sábado, 6 de julio de 2019

Largo pétalo de mar. Isabel Allende

Título original: Largo pétalo de mar.
Autor: Isabel Allende.
Editorial: Plaza & Janés.
ISBN: 9788401022418
Páginas: 384.
Fecha de publicación: Mayo de 2019.
Precio: 22,90 €.



“Patria es donde están nuestros muertos”

“No se puede cambiar el pasado, pero tal vez se pueden ir eliminando los peores recuerdos…”

“Esta gente ha sufrido mucho, señores. Son personas de buena moral, ordenados y respetuosos, vienen a su país dispuestos a trabajar y rehacer sus vidas”
(Largo pétalo de mar: Isabel Allende)


“Oh Chile, largo pétalo

de mar y vino y nieve,
ay cuándo
ay cuándo y cuándo
ay cuándo
me encontraré contigo,
enrollarás tu cinta
de espuma blanca y negra en mi cintura,
desencadenaré mi poesía
sobre tu territorio”.
(Cuándo de Chile. Pablo Neruda)



“Largo pétalo de mar” es la última novela publicada por la gran escritora chilena Isabel Allende y, como intentaré desarrollar, de un modo lo más minucioso y didáctico posible a lo largo de este análisis literario, ya desde su propio título, extraído de este célebre poema de Pablo Neruda, transcrito más arriba, nos sugerirá algunas pistas sobre las intenciones literarias y estéticas de la autora a la hora de abordar la redacción de esta novela.


He reflexionado mucho, antes de sentarme ante el ordenador para escribir este análisis, a la hora de enfocar esta crítica y cómo expresar la ambivalencia de sensaciones que han quedado en mi paladar tras su lectura atenta y pausada. Mi impresión general, a bote pronto y antes de entrar en el estudio propiamente más exhaustivo y prolijo, es que “Largo pétalo de mar” me ha resultado una novela interesante por momentos (algunos francamente buenos) entreverada por otros que, tratándose de una artista del talento y oficio de Isabel Allende, me han parecido deslavazados, anodinos e, incluso, impropios de su talento artístico. Digamos, pues, que, a modo de marco general de esta crítica, “Largo pétalo de mar” me ha parecido una novela desigual que, a pesar de manejar una temática tan interesante, desde un punto de vista narrativo, no consigue, en mi modesta opinión, sacarle, a lo largo de toda la novela (e insisto en la idea de en “toda la novela”) todo el jugo que a priori podía ofrecer. En cualquier caso, a lo largo de esta crítica, intentaré desmenuzar y argumentar el porqué de esta opinión.


Dicho lo cual y por seguir una exposición ordenada y metodológica, creo que lo más adecuado en este momento será, como viene siendo habitual, pergeñar una breve sinopsis argumental que sitúe al lector de estas líneas, de alguna manera, en el objeto de este análisis literario. Para este fin, utilizaremos la reseña que la propia editorial Plaza&Janés (a la que aprovecho a felicitar por la impecable edición de este libro) ha preparado a este efecto.


“En plena Guerra Civil española, el joven médico Víctor Dalmau, junto a su amiga pianista Roser Bruguera, se ven obligados a abandonar Barcelona, exiliarse y cruzar los Pirineos rumbo a Francia. A bordo del Winnipeg, un navío fletado por el poeta Pablo Neruda que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, embarcarán en busca de la paz y la libertad que no tuvieron en su país. Recibidos como héroes en Chile -ese «largo pétalo de mar y nieve», en palabras del poeta chileno-, se integrarán en la vida social del país durante varias décadas hasta el golpe de Estado que derrocó al doctor Salvador Allende, amigo de Víctor por su común afición al ajedrez. Víctor y Roser se encontrarán nuevamente desarraigados, pero como dice la autora: «si uno vive lo suficiente, todos los círculos se cierran».

Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver.


Para mí, sentarme ante el ordenador para escribir una reseña, siempre me ha resultado una gran responsabilidad, fundamentalmente con mi conciencia y, cómo no, por el respeto que tengo a todas las personas que me seguís y, por supuesto, a los autores. Bajo estas premisas, sin duda necesarias de volver a recordar una vez más, en esta novela me he encontrado en ese dilema, en esa dicotomía, entre mi realidad como crítico literario que se dedica al análisis frío, científico y desapasionado de una obra narrativa y como lector, como simple enamorado y amante de la literatura. En el caso de “Largo pétalo de mar” como simple lector me ha parecido una novela interesante y entretenida y con una materia prima (la temática) que ya, de entrada, la hace muy apetecible. Sin embargo al juzgarla bajo el prisma desapasionado del “científico” no puedo dejar de apreciar que, en mi opinión, se trata de una novela muy desigual, en el sentido del ritmo literario interno que, por otra parte, aúna instantes soberbios, tanto de narrativa como de caracterización de personajes, con otros francamente “impropios”. No voy a explayarme mucho en estos particulares porque, como siempre digo, no pretendo “reventar” la novela y lo que deseo es fomentar el amor a la lectura y, por supuesto, la lectura de este libro que si buscáis el placer de la lectura, estoy seguro que, como me pasa a mí, lo disfrutaréis.


“Largo pétalo de mar” es una novela que narra, linealmente, una historia que abarca un arco temporal de casi 60 años. La autora, con toda consciencia, pone el punto de vista narrativo en una voz en tercera persona omnisciente. Aprovecho este momento para explicar el concepto de omnisciente que muchos de vosotros me habéis consultado a través del correo electrónico. Cuando utilizamos el termino omnisciente (para los amigos seguidores del blog amantes de las etimología viene de la latín “Omnis” todo y “sciens, -entis” que sabe) queremos  expresar que el narrador, de alguna manera, se sitúa “por encima” de la propia narración. Esto es, tiene un grado de conocimiento superior. Pondré un ejemplo de la novela para intentar aclarar este concepto tan utilizado en el análisis literario.


“El ajedrez sería el fundamento de la amistad entre los dos hombres, que determinaría el segundo exilio de Víctor Dalmau”.


Como se puede apreciar en el ejemplo transcrito el narrador ya sabe lo que ocurrirá en un plano temporal muy posterior a los hechos expuestos en el momento del presente narrativo. Por otra parte Isabel Allende nos plantea un texto en el que no aparece excesivo diálogo, centrándose más en poner el peso de la narración en la figura del narrador. Este planteamiento de la autora, evidentemente hecho con una finalidad artística y estilística,  ya nos da una pista de su “intención literaria” a la hora de narrar este relato.


Isabel Allende siempre ha sido una autora muy elegante a la hora de escribir. Esta aseveración se puede corroborar a lo largo de toda su producción literaria. En el caso que nos ocupa hay algunos ejemplos que nos muestran esta elegancia antes citada. Voy a transcribir un fragmento en el que Isabel Allende nos ofrece una hermosa elipsis narrativa que en su belleza, tamizada por ese velo del pudor, nos ofrece mucho más de lo que oculta.



“La llevó a un hotel modesto, aunque no podía permitirse ese gasto, y ella volvió a Viña del Mar cerca de la medianoche, cuando sus padres estaban a punto de notificar su desaparición a los carabineros. El chófer, debidamente sobornado, dijo que habían pinchado un caucho por el camino”.


Sin duda uno de los aspectos insoslayables a la hora de analizar esta novela es el uso de los personajes. Es precisamente en esta faceta donde Isabel Allende es más reconocible a lo largo de toda su obra narrativa. Basta leer cualquiera de sus novelas con atención e interés crítico para descubrir ese nexo común que une, más bien diría ata, a todos sus personajes. Allende es una escritora de grandes personajes femeninos, fuertes y que portan esa gran fuerza “redentora” y telúrica que hace palidecer a todos los personajes masculinos. En este caso, fiel a toda su obra narrativa, los personajes a modo de novela bizantina desaparecerán y volverán a aparecer inopinadamente para ir tejiendo las vidas y los destinos de todos ellos. Me gustaría señalar, para la consideración del atento lector de la novela, la caracterización del personaje de Juana que para los que ya conocéis otras obras de la autora veréis que aparece en esencia en muchísimas de sus novelas. Voy a transcribir la descripción del personaje que nos hace la autora y veréis como enseguida os traerá a la memoria a otros personajes de su universo narrativo.


“Juana Nancucheo, mestiza de criollo e indígena mapuche del sur profundo, de edad difícil de adivinar, baja de estatura y sólida como los troncos antiguos de sus bosques nativos, de trenza larga y piel cetrina, ruda de modales y fiel por hábito, estaba al mando de la administración doméstica desde tiempos inmemoriales. Dirigía con gesto adusto a las tres mucamas, la cocinera, la lavandera, el jardinero y el hombre que enceraba los pisos, acarreaba la leña y el carbón, cuidaba a las gallinas y realizaba las tareas pesadas; nadie recordaba su nombre, era simplemente «el hombrecito de los mandados». El único libre de la vigilancia de Juana era el chófer, que vivía en los altos del garaje y dependía directamente de los patrones, aunque, según ella, eso se prestaba para mucho abuso; lo tenía en la mira, no era de fiar, metía mujeres en su pieza, estaba segura. «En esta casa sobra personal doméstico», solía opinar Isidro del Solar. «¿A quién piensa echar pues, patrón?», lo atajaba ella. «A nadie, lo digo por decir», se retractaba él de inmediato. «Algo de razón ha de tener», admitía Juana para sus adentros”.


A pesar de que Isabel Allende nos propone en “Largo pétalo de mar” un tema descarnado e hiperrealista como el del exilio, no por eso podemos dejar de adivinar ese “realismo mágico” tan habitual en sus obras. Desfilarán, de nuevo, esa serie de “monotemas” que se desplazan de un libro a otro dentro de su bibliografía: los grandes y poderosos clanes familiares, la predestinación de sus personajes, ese contraste tan brutal entre la vida y la muerte que sobrevuela constantemente su narrativa, así como la maldad intrínseca del ser humano que, en esta novela, es uno de los “leitmotifs” pugnando por abrirse paso entre la vida y la muerte. A continuación os transcribo un triste y desgarrador momento que ejemplifica esa maldad intrínseca del ser humano.


Fue la vecina la que denunció a Víctor Dalmau, la misma mujer que dos años antes le pidió que se valiera de su amistad con el presidente para colocar a su hijo en el cuerpo de carabineros, la misma a quien le instaló un par de válvulas en el corazón, la misma que intercambiaba azúcar y arroz con Roser, la misma que asistió compungida al velorio de Carme. Lo arrestaron en el hospital. Tres hombres sin uniforme, que no se identificaron, fueron a buscarlo cuando estaba en el quirófano, pero tuvieron la decencia de esperar a que terminara de operar. «Acompáñenos, doctor, es una gestión de rutina», le ordenaron en tono firme. En la calle lo empujaron dentro de un automóvil negro, lo esposaron y le vendaron los ojos. El primer puñetazo le cayó en el estómago”.


Otro de los puntos ineludibles a la hora de estudiar esta novela, desde un punto de vista más filológico, es la hermosa y ubérrima prosa que la autora nos muestra en su novela. Para mí, como filólogo, es un placer disfrutar de su riqueza léxica con tanto aroma y sabor al castellano hablado allende los mares. Una prosa que apela a los colores, a los sabores y que nos transporta a aquella naturaleza desbordante del nuevo mundo. Isabel Allende también hará uso de las músicas y de los sonidos para enriquecer sensorialmente el texto.


“A veces le entregaba un fajo grueso de varias cartas amarradas con un cordel. Siempre había alguna de la madre y el hermano de Guillem, pero la mayoría eran de Roser, que le escribía a diario uno o dos párrafos, hasta juntar un par de páginas, que metía en un sobre y lo llevaba al correo militar canturreando la más popular canción de los milicianos: «Si me quieres escribir, / ya sabes mi paradero: / Tercera Brigada Mixta, / primera línea de fuego»”


Al final de esta reseña, y para ilustrar este análisis colgaré un video con esta canción citada por la autora, en este caso será en la interpretación de la gran cantante catalana Marina Rossell una de las voces más hermosas de la actualidad.


Repasando mi cuaderno de notas, repleto de decenas de anotaciones que me ha sugerido el estudio de esta novela, no puedo evitar el desánimo de ver que muchas de ellas no van a poder ver la luz por no extenderme mucho más en esta crítica. Si me gustaría terminar esta parte del análisis con un hermoso fragmento, que a mí personalmente, me ha parecido extraordinario


“Las condiciones seguían siendo inhumanas, pero al menos fue pasando lo más crudo del invierno. Los prisioneros se organizaron para sobrevivir sin enloquecer. Hacían mítines revolucionarios, divididos en partidos políticos, como durante la guerra. Cantaban, leían lo que les caía en las manos, alfabetizaban a quienes lo necesitaban, publicaban un periódico —una hoja escrita a mano que circulaba de un lector a otro— e intentaban preservar la dignidad cortándose el pelo y quitándose los piojos mutuamente, lavándose y lavando la ropa en el agua helada del mar. Dividieron el campo en calles con nombres poéticos, crearon el delirio de plazas y ramblas como las de Barcelona en la arena y el lodo, inventaron la ilusión de una orquesta sin instrumentos para tocar música clásica y popular y de restaurantes de comida invisible, que los cocineros describían en detalle y los demás saboreaban a ojos cerrados. Con el poco material que lograban conseguir levantaron cobertizos, barracones y chabolas. Vivían pendientes de las noticias del mundo, que estaba al borde de otra guerra, y de la posibilidad de salir en libertad. Algunos, los mejor preparados, solían ser empleados en el campo o en la industria, pero la mayoría antes de ser soldados habían sido labriegos, leñadores, pastores, pescadores, en fin, carecían de un oficio útil en Francia. Soportaban la presión constante de las autoridades para ser repatriados y en algunos casos los llevaban a la frontera española engañados”.


Finalmente, y a modo de resumen, me gustaría dejar constancia que “Largo de pétalo de mar” es una novela interesante de lectura amena y recomendable. Pero, eso sí, siendo fiel a mi conciencia y como crítico literario creo, con la mano en el corazón, que esta no es, sin duda alguna, una de las mejores novelas de la autora porque, como esbocé al principio de esta reseña, me ha parecido una novela desigual en la que alterna grandes momentos narrativo con largos fragmentos de una calidad bastante inferior que parecen, esa es mi opinión, escritos como de puntillas con una cierta atonía. Es evidente que, en cualquier caso, todo esto no resta un ápice a su talento y reconocimiento porque como ya comenté más arriba Isabel Allende es un autora con un sello narrativo propio que la hace siempre reconocible en todas y cada una de sus novelas.


Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “Largo pétalo de mar” de la escritora chilena, limeña de nacimiento, Isabel Allende sería de un 7,00/10.

© Luis Alberto Cao


Otra novelas de Isabel Allende reseñadas en este blog:





jueves, 14 de enero de 2016

Hombres desnudos. Alicia Giménez Bartlett




Título: Hombres desnudos.
Autor: Alicia Giménez Bartlett
Editorial: Planeta
Colección: Autores españoles e iberoamericanos.
ISBN: 978-84-08-14787-9
Fecha de publicación: 3 de noviembre de 2015.
Páginas: 480.
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta.
Precio (soporte papel): 21,90 €
Precio (e-book): 12,99 €




“¡La maldita crisis! ¡Nos va a llevar a todos a la ruina moral!”
(Hombres desnudos. Alicia Giménez Bartlett)




En esta profesión siempre resulta enriquecedor, y sobre todo muy gratificante, cuando después de leer centenares de novelas, en muchos casos mediocres, cuando no francamente pésimas, y que casi no justifican su valor en el precio del papel del que están impresas, encuentras un libro que merece la pena, un libro escrito con oficio; en definitiva una historia bien narrada. Como bien nos recordaba un viejo catedrático la literatura, al fin y a la postre, se resume en contar una historia. Es en esos momentos “mágicos” en los que uno puede disfrutar con su lectura, tanto en su faceta de crítico literario, como en su faceta amante de la lectura. Y este es uno de esos libros que es capaz de suscitar esa “magia”. “Hombres desnudos” de la magnífica escritora almanseña Alicia Giménez Bartlett, es una interesantísima novela cuya profundidad nos va a permitir hacer una lectura en varios niveles. En un primer lugar encontraremos el nivel más simple y obvio, que es propiamente la historia que la autora nos va a narrar, pero veremos que tras esa historia la autora va a deslizarnos muchas cosas más y, por cierto, muy profundas. Cuando hablo de profundidad en absoluto considero que eso esté reñido con el entretenimiento; antes bien, al contrario. “Hombres desnudos” es un libro que suscitará el interés del lector, gracias a la técnica literaria y el oficio de la escritora, que en mi opinión se encuentra en uno de los mejores momentos artísticos de su, por otra parte, ya dilatada carrera literaria




“Hombres desnudos” ha sido galardonada con el Premio Planeta, probablemente uno de los galardones literarios más prestigiosos del mundo. Los lectores habituales de este blog literario saben que en otras ocasiones no he tenido más remedio que opinar del bajo nivel de otras novelas premiadas en ediciones anteriores. Pero, sin embargo, este no es el caso. Así es que tengo que felicitar a los miembros del jurado de este Certamen integrado por: Alberto Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Emili Rosales, por su acertadísima decisión.




Dado el interés, desde un punto de vista analítico de la novela, voy a intentar ser lo más sistemático posible e incidir en los puntos más relevantes para que el amable lector de estas líneas pueda orientarse en los méritos del texto. Intentaré, como suele ser habitual ser lo más pedagógico posible para que todas las personas que se acerquen a esta reseña puedan disfrutar de la novela. Vaya por delante que he encontrado algunos pequeños detalles que, en mi opinión, perjudican al resultado final de la novela pero que, por el contrario, en modo alguno desmerece mi opinión de que estamos ante una gran novela.




Quiero advertir al lector que esta crítica va a ser algo diferente a las que hasta ahora he escrito. Más que nada porque creo que la novela lo merece. En la primera parte me dedicaré, más que propiamente al análisis, al comentario literario. Creo que “Hombres desnudos” es un libro que se presta a reflexionar, lamentablemente de un modo muy superficial puesto que, por razones obvias no puedo alargarme mucho. Y dejaré la segunda parte para entrar más de lleno en el análisis técnico de la novela. Y, ya por último, y a modo de resumen, “justificar” mi opinión crítica sobre ella.




Como ya es habitual en todos mis análisis, creo que lo conveniente será empezar con una somera sinopsis argumental, con la loable intención de situar al lector en el marco de la novela que vamos a estudiar. Para este fin he utilizado más que una sinopsis la recensión que publica la propia editorial Planeta de “Hombres desnudos”.



“Nadie puede imaginar hasta qué punto los tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. Hombres desnudos es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles.
Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante”.



La elección de la recensión anterior no ha sido hecha a humos de paja; al contrario. La he utilizado porque creo que pone, precisamente, el foco en uno de los puntos clave para, en mi opinión, entender el fondo de la novela. Y, volviendo al comienzo de esta crítica, no quedarnos en el nivel de lectura más simple, más obvio, sino que profundicemos al qué ha querido decirnos la autora. A lo largo de la historia de la literatura, en nuestro caso la española, podemos comprobar que los momentos de máximo florecimiento de nuestras letras han estado insertos en momentos históricos de grandes crisis: nuestro Siglo de Oro, generación del 98, etc, etc. Y es que, es precisamente en esos momentos de crisis, cuando nuestros intelectuales, nuestros artistas, nuestros escritores hablan a la sociedad y su obra actúa a modo de espejo y catalizador de ese anhelo de la sociedad en crisis. Después de este exordio que tal vez, pudiese parece extemporáneo, me gustaría enlazarlo con la novela que analizamos. “Hombres desnudos” es una novela de “crisis”, un texto que habla de la crisis y esto permite a Giménez Bartlett utilizar el escalpelo y diseccionar, con una habilidad pasmosa, a toda una sociedad a través de unos personajes. Estos personajes, tan ricos en su dibujo, en su complejidad, en su profundidad psicológica y que van modelándose a lo largo de la novela, nos pondrá a nosotros mismos ante ellos como si fueran un espejo de nosotros mismos.








En primer lugar tenemos que considerar que uno de los personajes, en concreto Javier (me resisto a decir el protagonista porque en esta novela todos los personajes son muy importantes), es profesor de literatura en paro. Evidentemente para una filóloga como Alicia Giménez Bartlett debe resultar algo muy familiar. El propio Javier en la novela nos reflexiona sobre su profesión:




“A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad”.




En este párrafo que acabo de citar la autora nos da las claves interpretativas de esta novela. Y, como comentaba un poco más arriba, nos muestra que la literatura, más allá de la historia que nos cuenta, ante todo está intentando hablar de nosotros mismos (a nosotros mismos) y ser un espejo en el que nos reflejemos y que nos ayude a entendernos, a comprendernos. En “Hombres desnudos” Bartlett nos enfrenta dos posturas, muy claras y delimitadas, dos formas de ver y enfrentarse a la vida, pero llevadas a una situación límite como es la brutal crisis económica (y de valores y civilización) que aqueja nuestra sociedad. Por cierto no se sabe muy bien que fue antes si el huevo o a la gallina; quiero decir, si la crisis económica o está crisis de valores que vivimos y, además, cuál fue consecuencia de cuál. A continuación voy a transcribir un fragmento que ilustra, como veréis, con toda crudeza este particular.




“«No soporto desnudarme y que ella se quede vestida, mirándome como si fuera un animal en el zoo. Lo único que quiere es humillar al tío que tiene delante, y yo tengo mi dignidad.» Cuando me dijo eso de la dignidad me puse como una moto. ¿Es que solo él tiene dignidad, no tengo yo la mía? Pues la tengo como todo el mundo, joder. Pero si eres un currito sin un pavo tienes que cerrar los ojos y pasar por muchas cosas. Además, estamos hablando de desnudarse, solo de quedarse en pelotas. ¡Ya está bien de cogérsela con papel de fumar!, que la vida está muy chunga. Yo he tenido que hacer muchas cosas que no me apetecían un carajo: aguantar palmetazos en el culo de alguna tía guarra y borde, hacerles el beso negro a una o dos viejas de más de cincuenta años que me daban un asco que te cagas. Pero este negocio es así; todos los currelos tienen partes malas, ¿o es un placer de cojones levantarse todos los días a las seis de la mañana, coger el metro, hacer dos transbordos y plantarse en la fábrica a las ocho para pasarse todo el día encerrado como un preso en un penal? ¡Anda ya, hombre! Y luego, vivir en un puto cuchitril con cuatro euros al día”.




Entrando ya en la segunda parte de este análisis me gustaría que fijásemos la atención en algunos detalles, más técnicos, que nos ayuden a comprender y entender los resortes que utiliza la autora para dar vida y credibilidad a su novela, como se suele decir para “dotar de carne” a su relato. En primer lugar me gustaría detenerme en el uso que Bartlett hace de la figura del narrador. Como ya he comentado en otras reseñas anteriores, es muy importante dónde pone la voz narrativa el escritor, porque es, sin duda alguna, una de las variables más importantes a la hora de contar una historia. La autora, en esta novela, va a utilizar una especie de narrador “coral”. En este detalle, tan bien utilizado, se aprecia el domino narrativo que ha alcanzado Bartlett. En primer lugar podemos decir que el libro está narrado por los propios personajes, con una ausencia total de la habitual figura del narrador en tercera persona, a modo de la voz del autor. Este detalle obliga a seguir una narración cronológica, al hilo de los pensamientos, de los sentimientos de los personajes que nos van narrando en primera persona su historia y en tiempo presente. Pero claro, el gran mérito de la autora es que en todo momento, aunque se vayan entremezclando las voces narrativas, el lector siempre tiene claro de qué personaje es la voz narrativa. Y esto que parece tan sencillo es realmente difícil (hacerlo bien, obviamente). Para conseguir este efecto Bartlett va a caracterizar fraseológicamente a cada uno de los personajes, tanto por su léxico como por sus expresiones y usos idiomáticos. (Sobre este tema me encantaría poder explayarme ampliamente porque he llenado decenas de cuartillas con un análisis más exhaustivo a este respecto).




Si entramos a considerar el estilo que Bartlett utiliza, como vehículo narrativo en esta novela, podemos precisar que es un estilo actual, un estilo aparentemente simple, pero en modo alguno desaliñado. Creo que en el siguiente fragmento que transcribo la autora nos hace toda una declaración de principios, acerca de cómo debe ser el estilo en una obra literaria:




“Me paro y recapacito: hombre tosco, voluntad de orden y belleza. Estoy empezando a utilizar en mis pensamientos el vocabulario de una mala novela, una de esas que se autoeditan los desgraciados que se creen geniales: un vocabulario rimbombante, vacío”




Me imagino que muchos lectores llegados a este punto quizá estén echando de menos algo más de información acerca de qué trata la novela. Y tienen razón. He evitado hablar acerca del tema que trata fundamental porque creo que “Hombres desnudos” es una novela que hay que leer y pretendo que el lector que se acerque a ella, espero que muchos, lo haga con la mirada limpia sin ningún tipo de condicionamientos y simplemente se deje llevar por esta historia con la que Alicia Giménez Bartlett nos “vapuleará”.




Al principio de esta reseña ya avise, al eventual lector, de la existencia de algunos “pequeños detalles” que, en mi opinión, perjudicaban, de alguna manera, mi valoración, por otra parte magnífica, de la novela. Creo, con toda sinceridad, que quizá en algunos momentos puntuales, el relato se vuelve un poco repetitivo (vais a disculparme que no entre en mucho detalle para no “reventaros” la novela). Por lo demás la edición de la novela es excelente. Eso sí, tengo que destacar que me ha llamado la atención un curioso lapsus-gazapo que se desliza en la novela (En honor a la verdad si lo cito es únicamente por si, en sucesivas ediciones pudiese ser corregido). Voy a transcribir el párrafo donde aparece el lapsus.




“He llamado a mi despacho al encargado de personal y le he anunciado que David causa baja en la empresa. Su cara traslucía la lucha entre la discreción y la curiosidad. «Voluntariamente», he añadido. El hijo de puta de Javier me ha puesto en una situación difícil”.




Resulta evidente, leyendo la novela, que en donde dice Javier realmente debería decir David. En cualquier caso, y como colofón final a esta crítica literaria me gustaría resaltar y destacar el magnífico final de la novela. Mucho más no puedo decir pero en ese final, tan abrupto y tan bien escrito la autora dejará al lector sin aliento. Y, también me gustaría reclamar la atención del lector sobre el último párrafo, y la técnica que utiliza, para terminar esta magnífica novela. Como colofón final, y por último, me gustaría destacar la maestría de la autora que como los buenos magos nos sorprende con el efecto de su magia pero, gracias a su técnica, nunca descubrimos el truco.




Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todos los méritos arriba expuestos a lo largo de este análisis, creo que la puntuación más ajustada, conforme a mi modo de entender el arte literario, para juzgar la novela “Hombres desnudos”, ganadora del Premio Planeta, en su edición del año 2015, de la gran escritora almanseña Alicia Giménez Bartlett sería de un 9,00/10


© Luis Alberto Cao



(Para ilustrar la reseña os dejo el video de la entrega del Premio Planeta 2016 con el que está novela fue galardonada)




domingo, 10 de enero de 2016

El bar de las grandes esperanzas. J.R. Moehringer.




Título original: The tender bar.
Autor: J.R.Moehringer.
Traducción: Juanjo Estrella González.
Editorial: Duomo ediciones.
Colección: Nefelibata.
ISBN: 9788416261017.
Fecha de edición: Agosto 2015
Páginas: 464.
Precio: 19.80 €




“Un borracho está muerto y todos los muertos son borrachos”
(William Butler Yeats)


“La muerte entra y sale, y sale y entra la muerte de la taberna”
(Federico García Lorca)


Pues el verdadero autor de la subyugación de un pueblo no es tanto el agente
inmediato cuanto el poder que le permite disponer de los medios para impedirla”
(Tucídides. La guerra del Peloponeso)




Tengo que reconocer, antes de entrar propiamente en el análisis de esta novela, que “El bar de las grandes esperanzas” del escritor norteamericano J. R Moehringer, era un libro que, cuanto menos, suscitaba mi curiosidad. Ha sido, y lo sigue siendo hoy en día, uno de los libros más vendidos, así como más mimados por la crítica especializada. De un modo casi unánime todos los críticos se han puesto de acuerdo en aclamar esta novela como una de las grandes que se exhiben en los anaqueles de las principales librerías de todo el mundo. Bajo estas premisas comencé el trabajo de lectura y análisis desapasionado, eso sí, intentado leerla abstrayéndome, por así decirlo, de todo el ruido mediático que ha propiciado. A modo de marco general, que posteriormente iré pormenorizando y detallando a lo largo de esta crítica, tengo que admitir que me ha parecido una novela muy interesante. Eso sí, tengo que “discrepar” (tal vez el verbo más adecuado dado el respeto y admiración que tengo a muchísimos críticos y blogueros sería “disentir” cariñosamente) en lo que respecta a los elogios tan superlativos y encomiásticos que algunos críticos han vertido al respecto de “El bar de las grandes esperanzas”. Pienso que Moehringer es un autor de oficio y conocedor de los resortes de la “gramática” de la narrativa actual, sin embargo esta novela, en mi modesta opinión resulta, cuanto menos desigual, tanto en lo que respecta al ritmo narrativo, llamémosle "pulso narrativo", como en lo referente a su interés dramático que en algunos momentos de la novela decae ostensiblemente. Una grandísima pena puesto que estas lagunas, y lo digo con la mayor objetividad posible, lastran la valoración final de esta obra. Eso sí, como refería un poco más arriba, no cabe duda de que estamos ante una magnífica novela, cosa que puedo asegurar con total rotundidad, pero lo que no puedo (ni debo) hacer es considerarla como una obra maestra, fundamentalmente porque, en mi opinión, no alcanza ese nivel de excelencia máxima. Por otra parte tengo que reconocer, poniéndome en la piel de todos los lectores, que “El bar de las grandes esperanzas” es un libro cuyo máximo disfrute y goce no está al alcance de todos los lectores. Ya que es un texto literario escrito con, cuanto menos, una cierta ambición literaria con el inconveniente, a estos efectos, de manejar unos “códigos” y un metalenguaje literario que no resulta accesible a cualquier lector que percibe que hay cosas que se le escapan. Si se me permite una broma, podríamos colegir que se trata de una novela escrita por un autor de Yale para sus compañeros de la universidad de Yale.




Tengo que pedir anticipadamente disculpas a los amables lectores que siguen con tanto interés este blog literario. Disculpas porque la lectura de esta interesantísima novela, desde un punto de vista de análisis crítico, me ha dado lugar a más de 20 páginas de apuntes. Así es que antes de empezar ya sé que, por motivos de espacio, no voy a poder abordar todos los aspectos que quisiera y con la profundidad que me gustaría. En cualquier caso, del modo más sintético y pedagógico posible intentaré tocar todos los aspectos más destacados de esta novela.




Antes de empezar con el análisis más exhaustivo, como corresponde a un trabajo de crítica literaria, creo que lo más adecuado antes de adentrarnos en él sería, sobre todo con la intención de situar al eventual lector de estas líneas, pergeñar, eso sí someramente, una sinopsis argumental de los hechos que acaecen en la novela. Para este fin, creo que cumple sobradamente la recensión que hace la editorial Duomo ediciones. Por lo que, sin más, paso a transcribirla en su integridad.




“J.R. creció con su madre, pues su padre los abandonó cuando J.R. no había pronunciado su primera palabra. Él, sin embargo, sabe quién es su padre: un DJ de Nueva York que tiene un programa de radio y cuya voz J.R. escucha con la oreja pegada al aparato. Hasta que un día la voz desaparece del aire y J.R. se queda sin nadie a quien escuchar. Encontrará refugio en el amor de su madre y en el Dickens, el bar de su barrio, un sitio donde poetas, policías, apostadores, soldados, boxeadores y estrellas de cine tienen una historia que contar. Allí, entre todas esas voces que lo cautivan como en un sueño, J.R. podrá darle voz a su propio destino y podrá forjarse, también, una identidad. Conmovedor y emocionante, firmado por un premio Pulitzer, El bar de las grandes esperanzas es un libro hermoso que puede leerse como una novela de aprendizaje o como una historia apasionadamente sincera y real”.




Os tengo que reconocer que me ha costado mucho trabajo preparar la crítica de “El bar de las grandes esperanzas”, de hecho tenido que leer dos veces la novela, fundamentalmente porque, en mi opinión existe una cesura muy acentuada entre la primera parte de la novela y la segunda y después de terminar la lectura completa, la primera vez, tuve la sensación de que “algo” se me había pasado de largo.




La novela de J.R. Moehringer, como comenté un poco más arriba, es un texto con vocación de estilo, con una indudable intención de perdurar, de no ser simplemente un superventas sino que, cuando pase la “vida útil” del libro, siga manteniéndose como un obra literaria de valor artístico. Por seguir un orden metodológico en el análisis y no perdernos en los múltiplos meandros que una novela tan interesante, desde un punto de vista crítico y filológico, voy a intentar explicar porque creo que es un texto que puede resultar abstruso para un lector normal (quiero decir un buen lector aunque sin una gran base técnica).




Uno de los grandes inconvenientes para cualquier lector que quiera acercarse a este libro es que se trata de una novela muy americana tanto en el fondo como en la forma. A lo largo del texto el autor nos va a hablar de acontecimientos, sucesos y situaciones muy circunscritas a la cultura norteamericana que, a pesar de la indudable globalización del mundo, no nos permiten extraer todo el jugo al libro. Llegados a este punto tengo que felicitar a Juanjo Estrella por su magnífica traducción y sus impagables notas a pie de página que tanto nos facilitan la comprensión, así como por su virtuosismo para verter a nuestra lengua un texto tan sumamente difícil, técnicamente, por sus giros, su argot y el uso de que el autor hace para caracterizarnos el “habla” de sus personajes, fundamentalmente los parroquianos del bar.







A continuación voy a transcribir un par de fragmentos de la novela que creo nos van a ilustrar bastante algunos “conceptos” que creo imprescindibles para abordar el análisis de este libro.




“–Cada libro es un milagro –decía Bill–. Cada libro representa un momento en el que alguien se sentó en silencio (y ese silencio forma parte del milagro, no te engañes), e intentó contarnos a los demás una historia.”



“–No soporto esa pregunta –le dije–. No soporto que la gente pregunte de qué va un libro. La gente que lee buscando una trama, la gente que chupa las historias como si fueran la nata de una galleta Oreo, debería quedarse con los cómics y las telenovelas. ¿Que de qué va? Todos los libros que merecen la pena van de emociones y de amor y de muerte y de dolor. Va de palabras. Va de un hombre que se enfrenta a la vida. ¿Te vale así?”.




Si analizamos el primero de los fragmentos, sin entrar en cuestiones estilísticas, ya podemos apreciar la voluntad del autor en plantearnos una novela que habla de literatura; de hecho todo el libro nos va a ir preparando para entender, precisamente, la razón de ser de “El bar de las grandes esperanzas”. En otras palabras el autor nos hace una declaración de intenciones de que estamos ante una novela con pretensiones literarias. Por otra parte, el segundo fragmento que he seleccionado creo que es aún más esclarecedor. Si entendemos que, como es evidente, se produce una relación biunívoca entre el protagonista de la novela (y narrador) y el propio escritor; nos resulta ya claro que en estas pocas líneas el autor nos ofrece toda una inequívoca declaración de intenciones de cómo entender y enfocar la lectura de la novela.




“El bar de las grandes esperanzas” es una novela que me atrevería a denominar como “impresionista”. Un libro en el que el autor va a levantar todo su edificio narrativo apelando a las sensaciones, concibiéndolas como unidades monotemáticas que, a modo de ladrillos, siguiendo el símil arquitectónico, le van dotando de sentido. Al final de la novela, en concreto en el epílogo; el autor ,que es un hombre dotado de una gran cultura y sensibilidad, nos va a relatar el hermoso final del libro, apelando, de un modo casi sinestésico, a una de las obras maestras del impresionismo musical, el famosísimo tercer movimiento de la Suite Bergamasque “Claro de luna” de Claude Debussy. Recomiendo, para disfrutar de este efecto que acompañe la lectura del epílogo de la novela, con esta genial partitura.




 Me consta, por conversaciones mantenidas con algunos lectores, que el libro les ha resultado en algunos momentos difícil de entender. Pienso que, como explica el autor en el fragmento anteriormente reseñado, debemos profundizar más en las sensaciones que es capaz de sugerirnos a lo largo del texto que en la, por así decirlo, faceta discursiva de la novela. Hecha esta imprescindible puntualización para, en mi opinión, entender y valorar la novela, tengo que reconocer, como decía al principio de este análisis, que, por desgracia, el autor no consigue una novela redonda. Según mi criterio, la segunda parte del libro es incomparablemente mejor que la primera y no sólo porque pueda resulta más o menos atractivo lo que narra (ya que el crítico tiene que intentar sobreponerse a esa tentación e intentar mirar más allá de lo que cuenta y recalar en el cómo lo cuenta). Es una pena no poder explayarme todo lo que quisiera en su análisis, pero, como siempre suelo comentar, excedería con mucho los límites que lo razonable fija para una reseña literaria como ésta.




Desde un punto de vista formal, debemos detenernos en algunas consideraciones. En lo que se refiere a su organización discursiva está estructurada en un prólogo, dos grandes partes, distribuidas en 44 capítulos, y un epílogo. Los capítulos, como es lógico dentro de esta estructura de novela “impresionista”, nos van a señalar, a modo de retazos, “destellos” que van a irnos jalonando a base de “sensaciones” el devenir narrativo de la novela. Estos capítulos no siguen, con la rigidez de la novela “clásica”, los presupuestos de una linealidad argumental e incluso temporal. De este modo Moehringer consigue difuminar en la percepción del lector esa coherencia narrativa, dando una sensación difusa, de “ingravidez”, tan sumamente adecuada para introducirnos en ese mundo, casi onírico, que es el mundo de los recuerdos. Con mucha habilidad y conocimiento del oficio por parte del autor traza una delgada línea entre la fantasía y la realidad, en la que nunca sabremos cuánto hay de fabulación y de realidad, cuánto pertenece estrictamente a sus recuerdos o a su fantasía… o tal vez a ambas.




Moehringer, ha optado por utilizar un lenguaje sencillo y un estilo muy contenido para contarnos esta historia. Creo, firmemente, que el autor ha utilizado unos medios tan exiguos, desde un punto de vista lingüístico, con el afán expresivo de realzar, de dar veracidad a los personajes. En mi cuaderno de apuntes, compañero fiel siempre que escribo una crítica, he anotado multitud de usos de lenguaje y cómo cada uno de estos, con un detalle digno de ser analizado con detenimiento, sirve para caracterizar, desde un punto de vista fraseológico, a cada personaje. De manera que, prestando un poco de atención, con solo ver cómo habla cada cual casi podríamos identificarlo. El uso de los recursos literarios y estilísticos habituales es tremendamente reducido en la novela. Prácticamente Moehringer no hará uso de ellos, de un modo coherente y lógico, dado su modo de entender y narrar esta historia. Como ejemplo citaré, a modo de ilustración, uno de los pocos casos que aparecen en el libro. Se trata de la siguiente sinestesia (la destaco en negrita)




“La alfombra era marrón caca; el «dormitorio» estaba justo encima de la cocina de Louie el Griego. El olor a chuletas de cerdo, a piernas de cordero, a gyros, a tortillas, a patatas fritas con queso, a pastel de chocolate y a Pepsi penetraba como vapor a través del suelo. Poli Bob comentó que olía tanto que hasta se oía el olor”.




A modo de resumen final, y para no alargarme mucho más, sí me gustaría consignar algunas consideraciones. Moehringer ha sido un autor valiente a la hora de enfocar este texto, arrostrando el riesgo de que no fuese especialmente entendida por el gran público. Como comentaba al principio no me puedo mostrar tan entusiasta en su valoración como otros grandísimos críticos, que merecen todo mi respeto por su grandísima valía; pero en mi opinión, y en esto sí que soy intransigente por respeto a todos los lectores de este blog y a mí mismo como crítico, siempre he intentando ser objetivo y fiel a mi conciencia y no dejar arrastrar por la opinión mayoritaria, por muy reputada y docta que pueda ser. Para mí sería mucho más fácil decir que esta novela es “magistral” o que es “una obra maestra” pero creo que, aún siendo una novela muy interesante y de francamente un magnífica factura literaria, no es todo lo redonda y “rematada” que debería para llegar a alcanzar esos epítetos tan elogiosos. Si tuviera que definirla con unas pocas palabras creo que “El bar de las grandes esperanzas” es una novela valiente y, como más interesante para mí, diferente a la narrativa de sota, caballo y rey que se venden (y que en muchos casos no se llega a leer) en la actualidad. Ya, por último, me gustaría añadir que a pesar del título de evidentes resonancia Dickensianas, creo que, sobre todo en la primera parte, esta novela es  muchísimo más deudora del Premio Nobel Ruyard Kipling (de hecho se cita en la novela su obra “El libro de la Selva”) que del propio Dickens. Especialmente en todo ese tratamiento de la infancia y primera juventud del protagonista y en ese interés que subyace en el camino, en el paso de la maduración del personaje desde su infancia a la edad adulta.




Dicho todo lo cual y después de haber valorado lo más objetivamente todo lo arriba consignado e intentando ser lo más fiel a mi conciencia y a mi modo de entender el arte literario, creo que la puntuación que más justicia haría a la novela “El bar de las grandes esperanzas” del escritor norteamericano J.R. Moehringer sería de un 8,50/10.


© Luis Alberto Cao


(A modo de ilustración a esta reseña, os dejo una interpretación del tercer movimiento de la Suite Bergamasque de Claude Debussy “Claro de Luna” que el autor cita en el epílogo de la novela)



martes, 5 de enero de 2016

NUEVA ETAPA DE "LAS BIZARRÍAS DE BELISA"




Esta entrada que publico hoy en el este blog, precisamente en la mágica noche de Reyes, que además es la  víspera de la entrega de uno de los galardones literarios más veteranos y prestigiosos que se entregan el Premio Nadal, es muy especial para mí. Después de un larguísimo período de tiempo, en el que no he podido compartir con vosotros, sobre todo por motivos laborales que no me han permitido dedicar todo el tiempo necesario que esta labor requiere, es un motivo de gran alegría para  mí poderos comunicar que este blog literario “Las bizarrías de Belisa” inaugura una nueva época.

Una nueva época en la que volveré a poner toda mi ilusión y todo mi esfuerzo en compartir con todos vosotros esta pasión, esta hermosa pasión, que no es otra que la literatura. Tendría que dedicar decenas de páginas para agradecer a todos y cada uno de vosotros el interés que habéis mostrado hacía mí durante este largo tiempo de silencio “forzado”. Tengo que reconocer que he recibido decenas de correos en los que mostrabais tanto cariño que, sinceramente, conseguíais emocionarme. He recibido también correos de algunos autores interesándose por mí, especialmente por mi estado de salud. Afortunadamente mi ausencia no ha sido por motivos de salud sino por motivos de trabajo que, en estos tiempos de crisis, es siempre una magnífica noticia.

Durante todo este tiempo, como es obvio no he dejado de leer, no como crítico literario, sino como un simple aficionado a la literatura. Y tengo que confesaros que he leído algunos libros muy interesantes que me hacen seguir creyendo que, entre tantos libros mediocres y “clonados” que se publican, siempre hay voces de autores que nunca decepcionan. Y, por otra parte, también he leído a algunos autores noveles que han escrito novelas más que notables.

Tengo, también, que pedir perdón a tantos autores noveles que me han escrito y me siguen escribiendo pidiendo que lea sus obras. “Las bizarrías de Belisa” desde que inició esta aventura dedicada a la crítica literaria siempre ha sido especialmente sensible y receptiva a los nuevos autores. Siempre he creído, firmemente, que muchos grandes talentos se pierden porque no han conseguido darse a conocer. Y eso es algo que siempre me ha torturado, pensando en todo ese talento que se pierde, que se desperdicia, de un modo tan “alegre y despreocupado” como irresponsable, sin poder darles la oportunidad de que su trabajo vea la luz.

Espero, en esta nueva etapa, poder dedicar más tiempo a esos autores de talento que merecen la pena darles a conocer. Estoy especialmente satisfecho por los dos autores a los que presté toda mi confianza apostando por ellos en mi blog literario dedicado a los autores noveles “Las bizarrías de Belisa: Autores noveles” (pinchar el título para acceder al blog). Estos dos magníficos autores son: Victoria Álvarez, que ya ha publicado dos novelas con la editorial Lumen: “Tu nombre después de la lluvia” y “Contra la fuerza del viento”; y, por otra parte, el escritor madrileño Julio Castedo, que ha publicado con Planeta la novela: “Redención”.

Mantener un blog literario como este, como podréis imaginar, es un trabajo muy duro y que requiere muchísimas horas de trabajo esfuerzo y dedicación. Un amable seguidor del blog me escribió, hace ya algunos meses, diciéndome lo mucho que echaba de menos las reseñas que publicaba en este blog. Ya le comenté que para mí cada crítica que escribo representa mucho trabajo fundamentalmente por respeto. Por respecto a vosotros, mis queridos lectores, y a los autores. Y precisamente por ese respeto y por la profesionalidad que creo debe conllevar el ejercicio, con honestidad, de la crítica literaria. Por ese motivo, por no poder dedicar todo el tiempo y el esfuerzo necesario que vosotros merecéis he estado todo este tiempo sin asomarme a estas páginas.

Creo que no debo alargarme ya mucho más en esta “rentrée” en la que espero y confío, seguir contando con

vuestro apoyo y vuestro cariño. Que, al fin y a la postre, es la mayor recompensa que cualquier persona puede recibir. Gracias a todos por estar siempre ahí. FELIZ AÑO NUEVO 2016 y que en esta noche mágica sus Majestades os concedan todos vuestros deseos.

Luis Alberto Cao.


(Para ilustrar esta entrada os dejo las portadas de las últimas novelas de los autores que reseñé en la sección de Autores Noveles de este blog)