargarme en multitud de detalles interesantísimos, todos ellos dignos de mención, que la lectura de “Las leyes de la frontera” me ha sugerido y que por desgracia, quedarán inéditos en mi cuaderno de apuntes. Pero como ya es sabido es el problema con el que me enfrento al reseñar una novela importante: la falta de espacio a la que obliga, por su misma naturaleza, una reseña literaria. He preferido dedicar esta última parte de este análisis al comentario de la novela. Al principio de la reseña advertía que “Las leyes de la frontera” es un texto que se presta a una reflexión ulterior y a un debate. Javier Cercas utilizará la ciudad de Gerona como una ejemplificación plástica de la transición y la sociedad actual. Veremos como a lo largo de la novela los parajes que estaban “al otro lado de la frontera” en donde se hacinaba toda la delincuencia y la marginalidad, en la actualidad es, poco menos, que un barrio de ricos y  que, en donde se asentaban barrios de infraviviendas ahora relumbrar parques con céspedes impolutos. Pero, y al menos esa es mi opinión, es un cambio de fachada porque bajo esos parques tan hermosos siguen las ruinas de esos barrios y esas infraviviendas.


Como también apuntaba al principio, tras la forma novelada el autor aprovecha para, como quien no quiere la cosa, dejarnos un compacto ensayo sobre la sociedad española. El autor, particularmente, nos planteará sus reflexiones acerca de la “inocencia” del delincuente criado en un ambiente de desestructuración familiar y marginalidad que le aboca irremisiblemente hacia la delincuencia (teoría que ya fue planteada a mediados del siglo XVIII por el filósofo Jean-Jacques Rousseau cuando decía que “El hombre es bueno por la naturaleza es la sociedad la que le pervierte”). Por ese motivo “El Gafitas” nunca podría ser como “El Zarco”. De hecho en el ejemplo que más arriba analizamos para estudiar su estilo literario “El Zarco” explica nítidamente esa diferencia vital, existencial diría yo, entre él mismo y “El Gafitas” y porqué no pueden ser iguales.



Me han interesado mucho, también, la reflexión que nos deja Javier Cercas acerca de la delincuencia y de las personas que se mueven, tangencialmente, alrededor del mundo de la delincuencia. Voy a citar de nuevo al autor que en boca del personaje del abogado Ignacio Cañas, nos deja la siguiente reflexión sobre los abogados.



“–Además de un abogado de éxito es usted un abogado curioso.
–¿Qué quiere decir?
–Que antes de ser abogado fue delincuente, lo que significa que conoce de primera mano los dos lados de la ley. Eso no es tan común, ¿no le parece?
–No lo sé. Lo que sí sé es que un abogado y un delincuente no están en los dos lados de la ley, porque un abogado no es un representante de la ley sino un intermediario entre la ley y el delincuente. Esto nos convierte en tipos equívocos, de moral dudosa: nos pasamos la vida tratando con ladrones, asesinos y psicópatas y, como los seres humanos funcionamos por ósmosis, lo normal es que acabemos contaminados por la moral de ladrones, asesinos y psicópatas”.



Por último y ya a modo de resumen final, me gustaría consignar que “Las leyes de la frontera” me ha parecido una gran novela, probablemente una de las mejores “novelas sociales” que he leído últimamente. Que combina su calidad literaria con un indudable interés para el lector, que como ya he comentado, se sentirá vapuleado por la narración y que le hará sentir que la verdad depende de quién te la cuente y que, muchas veces, resulta inasequible, en esta narración “especular” que no creo que deje indiferente a nadie.



Dicho todo lo cual, ateniéndome a todo lo ya referido, con anterioridad, en esta reseña e intentando ser lo más fiel posible a mi modo de entender la crítica literaria, creo que la puntuación más ajustada para valorar los méritos de la novela “Las leyes de la frontera” del escritor Javier Cercas sería de un 8,50/10.

© Luis Alberto Cao

(Para ilustrar esta reseña os dejo un video de la presentación del libro por parte de su autor en Girona, en donde trascurre la acción con imágenes de los lugares en donde se desarrolla la acción).


1 comentario:

  1. Excelente reseña como siempre.
    Gracias a ella me he decidido a leerme el libro, y qué gran libro !
    Sigo tu blog con atención e intento leer todos los libros que puntúas alto, pues suelo coincidir con tus gustos.

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